martes, 20 de octubre de 2009

LECTURA POÉTICA DE FBA

Invito al acto de inauguración del XVII Festival de Literatura de Córdoba y del Caribe que se llevará a cabo el viernes 30 de octubre de 2009 a las 4 p.m. en el Área Cultural del Banco de la República, en Montería-Córdoba, en el cual estaré leyendo poemas de mi autoría incluidos en el poemario "Cantando a Destiempo". Para aquéllos que, por obvias razones, no puedan asistir, sirva lo presente para que se informen un poco del movimiento cultural que se vive en las queridas tierras del Caribe colombiano, desde el mismísimo ombligo de la sinuanidad.

PROGRAMACIÓN XVII FESTIVAL DE LITERATURA DE CÓRDOBA Y DEL CARIBE Montería, octubre 30 y 31 y noviembre 1 de 2009
HOMENAJE A BENJAMÍN PUCHE VILLADIEGO (Investigador sinuano, creador de la fórmula matemática de la trenza del sombrero vueltiao)
ORGANIZA: EL TÚNEL, DE MONTERÍA

VIERNES 30 DE OCTUBRE: INSTITUCIÓN EDUCATIVA SANTA ROSA DE LIMA: 10:00 a.m.

- EDUARDO MENDOZA PORTACIO: Cuentos de Manuel del Cristo y Cantos de vaquería.
- DAVID PÉREZ DAU: Cuentos de Juan, Pedro y Manuelito y Por qué el amor es ciego.
- MARCÍA ZUMAQUÉ: Poemas de José Luis Garcés González.
- CARMEN AMELIA PINTO: Cien años de soledad (fragmentos de memoria).
- ENÁN JIMÉNEZ: Poema Los amorosos, de Jaime Sabines.
- JUAN SANTANA VEGA: Conferencia Los cometierra.

VIERNES 30 DE OCTUBRE: INAUGURACION DEL FESTIVAL DE LITERATURA ÁREA CULTURAL DEL BANCO DE LA REPÚBLICA: 4:00 p.m.

- FRANCISCO BURGOS ARANGO: Lectura poética.
- LUIS MAJÍN RÓDRÍGUEZ PASTRANA: Interpretación del poema El barco ebrio, de A. Rimbaud.
- JOSÉ ARTURO EALO: Aquella Montería hedonista y nocturna.
- ÁLVARO BUSTOS GONZÁLEZ: Cuento: Amigos con derecho a todo.
- LEÓN SIERRA URIBE: Malos consejos a jóvenes escritores.
- Música: Estudiantina Universidad de Córdoba.

SÁBADO 31 DE OCTUBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO 8:30 a.m.

- Conversación entre los escritores Guillermo Tedio, Raymundo Gomezcásseres y Alberto Hernández: Los libros que han impactado mi vida.
- Presentación del libro Conciencia y utopía del hombre americano, de Eduardo Pastrana Rodríguez.
- Conferencia del economista Aarón Espinosa: Desarrollo y cultura, una relación indispensable.
- Exposición del proyecto pedagógico Un encuentro con el cuento, por Armando Vergara, profesor de Sahagún.
- Música: Estudiantina Universidad de Córdoba.

SÁBADO 31 DE OCTUBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO: 3:00 p.m.

- Presentación del libro Mochuelos cantores de los montes de María la Alta. Volumen III. Andrés Landero, el clarín de la montaña, de Numas Armando Gil Olivera.
- Diálogo literario con el escritor Roberto Burgos Cantor: Mi experiencia como narrador y lector. - Conferencia de Luz Marina Tigreros: Comunicación y derechos humanos
- Charla de Eduardo Márceles Daconte: Cómo hice el libro de Celia Cruz.
- Presentación del libro Pablito Flórez, de Carlos Marín.

SÁBADO 31 DE OCTUBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO: 7:00 p.m.

- Lectura poética: Miguel Iriarte, Roberto Núñez Pérez y Luis Roberto Mercado.
- Presentación de los poemarios:
* Las secretas torturas del azar, de José Manuel Vergara, a cargo de Guillermo Tedio.
* Tratado de soledad, de José Ramón Mercado.
* El ritmo de los girasoles, de Ricardo Vergara Chávez. Presentación a cargo de Ignacio Verbel.
* Poemas malditos. Versos irreverentes y sin pelos en la lengua, de Félix Manzur Jattin.

DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO: 8:30 a.m.

- Presentación del cuentario El milagro de María, de Néstor Solera.
- Conferencia del investigador musical Julio Oñate Martínez: El vallenato en el Sinú.
- Homenaje a Benjamín Puche Villadiego, a cargo de José Luis Garcés González. Palabras del homenajeado.
- Música: Grupo de Gaitas del Centro Cultural Raúl Gómez Jattin, de Cereté.
- Conferencia de Numas Gil: La lámpara de Diógenes: otra mirada a los cínicos.

DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE: AUDITORIO CÁMARA DE COMERCIO: 3:00 p.m.

- Presentación del libro La Guajira en la obra de García Márquez, de Víctor Bravo M.
- Presentación del libro Para qué recordar, de Roberto Montes Mathieu, a cargo de Miriam Castillo.
- Conferencia: Cine y literatura, por Frank Patiño, de Mincultura.
- Cuadro Teatral, estudiantes U. de Córdoba: El Quijote a lo costeño.
- Presentación del libro Para morir después, de William Arroyo.

FBA

domingo, 11 de octubre de 2009


A LA CAZA D’ POESÍA:

Es la noche del sábado 26 de septiembre de 2009 y en Barranquilla-Colombia, uno de los organizadores del II Festival Internacional de Poesía del Caribe, “Poemarío”, el poeta, narrador oral, director de teatro, actor, titiritero, escritor, periodista, viajero y náufrago y etcétera y Aníbal Tobón Bermúdez, se apertrecha en su Caza d’ Poesía para -contrariando el complot de la ley seca vigente con ocasión de las consultas partidistas- honrar poderosamente el uso y abuso de la palabra. Huele a bohemia por todos lados. Es, por fin, su turno. Hora entonces de escucharlo:


“cuando yo digo cielo”
en realidad he querido decir ave nube
pero también infierno y avión
porque cuando digo cielo
digo también volantín y arcoíris

si digo vida léase dificultad
si digo muerte es error
si amor fecundidad feliz
y cuando yo diga mar
usted escuche rumor de olas y pez
y barca y amanecer amado y faro e isla
porque las palabras no son
sólo eso que nombran

si escribo obrero siéntase
sudor explotado
si escribo hijo es extensión
si llanto es amargo húmedo y cercano
porque cuando escribo desierto
usted debe sentir calor
y lea turbante camello y escorpión
y si alguna vez escribí barranquilla
escúchese fiesta y sol y torpedos y ron
y no terminen de leer

pero si pronuncio amor
suspiren conmigo y roben manzanas
y escuchen quejidos y besos y gritos felices
y si grito libertad escuchad disparos
y pueblos y oíd voces amigas y canas al aire
porque las palabras no son sólo eso que nombran

si anoté campesino alguna vez
quise decir parcela persecución patrón y vacaloca
si musito ternura
quiero decir caricia y mirada
perfumada
si pensé en la noche
ustedes imaginen gatos negros
porque cuando yo escribo caribe
en realidad quise decir magia
y cuando nombro al ladrón
dije la víctima
y si nombré al asesino miré hacia el cadáver

si alguna vez
si alguna vez vocalicé la palabra besos
es lo mismo que labios temblorosos
si otra vez dije luna quizás no dije
menguante
pero sí marea matutina y noche
tranquila
si escribo pescador quise decir pescado
pero también canoa gaviota y atarraya
porque cuando yo digo luz nombro a la sombra
cuando pienso en el pan
pienso también en el pobre en el trigo
en la campesina en la anuc en el cric y en el crac
porque cuando pienso en ti pienso en nosotros

si pronuncio lucha
es arma y detonación pero también
discurso
y si ahora grito
silencio
ustedes no me hagan caso y protesten
porque las palabras no son sólo eso que dicen
porque cuando yo a veces
he dicho aníbal
en realidad no he querido decir nada


Hasta aquí el poema. El poeta arranca de inmediato la página 53 de su “ocios del oficio” donde duerme ese amadísimo poema que ahora, roto en pedazos, cae sobre los asistentes para que no quepa la menor duda de que las palabras son más, mucho más de lo que nombran. En Aníbal Tobón es imposible separar al poeta de su poesía. Se parecen irremediablemente. Se sienten las olas de su privilegiado sitio frente al mar de Salgar, pueblo de pescadores adonde la nostalgia lo trajo finalmente de vuelta luego de veinte años de periplo vital por varios continentes. Comparten, sin proponérselo, una manera de calzar y de vestir; el mismo espíritu andante y expresivo; el humor fino; la denuncia quijotesca (o quejotesca); las caribeñas, musicales y sencillas (o zen cillas) ganas de vivir; la importancia eterna de un juguete; el miedo que desaparece cuando se tiene adentro. Y hay algo todavía más alarmante: el poema sin la voz del poeta corre el riesgo de extraviarse. De ahí que piense en la imperiosidad de comprender la poesía no como objeto de entretenimiento, no como elaborada y despersonalizada experiencia intelectual. La poesía es también materia del poema, y el hombre que la escribe no puede, en todo caso, hacerse a un lado. Su inseparable cerveza los amarra.

Pero ojo: no se trata de asumir estilo y ademanes de poeta para parecerse a la poesía. Cuando ello ocurre, el deseo de fama y la deliberada locura construyen el pandemonio de falsedad que acaba corrompiéndola. Creo, por mi parte, que la cosa funciona mejor al revés: es la poesía la que, cuando se parece a su creador, le da a éste gran vigor, recibiendo, a cambio, contundencia. No olvidemos, pues, que las palabras no son sólo eso que dicen, que el poema cumple también un destino que traspasa la prisión de lo escrito, y, principalmente, que cuando yo digo Aníbal en realidad he querido, sin saber, decirlo todo.

FBA

domingo, 4 de octubre de 2009

UN POEMA DE EDUARDO GARCÍA (poeta de origen brasileño, de padres españoles, radicado desde niño en España; para los interesados en conocer su obra: www.eduardogarcia.eu/):


AL FONDO DE LA ESCENA

He cruzado el umbral. Estoy en casa.
Después del frío, el viento y los veranos
he venido. Saludo a los objetos
con un suspiro grave y respetuoso.
La sala decorada con flores que parecen
desplomarse carnívoras sobre los comensales.
He ocupado mi silla. Alguien comenta
el precio escaso de la vida humana
en un país remoto y las noticias
dejan caer promesas de un futuro
que merezca la pena. La mujer
me sirve una sonrisa.
El hombre habla con ella como quien acaricia
un sueño que se hiciera cotidiano.
Bajo el mantel los niños se pelean.
La sal. El pan. La mesa como siempre:
cada cual en su sitio, absorto en la tarea
de ser el personaje que la trama
dispone.
Así, ya ves, somos felices.
Ignoramos que un día la ausencia de la madre,
esa silla vacía, inconcebible,
hará que el niño aquél —al fondo de la escena—

escriba estas palabras.


FBA

domingo, 20 de septiembre de 2009

LISTO PA' LA FOTO:

Así se llamará el disco de Diomedes Díaz y Álvaro López. No "El Bachiller" como se había informado y se anunció en la anterior entrada de este blog. La otra modificación es que saldrá al mercado el 30 de septiembre de 2009 y no el 24 del mismo mes y año. Las razones de este nuevo cambio me parecen acertadas: en cuanto a la fecha, por la proximidad de las consultas partidistas (septiembre 27/09); y sobre el nombre, creo que está bien pensado. A mí, por lo menos, no me sonaba el homenaje a Rafael Escalona por varias razones que evito, ahora, comentar. Esperemos, pues, que salga por fin este trabajo musical que, sin caer en el fanatismo exagerado, servirá para oxigenar un poco el plañidero y ridículo mercado vallenato. Yo, de entrada, aplaudo al Cacique por una sola cosa: al fin un cd donde no aparecen canciones de Omar Geles, Fabián Corrales, Wilfran Castillo, Iván Calderón y Tico Mercado. Sin comentarios.

FBA

miércoles, 16 de septiembre de 2009

“CANTANDO A DESTIEMPO”:

Bueno, por fin hoy, 16 de septiembre de 2009, dos años después de empezado, culmino el poemario titulado “Cantando a Destiempo”. Algunos de sus poemas (pocos, por razones obvias) han sido publicados en este blog, especialmente los que guardan relación con uno de sus objetivos: la música vallenata.

Me dispongo entonces a retomar este aspecto importante del blog, aventurándome en los próximos días a comentar el último compacto del prolífico Omar Geles, al lado nuevamente de Alex Manga, cuyo título surge de una de las siete (7) canciones de su autoría incluidas en este disco: PRUEBA SUPERADA.

Para el 24 de septiembre de 2009 se anuncia la salida al mercado de EL BACHILLER, el tan aplazado, esperado, añorado y sufrido trabajo discográfico de Diomedes Díaz y Alvarito López. Por lo pronto, un adelanto de los temas LISTO PA’ LA FOTO (de Aurelio Núñez) y PARA HACERTE FELIZ (de Jorge Valbuena), en la voz de sus propios compositores, deja un buen sabor vallenato, a la espera de que el resto de canciones aporten también lo suyo, tratándose de autores de gran talla como Gustavo Gutiérrez, Edilberto daza, Romualdo Brito, Calixto Ochoa y Marciano Martínez, entre otros. Se espera que este trabajo musical supere las preocupaciones dejadas por EL ESPEJO, tema con el que Diomedes quiso sorprender a su fanaticada en CELEBREMOS JUNTOS pero que solo sirvió para mostrar cómo se sacrifica una buena melodía al servicio de una letra desastrosa, impropia de un creador excepcional como El Cacique, quien nos tiene acostumbrados a canciones con sentido, bien rimadas e impregnadas de un hálito distinto y especial.

“CANTANDO A DESTIEMPO” queda, pues, a la espera de poder salir a la luz, superando los diversos obstáculos presentes siempre en estos menesteres del arte, sobre todo de carácter económico. Anochecerá y leeremos… Algunos de sus poemas serán objeto de lectura en el marco del II FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESIA DEL CARIBE, denominado “POEMARÍO”, a escenificarse en Barranquilla (Colombia) del 23 al 27 de septiembre de 2009. Mi participación será el 24 de septiembre en la Universidad del Atlántico (Sede Norte) a las 3 p.m., y el 25 de septiembre en el Parque Cultural del Caribe a las 7 p.m. La programación de este evento se puede consultar en:
http://www.poemariobarranquilla.blogspot.com.

Valga recordar finalmente que se cumplen hoy tres años del fallecimiento de EL DECIMERO MAYOR, Alejandro Martelo Escobar, de quien sus amigos y admiradores seguimos escuchando la bella poesía con la que testificó, para la posteridad, su auténtico y descomunal paso por el mundo.

Cordial saludo,
FBA

lunes, 31 de agosto de 2009


UN MES DESPUÉS

Todo intenta volver a la normalidad, pero hay algo latente, una sustancia, alguna inconformidad que se resiste a hacerlo. La memoria trabaja como un reloj de precisión, el recuerdo se suma para hacer más agónicos los días, y las noches se cierran como diciéndonos olvidar está prohibido, hay flores todavía que arrancar, no es tiempo aún de partir hacia la nada.

He caminado esta casa queriendo encontrar preguntas menos inservibles, y me he visto de repente revisando las puertas como cuando era niño, colocando cerrojos, despertando candados. Subo y bajo las escaleras una y otra vez, y sigue ahí, idéntica, en su sitio, la lámpara de lágrimas de la infancia, la que inspiró una vez alguno de mis cuentos, el del ruido que juzgué, al igual que Ramírez, necesario para despertar a la vida, para no dormirnos en la cotidianidad del tiempo. Solo que ahora mis silencios demandan otras realidades. Ya no rompen la noche como antes, la hamaca de la nostalgia permanece velando hasta las primeras luces del amanecer.

Objetos, muebles, libros y pinturas, todo ha sobrevivido a los dolores familiares. Ignoro cuándo volverá la música; luego del llanto y de la tempestad social, la niebla empieza a disiparse, la nitidez de lo perdido avizora inclemente, la tristeza va tomando otra forma a medida que la vida aparece. Este joven que sigo siendo vuelve al patio de la casa para caminar bajo el mango frondoso, donde iguanas y zorras se disputan el cielo. Ya no se escucha la voz principal, aunque hay voces que se prenden de la brisa tratando de imitarla, un silbido cercano reclama mi deber. Yo me apresuro a abrir el garaje para recibir el abrazo del ausente.

Debo sobrevivir a esta casa si aspiro a detenerme, me digo mientras escucho al pájaro cantando lo contrario. Los perros son más listos, saben lo que ha cambiado pero ladran igual al timbre de la muerte. Voy y vengo de cuarto en cuarto pulsando las guitarras, vaciando las carencias, palpando los destiempos. Una a una vuelvo a vivir las tardes en el barrio, las sierpes que habitaban solares inasibles, los goles de medianoche cuando llegaba el contrabando. Pronto llegará la hora de marcharme, y un puñal sin punta perfora mi intestino, un dolor sin sangre, la mano borrosa de una madre limpiando para siempre al muchachito, el color de la vida pintando la soledad que me da aliento. Son tantos los rincones que recuerdo que es imposible vivir sin lastimarlos.

Un mes después vuelvo a mi vida, y a la futilidad de mis funciones. Pero la vida, no acaba de pasar.

FBA – DERECHOS RESERVADOS

miércoles, 19 de agosto de 2009

SOBRE LA MUERTE

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince nos lanza, desde el ensayo y la literatura, esa “tabla de salvación” tan necesaria en todo momento (dulce o amargo) de la vida. Frente a la muerte, pero sobre todo frente a la muerte espantosamente violenta que azota desde antaño a Colombia examina este tema tan vital en la ficción y en la poesía pero tan definitivo y cruel cuando nos golpea de verdad. Transcribo a continuación algunos apartes (solo algunos, con el fin de no usurpar ni violar los derechos reservados de la editorial) de su ensayo escrito en 2004 y titulado “Si llego a saber, ¿qué haré?”, que publicara posteriormente en su libro “Las formas de la pereza” (Bogotá: Aguilar, 2007, p. 105-111):

“La muerte es lo más abominable para quienes amamos la experiencia de estar vivos. Elias Canetti declaró una y otra vez su odio, su rechazo, su desprecio radical por la muerte…

Hay muertes muy duras, pero aceptables. Es más, hay algunos homicidios que estamos dispuestos a entender, a aconsejar, a permitir. La gente tiene derecho, por ejemplo, a matarse a sí misma. El suicidio es el homicidio que menos rechazo merece, pues el mundo y la vida no son percibidos de igual manera por cada persona en todo momento…, hay circunstancias en las que la vida se vuelve un peso peor que la muerte, y elegimos la muerte.

Existen otras muertes que aceptamos sin alegría, pero con resignación: la muerte de quien se apaga al cabo de una larga vida vivida intensamente. Es una píldora amarga, pero endulzada por el tiempo, que pasa por la garganta sin hacer daño: la muerte por vejez, en una cama, sin excesivos sufrimientos terminales. Es la menos triste de las muertes y es, probablemente, la que casi todos desearíamos, si pudiéramos escoger: morirnos de viejos con la cabeza lúcida hasta el último sueño.

Hay muertes trágicas que caen en el terreno de lo intolerable, pero que producen una desesperación metafísica, no dirigida contra nadie, sino, si mucho, contra las alturas: la enfermedad mortal de un adolescente, el accidente fatal de un niño que se cae del balcón o es arrollado por un carro, el infarto o el cáncer en la cumbre de la producción intelectual o física de una persona madura, las catástrofes naturales y las epidemias…

Y finalmente hay muertes para las que no hay resignación posible, sino un hondo movimiento de rebeldía, una sed de revancha, de venganza o al menos de castigo y de justicia. Y son esas muertes derivadas de lo que llamamos violencia: cuando la agresión y la muerte provienen de nuestros semejantes, cuando el peor dolor es ocasionado deliberadamente por otro ser humano…”.

Dejemos textualmente hasta aquí al escritor medellinense. Recuerdo ahora los duros años del inicio de mi vida laboral en Montería, cuando a Inspectores y Jueces Permanentes nos tocaba la indeseable tarea de practicar las diligencias de levantamiento de cadáveres. No existía por aquel entonces Cuerpo Técnico de Policía Judicial alguno ni Fiscalía, y la ciudad no se caracterizaba propiamente por la apacibilidad y la tolerancia. La muerte por violencia, la muerte trágica y el suicidio hacían su agosto, y eran el pan nuestro de cada día durante turnos nocturnos que parecían eternos. Luego de “levantar” poco más de ochenta muertos de todos los pelambres en un período de dos años, la familiaridad con que terminé haciendo diligentemente mi labor es algo que hoy -lo confieso- me estremece, por no decir que me resulta espeluznante.

Pero creo haber entendido en ese tiempo la razón de mi calma. La idea de la muerte me empezó a martillar desde muy pequeño y siempre, que recuerde, he tenido esa extraña, especial o diferente mirada de la vida que lee preferiblemente en su reverso la mejor condición de la existencia. Así pues, verla oficialmente tan cerca me proporcionaba una excelente manera de dejar de sufrirla y de vivirla. Era, por así decirlo, la dosis de insensibilidad que mi alma desaforada, urgentemente requería.

Hoy la veo resurgir con absoluta firmeza en mi poesía, luego de finiquitar aquel trabajo horrendo y de ocupar los años subsiguientes en estériles avatares universitarios y políticos. Desaparecida toda acción, traspasada toda práctica, la música ha servido también para olvidarla. Pero con el paso de los años y experimentando ya una cercanía distinta, he retornado indefectiblemente a la senda de mi sino, la he visto de nuevo posicionarse en mis palabras, y es como si en todo ese tiempo solamente logré aplazar el imperio de aquella inolvidable compañera de infancia. La muerte ocupa de nuevo su sitial en mi vida. Y la vida lo sabe, mi vida se pregunta y se responde otra vez en función de su único seguro desenlace.

Me temo, en todo caso, que la muerte que el escritor antioqueño Héctor Abad describe como la menos triste y propia de la resignación, no sea así en realidad, sino, incluso, todo lo contrario. En cuestión al menos de tristezas, habría que considerar más elementos de juicio. Germán Espinosa, por ejemplo, advierte cómo, después de cierta edad, la muerte de un familiar o de otra persona golpea menos y en los entierros, sea cual fuere el hecho terminal, los jóvenes lucen más tocados y descompuestos. El mismo Sábato, quien a sus casi cien años de edad continúa invitando a sus lectores a que lo ayuden a morir, nos muestra en Abaddón a ciertos adolescentes como “los seres que más sufren en este mundo implacable”.

Entonces, me temo, como dije, que en materia de muertes y de tristezas el asunto no resulte tan esquemático ni la violencia que, sin duda, hemos sufrido de una u otra forma los colombianos actores y no actores del conflicto, sea la portadora de la mayor aflicción. No resignación, rebeldía, venganza… claro que sí, y la ficción, como dice el escritor que motiva estas líneas umbrosas de una prosa que algunos apreciarán vacía de esperanzas pero que palpo llena paradójicamente de vida, debe poner “un ladrillo para salvar algunos instantes de estas duras vidas y para arrancarle al amargo zumo de la existencia algunas gotas dulces, muy escasas, de felicidad”. Por supuesto que la muerte en Colombia, bien sea estatalizada, paraestatalizada o contraestatalizada, ha hecho decrecer la cifra que marca la expectativa de vida normal de un colombiano, pero la muerte sabe muy bien que la ceremonia de su poder no se agota allí.

Habría que examinar, por tanto, un aspecto igualmente angustioso: quizá la muerte natural, la extinción de “una larga vida vivida intensamente” nos recuerde de peor manera la trágica dimensión del hombre y de su mundo, la terrible comprensión de un destino que se cumple tarde o temprano y contra el cual no hay nada que podamos hacer. Ni siquiera el suicidio se mostraría en tal caso afortunado. La muerte por violencia, por su parte, ha impregnado de tal modo nuestra vida cotidiana que nos hemos acostumbrado oprobiosamente a sus embates. La otra muerte, la de siempre contiene, en cambio, la certeza de que nunca, por más tragedias y actos delictivos que evitemos, estaremos a salvo de su gloriosa firma.

Tiene sí razón Héctor Abad en lo de la píldora endulzada por el tiempo. Seis años después de la muerte de mi padre (por causa natural; no como la de su padre que fue por causa criminal, lo que me lleva a pensar que solo hasta concluir y publicar “El olvido que seremos” pudo empezar a degustar tan escabrosa dulzura) empezaba yo un poema con el siguiente verso: “Qué tendrán la Vida y el Tiempo que alejan todo dolor y construyen el frío recuerdo en el corazón humano”. La tarea de la ficción frente a la muerte que tiene por causa la violencia sigue viva en un país donde el compromiso del escritor debe operar en forma contundente. Sin embargo, la muerte será siempre la muerte donde quiera que guinde el toldo y organice festivamente sus rituales. Mi vida sí que lo sabe y es precisamente por la vida, entre virtudes y defectos, con satisfacciones y contrariedades, que sigo enfermo de ensoñación y canto.

FBA – DERECHOS RESERVADOS

martes, 4 de agosto de 2009

PALABRAS ANTE EL FÉRETRO DE MI MADRE:

El 1° de agosto de 2009, antes de amanecer y en medio de una lluvia torrencial, falleció en la ciudad de Montería (Córdoba-Colombia) mi madre, María Amparo Arango de Burgos. Sin sobreponerme todavía al dolor que su ausencia me produce, transcribo en mi rincón las palabras que, en nombre de la familia, pronuncié durante la ceremonia de su entierro. Lo hago solo por afincarme en la esperanza de recibir un día de éstos alguna señal de su presencia protectora dándome las fuerzas necesarias para seguir viviendo. A todas las personas que se han acercado para manifestarnos de una u otra forma su condolencia, gracias eternas. He aquí mis palabras:

“En nombre de mi familia quiero agradecerles a todas y a todos por estar aquí para decirle adiós a María Amparo Arango de Burgos. A ‘La Cachaca’ de Enán Burgos Perdomo. A ‘La Tía Payo’. A ‘Ampa’.

Madre mía. Madre nuestra. Hoy tal vez no escriba la mejor página literaria de mi vida ni quiero hacerlo. Prefiero escribirte pocas y sencillas palabras que rindan un merecido homenaje a tu memoria. Cómo agradecerte tantos años de vida y de servicio en una tierra que no era la tuya pero que te acogió con afecto; cómo olvidar aquellos años de trabajo y lucha constantes sufriendo como propias sus penalidades; cómo pagarte los días y las noches, las eternas noches donde solo escuchar tu voz nos alentaba; cómo aproximarme a tu infinita bondad, pródiga en atenciones y regalos. No hay tampoco palabras, madre, que puedan reemplazar la caricia de mis lágrimas.

Estamos todos aquí: tus hijos, tus nietos, tus amigas, tus amigos, muchos familiares y mucha más gente que te quiere. Falta Cristo Enán pero siento que es él, a través mío, quien pronuncia ahora estas palabras. Está presente con sus locuras y las mías para decirte lo mucho que nos vas a hacer falta. ¡Todos nos vamos algún día pero nadie como tú para honrar la vida!

Aún te debemos las prestaciones que nos reclamaste hace algún tiempo. Tu casa llora profundamente tu partida y el turpial que alivió tus dolores con su canto, hoy no ha cantado como de costumbre pero volverá a hacerlo. Te lo prometo. Como te prometo también que voy a convertir mi dolor en alegría. Alegría de haber sido y ser tu hijo menor. Alegría de saberte paisa y con un enorme corazón sinuano. Alegría de oírte de nuevo conversar largo y tendido. Alegría de recordar tus consejos y regaños. Alegría de sentir tus preocupaciones como faro protector de mis desvelos. Alegría de volver a verte cuidando otro jardín donde sembrar mi silencio.

Feliz viaje, mamá".

FBA

Finalicé con la lectura de dos poemas. El primero, titulado “Conjunción”, de la autoría de mi padre (Enán Burgos Perdomo, fallecido en 1986 y quien le dedicara este hermoso soneto a mi madre el 13 de abril de 1975); y el segundo, de mi autoría, titulado “Escéptico” (publicado en 1991 en mi poemario “Poemas de Antesala”).

CONJUNCIÓN

Yo te invito al amor intensamente
con la fuerza total que me perdura
para rendir tributo a tu hermosura
sin importarme nada ni la muerte.

Quiero vivir la vida plenamente,
quiero ceñirme más a tu cintura,
quiero tu solidez y tu ternura,
quiero tu conjunción, únicamente.

Sé que me quieres y que yo te quiero
como nadie jamás amada ha sido
y nunca como yo nadie querido.

Por lo cual, orgulloso de mi fuero,
yo te brindo mi amor ya rebosado.
Quiero sentirme más y más amado.

ESCÉPTICO
(Para mi madre, Amparo,
este poema del alma inmutable
y del hombre que navega
por aguas turbias)

Mamá
cárgame sí
que el balcón de la casa
no me deja mirar a los niños
de paseo por el barrio
con mis grandes ojos de siempre

mamá
por qué soy tan chiquito
si no voy a la escuela
y trabajo hasta tarde
entre risas malvadas

cárgame mamá
pues tengo diarrea y ganas de llorar
y necesito tus mágicos cuidados,
llévame a tu regazo sin muerte
enséñame tu corazón eterno
Mamá

sábado, 25 de julio de 2009

Me encuentro en receso con respecto al blog, por estar trabajando día y noche en la culminación de mi próximo poemario, "CANTANDO A DESTIEMPO".

Cordial saludo,

FBA

martes, 14 de julio de 2009


ALEGRÍA

Alegría es un dulce de mi tierra
que se come a mediodía
a la salida del colegio,
después se siente tan cerca del camino
que uno quisiera escapar tras su silencio
pero en cuestión de minutos la alegría
deja de ser un dulce de mi tierra
y le abre paso a una tarde
de tristes arreboles
brisa desbordada del río y soledad
soledad que atraviesa en volandas
el vicio de la vida
noche que arriba
pobre verdad que duerme
y se levanta
para ser otra vez Alegría
un dulce de mi tierra con el que
degustamos los rigores familiares,
sumas y restas de la vieja juventud
banalidades demasiado
importantes y un amor etéreo
sin vías de extinción

Alegría es un dulce de mi tierra
con coco y anís
y algo de amargura en los cuadernos
donde aprendemos
todo lo que nos va
a sobrar en el
futuro

FBA
En la foto (al fondo y en el medio), se ve, huele y hasta se logra paladear la "Alegría"