miércoles, 7 de abril de 2010

TIEMPO PARA RECORDAR:

Luego de haber disfrutado el sábado 27 de marzo de 2010 del “Mano a Mano” musical de los compositores sahagunenses Luis Alberto Prado y Álvaro Llorente (bueno, siendo más honestos y precisos digamos, conforme al argot vallenato, que “parrandeado”, y con amanecida guitarrera a bordo), ambos precedidos por un muy buen ramillete de canciones -el primero, haciendo gala de una larga experiencia como gran triunfador en muchas tarimas vallenatas, valiéndose de una interpretación emotiva que sabe sacar partido de cantos explosivos con alto contenido social; y el segundo, aportando con buena voz el temple romántico y familiar que lo caracteriza-, aprovecho la pausa post fiesta y estos días santos para darle rienda suelta al recuerdo y, a través de éste, a la amistad. Hablaré entonces del CARÁCTER, del VALOR y de la DIGNIDAD, tres palabras que marcaron poderosamente la vida de un caribeño sui generis.

Quiero, en efecto, escribir esta vez sobre el amigo que hace tiempo se fue, hombre limpio, sin igual, militante únicamente de la vida y de los sueños. Me refiero a ALFONSO NAAR HERNÁNDEZ, quien, habiendo nacido en un pequeño pueblo del departamento de Córdoba (Purísima-Colombia), llegó a ser a mediados de la década de los noventa del pasado siglo un luchador estudiantil ejemplar y decisivo. De su pluma valiente sobreviven escritos contundentes que dio a conocer mientras libraba ardorosas y hasta solitarias batallas democráticas, académicas y pedagógicas como estudiante de Ciencias Sociales de la Universidad de Córdoba. Recuerdo ahora textos de su autoría como “Con identidad propia rompimos el cerco”, “Por qué una actitud rebelde y radical”, “Cuando la tiniebla alumbra”, “Sentimiento y reflexión es lo que somos” y, con especial afecto, su ponencia-proclama “Una terquedad para vida”, presentada en la Asamblea Regional Universitaria Costa Caribe que se llevó a cabo en Barranquilla (Atlántico-Colombia), concretamente en la antigua sede de la Universidad del Atlántico, durante los días 10, 11 y 12 de marzo de 1995. Me acuerdo que en respuesta a su ponencia -escrita en torno al espinoso tema de la organización estudiantil- escribí y presente la mía, titulada “Una verdad para el cambio”.

Bueno, son quince años que actúan de por medio, corrían otros tiempos, época de conflictiva transición, gravitábamos alrededor de entregas, declives y traiciones, la perestroika de Gorbachov imponía su desastrosa reforma y el derrumbe de muros e ideologías tildaba de anacrónicos y jurásicos a quienes osaban recorrer aún camino de utopías. Pero ahí estuvo el purisimero Alfonso Naar dando cátedra de independencia política, de carácter, de valor, de honestidad, de ética, pero sobre todo de una dignidad a prueba de todo. Si la historia de las instituciones se escribiera en función de sus cotidianas y anónimas vivencias y no de sus maquillajes formales, otra sería su suerte y, por supuesto, muy distinta la vida de la sociedad cercana a la que pertenecen. Y tratándose de centros universitarios apoyados sobre el trípode academia-investigación-extensión sí que cobra vigencia la necesidad de nutrirla con sus más dolorosas verdades. Así, por ejemplo, el Movimiento Estudiantil por la Academia, la Democracia y la Dignidad que tuvo con “El Naar” (como le decíamos) y con otros estudiantes destacados momentos de frenética inspiración -oscilantes a veces entre la desgarradora lucidez y la extravagante locura-, estaría conformando hoy el glorioso pasado de las luchas estudiantiles en Colombia, pues si la juventud universitaria de Córdoba-Argentina logró desplegar hacia el futuro su Manifiesto del 21 de junio de 1918 y, cincuenta años después, el Mayo francés hizo lo propio, no es menos cierto que la Huelga de Hambre y otras expresiones de las tareas emprendidas por la juventud universitaria de Córdoba-Colombia en mayo de 1994 logró escribir, desde una doblegada y medrosa Montería, páginas memorables que merecen rescatarse del olvido.

Un puñado de líderes estudiantiles supo y pudo en tiempos adversos, difíciles y oscuros movilizar la conciencia colectiva obteniendo reformas democráticas y luces académicas de suma importancia para el devenir de la educación pública. Contra todo pronóstico, contra la pasividad explicable del personal administrativo, contra la neutralidad inexplicable de sectores agremiados en sindicatos de trabajadores y docentes, y contra un Consejo Superior Universitario que se arrogaba el pleno ejercicio de la autonomía universitaria interpretando a su amaño la Ley 30 de 1992 (años después, cuando su poder burocrático fue desplazado abruptamente por las Autodefensas Unidas de Colombia serían los primeros en defender la elección democrática del Rector arguyendo las razones políticas y legales que ellos mismos habían arbitrariamente desconocido) el Movimiento Estudiantil por la Academia, la Democracia y la Dignidad, pensado y consumado en las riberas del río Sinú, sentó un claro precedente en el marco de una lucha por la democratización universitaria que para entonces muy pocas conquistas mostraba en el escenario nacional y que, hoy por hoy, mantiene la triste vigencia de lo que pudo haber sido y no fue. De aquellas reformas estatutarias alcanzadas al fragor de la lucha quedará a lo sumo algún encarnizado recuerdo, permaneciendo la mayor parte de las universidades públicas y privadas de Colombia sin mecanismos democráticos reales y efectivos a través de los cuales puedan sus distintos estamentos no solo elegir a las autoridades administrativas y académicas, sino también democratizar al máximo la vida universitaria.

Muchos de aquellos protagonistas ya no están y debo reconocer que me ronda ahora una prevención razonable: la democracia colombiana está tan corrompida y marcada por ribetes autoritarios y populistas que difícilmente me inclinaría porque se levanten hoy día las viejas banderas democráticas para que la venenosa señora encuentre en la universidad pública un caldo de cultivo más donde aderezar sus prácticas infames. Es una contradicción que nos toca cargar y sufrir para entender, además, que una verdadera democracia debe trascender lo electoral y apartarse de lo meramente representativo aclimatando, en cambio, procesos altruistas y de transformación profunda donde lo político y lo social se articulen en aras de que la sociedad donde la universidad ejerce su influjo sea permeada positivamente con idénticos mensajes. Con poder impregnarla al menos de uno solo de ellos sería un buen comienzo, ese ideal pasado y tan futuro de reducir ostensiblemente la brecha entre ricos y pobres, de procurar soluciones definitivas a los más urgentes problemas sociales. Para que, como poetizó alguna vez mi padre, no siga imperando el hervor individualista de los “vehículos lujosos que desbordan al peatón y fertilizan sus angustias”.

Aquellos estudiantes de Córdoba-Argentina cifraron en la juventud sus esperanzas: “… Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime… Los dolores que quedan son las libertades que faltan… La federación universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes… Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales… Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud… La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros… En adelante, sólo podrán ser maestros en la república universitaria los verdaderos constructores de almas, los creadores de verdad, de belleza y de bien… Al confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida… La sanción moral es nuestra. El derecho también…”. Dónde estará la nuestra, nuestra juventud incontaminada me pregunto impotente… ¿Cumpliendo acaso su destino heroico en los calabozos de twitter y de facebook? ¿Alienada y sudorosa brincando al ritmo de los disfraces postmodernos?

Mejor dejemos hasta aquí el asunto para volver al Alfonso Naar Hernández de carne y hueso, al amigo frontal que tocó varias veces mi puerta tratando de refugiarse en la soledad y el silencio de un callejón sin salida, al que gustaba de dispararme críticamente su certera moral, al que luego de beberse dos botellas de aguardiente sin pronunciar palabra y extasiado por las canciones de Leonardo Favio rompía a llorar inconsolable, igualmente abatido por el amor a Josefina, la adorable estudiante de enfermería que mojó sus labios cuando él desafiaba las postrimerías de su huelga de hambre. Calificado muchas veces de loco y portador de una fama de irrespetuoso y radical, cierto es que Alfonso Naar no transigía en materia de principios convencido como estaba de que los estudiantes debían darse su propia organización sin injerencias de ningún tipo y que la corrupción y la doble moral eran algo que debía atacar donde estuvieran. Contrario entonces a cualquier militancia política no podían faltarle enemigos de distintos bandos. De derecha y de izquierda, y más aún del despistado centro… Su paso por el Teatro Camilo Torres de la Universidad de Antioquia fue uno de los tantos episodios que protagonizó sin temblarle un dedo. Dijo por supuesto lo que no podía decirse en un templo de la izquierda, en donde fue silbado, interrumpido y por poco sacado a golpes mientras él resistía sin odios y con una sonrisa tranquila y transparente por el bien de un movimiento llamado, de verdad, a grandes cosas. El discurso de la falsa izquierda no entiende de grandezas sobrehumanas. Una organización guerrillera tampoco lo entendió cuando siendo ya Naar docente en ejercicio en tierras del departamento de Arauca-Colombia fue denunciado por juventudes comunistas que sin sopesar su pasado estudiantil lo sometieron a torturas y vejámenes durante varios días, acusado de servir a los intereses del paramilitarismo. Sus escritos lo salvaron, los que llevaba orgulloso a todos lados como norte y estandarte.

Los restos mortales de Alfonso Naar Hernández reposan en el cementerio de su pueblo natal, en Purísima-Córdoba, donde fue enterrado este hacedor de caminos días después de caer asesinado por las balas de una institucionalidad corrupta que no aceptó que “El Naar” brillara con luz propia en el colegio del municipio araucano donde desempeñó la docencia ganándose rápidamente el cariño de la gente, y donde lideró y presentó proyectos de desarrollo social para este territorio localizado en el extremo norte de la región de la Orinoquia Colombiana. Hasta donde se tuvo noticia había sido amenazado por oponerse a que los recursos obtenidos por cuenta de uno de sus proyectos se emplearan indebidamente, viéndose precisado a renunciar y a retornar a Montería, al refugio ocasional en donde siempre encontraba el afecto y la bondad de tres maravillosos familiares. Pero “El Naar” era “El Naar” y no daría tan fácilmente su brazo a torcer. Así que regresó a Arauca tras otro amor tan puro y descomunal como su terquedad para la vida. Un amor real que había encontrado para amortiguar aquel amor platónico por la inolvidable Josefina. Una carta y un poema son mi homenaje a este amigo inmortal. El poema, que lleva como título su primer apellido, aparecerá publicado en mi poemario “Cantando a Destiempo”. La carta que le escribí y le envié a su campo de batalla en mayo de 1994 mientras él descifraba para la posteridad el lenguaje de los mejores sueños la transcribo aquí, en este blog, para algún historiador, investigador o literato que se atreva alguna vez a clarificar y dignificar esta vivificante historia…

C… Alfonso: va sin fecha y sin lugar porque cuando por fin llega el momento de testimoniar para la historia, ésta se muestra tan breve y tan concisa que solo basta una sólida referencia tratándose de hombres que más que luchar viven intensamente los distintos presentes.

Va porque sólo hoy volvió rompiendo épocas la voz de la verdad. Y va sin su carácter, sin su valor, sin su dignidad, porque usted no es un hombre de ánimos y su convicción resplandece ‘gota a gota’ por encima de las muchas palabras que diariamente envilecen la vida, como si se tratara del pesado fardo de la muerte. Y va porque estoy absolutamente seguro que si fuera cuestión de darle ánimo lo mejor que podría hacer sería procurar cualquier desánimo. Y para esto, qué mejor lugar para un poema, un poeta hondureño para estos momentos de decisión y de fortaleza…

‘A como dé lugar pudren al hombre en vida,
le dibujan a pulso
las amplias palideces de los asesinados
y le encierran en el infinito.

Por eso
he decidido dulcemente
mortalmente
construir
con todas mis canciones
un puente interminable hacia la dignidad, para que pasen,
uno por uno
los hombres humillados de la Tierra’.

Creo que este poema causa mejor el efecto que una de las muchas reflexiones de nuestro amigo Bruno. Creo que a pesar de todo la universidad se nos ha ido quedando pequeña y que ha llegado el tiempo definitivo de su revolucionaria grandeza! Cada quien en lo suyo y armado de lo suyo, y esa voluntad que nunca decae, para la que van hoy mis tenues palabras y el terco fusil de mi tenebrosa esperanza.

Apreciado C…: va mi puño dispuesto a recordarle su advertencia durante alguna ‘franca’ borrachera. Dijo que yo era el único que podía destruirlo. Pues bien, me engaño para advertirle que no lo voy a hacer y que por esta vez tiene usted la última palabra. Yo aspiro a poder divisarlo entre mis sombras como un nuevo combatiente de imposibles, breve y conciso, punzante y victorioso. Va porque hoy me muestro partidario del eterno conflicto, y porque finalmente es usted una especie sin vía de extinción
”.

TIEMPO PARA RECORDAR. TIEMPO PARA MERECER. TIEMPO PARA SONREÍR.
FBA

viernes, 2 de abril de 2010


BICENTENARIO

violencia centenaria
independencia gris, agónica
república de cristal,
sitios turísticos vas dejando
a medida que tus nobles batacazos
corean el himno
ondeando la bandera,
país inverosímil de
sacrosantas deudas
retorcidos derechos
señales del fracaso
dos siglos de sanguinolenta
libertad, violencia inembargable
inventario de dudosas guerras
(centralismo fatal versus
fatal federalismo)
mil días para perder las ganas
de estar en cualquier lado,
ilustración heroica que acabó
traicionada por próceres
hambrientos;
violencia centenaria de militares flujos,
recorrer tus hazañas es algo obligatorio
la historia de la patria, esa cosa
inservible que sirve para todo
cómo será tu fama que los grandes
discursos de paz
te pertenecen
sin tus actos y huellas
no tuviéramos vida
ni lugares famosos para vacacionar,
ventana y puente donde pudo Bolívar,
salvado por la Sáenz, conjurar tu
legal conspiración, peldaños del
Capitolio donde a golpes de hachuela
“El héroe de Peralonso” recibió el horror
de tu caricia, Carrera Séptima
donde ultimaste a Gaitán
vestida de infeliz rosacrucismo,
plaza de Soacha, ah, bendita plaza
pública donde Luis Carlos Galán cayó
finalmente abatido por la deuda sin fin
que le cobraste, soachuno cielo
donde a 10.400 pies de altura
volaste en pedazos el HK-1803
con 107 historias explosivas a bordo,
violencia inmarcesible, oh violencia
inmortal, Avenida Rodrigo Lara
Bonilla en honor de tu calumniado
enemigo de justicia, Frente Criminal
que convirtió tu mejor época
en mágica detonación de lo innombrable
teniente Jonás Burgos Perdomo,
tío querido, a quien diste de baja
durante una emboscada en Villarrica,
poder de tu palabra afirmativa
mostrándole a Carlos Pizarro en las
alturas que la vida se seguiría asesinando
en primavera, Puente Aéreo donde
en nombre de un país desbaratado
diste tu mozuela mano a Bernardo
Jaramillo para que nunca más sintiéramos
que veinte años no es nada ni se prendiera
democracia a fuerza de alegrías
y de frentes marchitas,
estatuas de Jaime Garzón, poste hoy
tricolor al que fue a parar su camioneta
luego de que al humor callaras
con psicótica risa…
bicentenario audaz, celebrantes
de sucios retrovisores
no sé qué festejáis si hasta Gardel
cada día canta mejor gracias
a tu purpurina gloria;
violencia centenaria
independencia gris
agónica república de cristal,
historia de Colombia que dispara
jubilosas auroras germinando
desastres inconclusos en surcos
de tranquilas desazones,

¡me aparto de tu inocencia derramada

la horrible luz de tu incesante noche!


FBA
Nota: última versión

lunes, 22 de marzo de 2010

DOS NOTICIAS: UNA POÉTICA Y LA OTRA MUSICAL

La poética: ya entró en proceso de impresión mi poemario “CANTANDO A DESTIEMPO”, con prólogo del escritor monteriano José Luis Garcés González, portada e ilustraciones internas del pintor y poeta Enán Burgos Arango. Una vez concluyan los trabajos de diseño, diagramación y revisión estará, pues, listo para ser impreso. La meta: el 23 de abril de 2010 -si no se presenta algún contratiempo- debe quedar publicado. El lanzamiento se hará posteriormente en la ciudad de Montería (Córdoba-Colombia). Venta y distribución a cargo del autor. Las personas que no residan en Montería y estén interesadas en adquirirlo, podrán hacerlo consignando previamente el valor del libro (que tendrá un precio módico) y del envío. Se enviará a cualquier parte del país (Colombia) donde haya servicio de mensajería. Cualquier información adicional, la atenderé con gusto a través de correo electrónico (
sinumania@hotmail.com). Pedidos y demás datos se manejarán por esta misma vía.

La musical: como muchos saben, el 18 de marzo de 2010 salió al mercado el trabajo discográfico de Poncho Zuleta y Cocha Molina titulado “EL NOBEL DEL AMOR”. De nuevo, una canción del afamado compositor sanjuanero Aurelio “El Yeyo” Núñez presta su título al disco compacto. Merecido, sin duda. Luego de escuchar varias veces cada uno de los 15 temas, la impresión que me queda es positiva. Un repertorio variado, con contenido equilibrado y una buena dosis de notas vallenatas. Canciones que a mi juicio “se salvan”: La gitana, Corazón alegre, La espumita, Devuélveme el alma, La indocumentada, Nunca te olvidaré, El nobel del amor, Amor a 7 mares, Llamándote, La culebra e Imelda. Hasta ahí. “Descabezo” a: Señor taxista, La campana, Estoy zafao y Esto se va a terminar. Ojo: aquellos personajes delicados y susceptibles que se resienten y que, queriendo tapar el sol con las manos, me acusan de ser autor de falacias, tengan en cuenta que se trata de UNA APRECIACIÓN PERSONAL. Nunca he hecho ni haré alarde de verdades absolutas. Eso sí, ejercer la crítica es para mí el resultado de una profunda convicción, y lo hago sobre la base de informaciones y percepciones sopesadas, sin temor alguno y listo siempre para el debate abierto y con altura. Así pues, ni un paso atrás, sigo en lo mío, con serenidad y contundencia.

Ignoro cuántas (más de 100 según leí a finales de 2009 en una web vallenata) y qué canciones de mejor factura no hayan calificado esta vez para hacer parte del disco de la voz más prestigiosa de la dinastía Zuleta, pero, por lo menos, se nota que las escogidas no lo deslucen, no muestran a Poncho cantando pendejadas o creyéndose (como otros) un jovencito bastante distanciado de su actual contexto. Se nota que en la selección primó el estilo, hubo preocupación por la parte textual de las canciones, fue importante la definición del ritmo y su engranaje con lo clásico y tradicional, siendo asimismo la diversidad rítmica (paseo, paseo rápido, merengue, cumbia, paseaíto y criolla) otro de sus fuertes. Objetaría sí la cortedad de algunos temas (Esto se va a terminar es ejemplo de ello), las repeticiones de algunas letras (más orientadas según parece a completar y a pegar) y lo que ha sido una constante en mis análisis: vuelve y juega el amor como único o mayoritario tema, como si la música vallenata estuviera condenada al criterio comercial errado de girar y girar alrededor de lo mismo. Aquí le falla Poncho a sus auténticos seguidores. Qué bueno sería que a estas alturas de su exitosa carrera se le diera por reivindicar aquellos inicios donde irradiaba también lo telúrico, la naturaleza, la amistad, la correría o el reino animal en relación con el discurrir del hombre, y, por supuesto, algo de la mejor lírica que coronó después, con sentida poesía, el despertar del género vallenato. Habrá que esperar para ver quién se atreve a ponerle el cascabel al gato, no mediante grabaciones o ediciones “especiales” sino pensando en darle a “lo comercial” un viraje consistente con el fin de que la tan nombrada universalización del vallenato, en consonancia con los premios Grammy, no actúe en contra de la tradición y de su proyección posible y deseable.

No obstante, cabe destacar que el tema del amor viene en este trabajo discográfico matizado por lo festivo, lo alegre, lo jacarandoso y lo parrandero (Corazón alegre, La espumita, La indocumentada y La culebra); la mujer es homenajeada incluso con nombre propio, como en los viejos tiempos (Imelda) o en ritmo de cumbia con cuerpo y alma de gitana a su servicio (La gitana). El paseo en tono menor de Ismael Rudas (Imelda) sirve para olvidar a esa mujer abstracta, etérea, indeterminada y bobalicona que tantas baboserías recibe de compositores imbécilmente enamorados. Me place sobremanera encontrar a un Wilfran Castillo y a un Tico Mercado con sabor vallenato, menos romanticones, un par de paseos que, sin llegar a ser literariamente sobresalientes, enriquecen rítmica y melódicamente el color vallenato de esta producción.

En cuanto al amigo Omar Geles, no puedo menos que reiterar lo que he escrito en anteriores ocasiones. Cuando se propone componer en serio, tal como lo hace para los concursos festivaleros de canción inédita, es otro Omar Geles el que entra en escena, muy distinto del hacedor de trucos y trapisondas mercantiles que está de moda. Conocedor de su prodigioso talento, la crítica que me ha merecido no busca otra cosa que rescatarlo del maremágnum y de la mediocridad por donde circula hoy día una música que busca consolidarse y extenderse falsa y destructivamente en nombre del vallenato. Admirador suyo y confeso gozador de inolvidables y bellas canciones de su autoría -especialmente interpretadas la mayor parte de ellas por Alex Manga-, lo defendí cuando se me tildó de gustarme, por lo mismo, el vallenato llorón. “Lo que pasa es que Omar Geles sabe llorar” fue mi lacónica y salvadora respuesta. Años después y pese a que los otros protagonistas de esta anécdota (una pareja de amigos) aún se ríen de mi desesperada ocurrencia, debo decir sin rodeos que el tono romántico de Omar Geles difiere sustancialmente, sobre todo en el aspecto melódico, del lagrimeo propio de la balada que se acompaña con acordeón. Al amor y a todas sus posibilidades claro que le podemos cantar, pero hay que hacerlo sin cursilerías, sin embelecos, sin lugares comunes, sin ritmitos estériles, sin melosidades y sin machismos. Con inteligencia. Con sensibilidad. Con fantasía. Con imaginación. Con buenos versos. Amor a 7 mares forma parte del repertorio de este artista que obedece a su polifacética magia vallenata.

Ahora bien, de las canciones que “descabezo” me limito a manifestar lo siguiente: Señor taxista, de Poncho Cotes Jr. (compositor que sigo y respeto), cuenta con una riqueza armónica y una textura vallenata merecedoras de una mejor historia. El elemento del taxista suena rebuscado, anacrónico y carente de belleza. Lamento también lo de Lucho Alonso, su canción Esto se va a terminar está muy lejos de la calidad de Indiferencia o de La moza. Fabián Corrales y su Estoy zafao no es más que la fabricación (entiendo que fue el productor general del CD, por lo que difícilmente se quedaría por fuera) de otra canción del mismo corte, basada en expresiones coloquiales o en refranes. La campana es para mí el bache de esta producción musical, y no me extrañaría que se convierta, tal como funcionan hoy las cosas en el mercado y en la difusión de “lo vallenato” -sobre todo después de conocer el alocado éxito de La aplanadora-, en el tema más sonado. Gracias a su capacidad interpretativa logra Poncho salvarse de quedar deslucido. Sin duda alguna, sus recursos vocales le permiten librarse de un justo señalamiento: casi queda en ridículo. No pretendo juzgar las calidades musicales de su compositor, el Primer Rey de la Piqueria en el Festival Vallenato, Andrés Beleño Pava; una sola canción, hecha supongo por mero divertimiento, no alcanza para tal cosa. Además, si ésa era la intención logra claramente su cometido sirviéndose de un montaje adecuado que la vuelve rítmica y pegajosa. Pero en últimas su ingenioso tan, tan, tan, tan no deja de parecerme un peligroso parapeto, con publicidad incluida para las sillas rimax. ¿Se habrá alguien lucrado de esto?

En suma: hay buenas canciones, buenos arreglos, contenido y toque vallenatos, alma sabanera y una tesitura vocal agradable. En lo personal me quedo con Corazón alegre (como anillo al dedo para Poncho Zuleta), Devuélveme el alma, La espumita, El nobel del amor y Llamándote. El nobel del amor, quitándole el fantasma que aparece en la segunda parte, es una canción afortunada y comprueba una vez más que la riqueza musical de Aurelio Núñez es ante todo melódica. Sus canciones son por lo general románticas y cuentan también con letras relativamente novedosas que parecieran compartir el mismo molde pero que en realidad, por obra de un compositor cuidadoso, creativo y experimentado, logran sutilmente diferenciarse. No hay que olvidar que se trata del autor de una de las canciones más hermosas de la música vallenata: Mi última voluntad, grabada e interpretada por el cantautor Fabián Corrales. Por último, el tema Llamándote, cuyo ritmo original es de criolla (no de bolero), cuenta con la particularidad de incorporar en su letra un alto sentido poético, apartándose así de “vallenatizar” canciones quizá sentimentalmente más conocidas pero menos ricas en lo textual. Su compositor, Alexis Brau, pianista puertorriqueño fallecido el 12 de febrero de 2006 a la edad de 84 años, alternó la música con sus actividades como empresario de la industria de la construcción, dejando de componer en 1975 como consecuencia de que se fueron muriendo sus amigos y compañeros de andanzas artísticas, habiendo escrito hasta ese año un total de 180 canciones.

Pues bien, me temo que no arriesgan mucho Tomás Alfonso "Poncho" Zuleta y Gonzalo Arturo "El Cocha" Molina en materia de canciones nuevas (se quedan cortos en cuanto a compositores de talla que aún componen, y de la nueva generación los que no han sido contaminados por el descalabro mediático vuelven a ser desplazados por cuatro o cinco que siempre figuran) pero obtienen en conjunto un buen trabajo discográfico que sirve para amenizar un inagotable sábado de parranda. Esperemos que las presentaciones en vivo no nos defrauden ni se limiten a las dos o tres que se quieren promover. Acabo de ver una de La campana, en pleno lanzamiento del disco en Valledupar, que me pone seriamente a dudar.

Cordial saludo,

FBA

domingo, 7 de marzo de 2010


CUATRO POEMAS MARAVILLOSOS (por cortesía de un connivente caminante de ultimidades), como para asimilarlos muy bien en tiempos preelectorales…


LOS JUSTOS (Jorge Luis Borges)

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


QUE DIOS NOS LIBRE DE LOS COMERCIANTES… (Nicanor Parra)

Que Dios nos libre de los comerciantes
sólo buscan el lucro personal

que nos libre de Romeo y Julieta
sólo buscan la dicha personal

líbrenos de poetas y prosistas
que sólo buscan fama personal

líbrenos de los Héroes de Iquique
líbrenos de los Padres de la Patria
no queremos estatuas personales

si todavía tiene poder el Señor
que nos libre de todos esos demonios
y que también nos libre de nosotros mismos
en cada uno de nosotros hay
una alimaña que nos chupa la médula
un comerciante ávido de lucro
un Romeo demente que sólo sueña con poseer a Julieta
un héroe teatral
en convivencia con su propia estatua

Dios nos libre de todos estos demonios

si todavía sigue siendo Dios.


SOLO (Oliverio Girondo)

Solo,
con mi esqueleto,
mi sombra,
mis arterias,
como un sapo en su cueva,
asomado al verano,
entre miles de insectos
que saltan,
retroceden,
se atropellan,
fallecen;
en una delirante actividad sin rumbo,
inútil,
arbitraria,
febril,
idéntica a la fiebre
que sufren las ciudades.
Solo,
con la ventana
abierta a las estrellas,
entre árboles y muebles que ignoran mi existencia,
sin deseos de irme,
ni ganas de quedarme
a vivir otras noches,
aquí,
o en otra parte,
con el mismo esqueleto,
y las mismas arterias,
como un sapo en su cueva
circundado de insectos.


EL JUEGO EN QUE ANDAMOS (Juan Gelman)

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.


CUATRO POEMAS MARAVILLOSOS como para pensar en el rumbo de nuestra aturdida patria colombiana. Sin creer mucho en las prácticas electorales de este querido país, aspiremos a que el domingo 14 de marzo de 2010 las elecciones parlamentarias sirvan para que los doscientos años de Independencia violenta y servil, y los últimos ocho años de patológica estupidez empiecen, de verdad, a ser cosa del pasado. Es el momento quizá de pretender nuevos y distintos horizontes. De respirar otros vientos. De sintonizarnos con el despertar de nuestra América. Pensemos, al menos, en la necesidad de que el aspecto social prevalezca sobre los intereses de una oligarquía económica que a punta de capitalismo salvaje ha logrado en los últimos tiempos afianzar su aparato opresor.

Sintámonos, pues, como Borges, parte indisoluble de ese colectivo ignorado capaz de salvar el mundo. Entendamos con Gelman que nos estamos jugando la muerte. Aprendamos con Girondo el significado de una soledad abierta a las estrellas. Pero sobre todo, digamos como en la “Antipoesía” de Nicanor Parra que Dios nos libre de todos esos politicastros que abundan en Colombia, comerciantes de la peor ralea, promeseros sin escrúpulos que operan la lógica de la relación costo-beneficio para lucrarse infinitamente so pretexto de cumplir vuestros sueños.

Región Caribe. Suena bien. El punto es: ¿con los mismos personajes oportunistas y tramposos de siempre? La lucha de Orlando Fals Borda merece auténticos exponentes de cambio político y social…

Gracias al anónimo colaborador por nutrir este blog con versos argentinos y chilenos de profunda valoración humana.

Fuerte abrazo,


FBA

martes, 2 de marzo de 2010

DOS LIBROS VIRTUALES MÁS DE "PLEAMAR":

Con nota y prefacio de su autoría, publica Enán Burgos Arango su traducción del poema de Mallarmé "UN GOLPE DE DADOS JAMÁS ABOLIRÁ EL AZAR".

Y de su cosecha personal, "PUBIS INSULAR", dedicado a "CO"...

Enlaces:


UN GOLPE DE DADOS JAMAS ABOLIRA EL AZAR

PUBIS INSULAR



FBA

miércoles, 24 de febrero de 2010


DOS CANTANTES VALLENATOS EN DECADENCIA…

Tema este bastante sensible y polémico. Pero hay que abordarlo. Diomedes Díaz y Jorge Oñate han venido protagonizando presentaciones en vivo clara y ampliamente cuestionables. Quizá más Diomedes que Oñate. Lo cierto es que ambos andan mal de voz, sin fuerza, sin bríos, sin estilo. Y hasta de letras. Son pocas las nuevas que se saben; he visto a Diomedes patinando con su éxito del momento, “Listo pa’ la foto”, y a Oñate leyendo, con gafas, “La aplanadora”. Por cierto, que este tema facilista y mediocre esté en primeros lugares y haya sido la “canción del Carnaval” no hace más que corroborar lo tantas veces afirmado en este blog: la crisis de la música vallenata tocó fondo. El alma juvenil del vallenato está enferma, y su estirpe parrandera empeora las cosas. Pero resulta más grave que el mismo Omar Geles, su compositor, lo proclame, goce y aplauda, al lado del público, en un toque de Oñate en Valledupar. Un buen compositor como él sabe muy bien que este tipo de canciones son coyunturales y, por ende, desechables. Si la idea es hacerse más famoso aprovechando la locura del momento, lucrándose de paso, bueno… ya lo hemos dicho, qué se va a hacer, se le respeta. Empero, cosa muy distinta es que Omar aparezca alardeando de su engendro. Esto sí es imperdonable. Y hasta ignominioso. Ojalá que su sueño de ser cantante no acabe destrozando más el género.

Por lo pronto, su tema “La canción de mis canciones” augura malos tiempos, pues no refleja de ningún modo la historia de sus mejores éxitos, sino, por el contrario, el presente de su febril inconsecuencia. Lo cierto es que Omar Geles no está dispuesto a hacer un acto de contrición. La canción “Como tú no hay nadie”, interpretada por él en el Festival Francisco El Hombre de Riohacha-Guajira (2010) durante la presentación de Peter Manjarrés, comprueba a las claras su intención de continuar sacando partido de su monotemático y repetitivo injerto. Catalogado por Jota Flórez Jaramillo, Director-Administrador del blogvallenato.com, como “el nuevo rey Midas de las composiciones vallenatas”, Geles le garantiza desde ya a Peter un éxito que contribuirá, sin duda, a degenerar aún más, bajo la tutela de tan irresponsable orfebre, nuestra maravillosa música vallenata. Como van las cosas, pedirle que sacrifique el éxito y la fama en función de aportarle, de verdad, al “folclor” que tanto lo trasnocha, es algo ilusorio. Ya se montó en el tren del triunfalismo comercial y de ahí sólo lo bajará la historia cuando ésta, con certero juicio, lo condene al menosprecio por haber sido uno de los grandes responsables de la corrupción y extinción del vallenato.

Volvamos mejor al tema que nos ocupa y dejemos a Geles que siga fortaleciendo ridículamente el embrutecimiento colectivo. Sí: Oñate y Diomedes están en franca decadencia. Que en los discos compactos no se note tanto, no justifica desde ningún punto de vista que se lancen de manera irresponsable (sobre todo, con ellos mismos) a desparramar en tarima lo que la vida y los excesos les han quitado. Que fueron grandes, nadie lo duda, pero sus seguidores (yo, más de Oñate que de Diomedes) no podemos hacerle eco a semejante suicidio musical. Por el contrario, debemos aplaudirlos, reconocerles lo aportado, homenajearlos hasta más no poder, pero también decirles, sin tapujos, ¡basta ya!, mérmenle al canto, dosifiquen su puesta en escena. Por desgracia, el mercado del disco no ayuda para nada, viéndose abocados nuestros artistas a enfrentarse a maratónicas jornadas, muchos días seguidos, complaciendo, bebiendo y trasnochando. Así es muy difícil que puedan recuperarse. En lugar entonces de buscar ayudas adicionales para resistir tan agotadora faena, es mejor cuadrar caja y verificar ahorros e inversión para, sin retirarse todavía, irse preparando, poco a poco, mediante presentaciones contundentes y selectivas, para un final de carrera por todo lo alto, como en verdad se lo merecen.

Creo que me volví adicto a Internet tratando de encontrar vídeos que tergiversen las impresiones que he dejado sentadas en este escrito. Pero no, un Diomedes cada vez más deteriorado, cantando peor, o hablando más y cantando menos, sin galillo, enfermo, ido, idiotamente endiosado, con dificultades hasta para leer la letra de canciones escritas en cartones o tableros de tamaño mediano, me deja -como a algunos de sus seguidores sensatos con quienes he compartido opiniones al respecto- profundamente triste. Su espectáculo, su show pobrísimo y lastimero, da grima. Y de la mala, de esa que no tiene arreglo, la que queda rondando puntiaguda en algún vericueto del alma. Llegué a pensar que podía tratarse de un problema temporal, cosas de tragos, garganta trajinada, etc., pero nada, el consenso crece y por todos lados se escuchan voces uniformes en torno a las actuaciones deprimentes del Cacique. No faltan, por supuesto, los aspavientos de la fanaticada irracional exigiendo respeto, dando cuerda e insultando. No, señores, por ahí no es la cosa. Si de verdad queremos a nuestros artistas no debemos convertirnos en cómplices absurdos del descalabro.

Hay que aceptar que el tiempo pasa, o como diría el filósofo Fernando Savater, somos nosotros los que pasamos en el tiempo, y el tiempo por donde transita el músico vallenato es, por supuesto, exigente y desgastante, y más cuando no se es consciente de ello y se asume la fama con aparatoso descontrol. Se argumenta también que a la gente, en medio de los tragos y por lo general cercanos a la madrugada, no le importa cómo se presentan sus artistas, pues, al fin y al cabo, el público termina divirtiéndose. Me muestro en rotundo desacuerdo. No creo que el público serio y comprometido con el trasegar del vallenato sea tan conformista y perverso. Además, con la divulgación masiva que se logra a través de Internet es un lujo que músicos que se respeten no pueden darse, pues tarde o temprano un juicio vallenato de mayor alcance se les viene encima. Ni siquiera en fiestas privadas pueden ahora descuidarse.

A Oñate, por su parte, lo vi muy mal interpretando, o mejor, tratando de interpretar “La parranda y la mujer” al lado de Emilianito Zuleta Díaz en el Festival Cuna de Acordeones de Villanueva-Guajira. Este clásico de nuestra música no merecía semejante atropello, un verdadero irrespeto a un compositor de muchos quilates como lo es Poncho Cotes Jr. (Lázaro Alfonso Cotes Ovalle). Emilianito, acompañando bien con su acordeón, pero a Oñate la letra de esa canción que grabara precisamente con Emilianito en 1975 (disco de larga duración titulado con el mismo nombre de la canción de Ponchito y que muchos conocedores del tema consideran todavía como uno de los mejores) le quedó grande, en muchos pasajes se escuchó algo así como un zumbido angustioso que trataba de adivinar el final de cada verso, y eso que Oñate se agachaba constantemente buscando la letra en un atril. Está bien, son muchas canciones y casi treinta y cinco años de por medio, pero clásicos son clásicos, y si no se está en condiciones de repentizar con ellos es mejor no hacerlo.

Los coristas se están convirtiendo en salvadores de la patria (los de Diomedes son ejemplarizantes; la labor del acordeonista Álvaro López, santificable), y como van las cosas no sería nada extraño que acaben reemplazando del todo a sus cantantes, reconociéndoseles haber sido los grandes protagonistas del Ocaso. Cuando José Aníbal Castañeda Daza, Administrador del Grupo de Facebook “Amigos de Poncho Cotes Jr.”, nos dio a conocer, con buenas intenciones, este vídeo a sus integrantes, no me quedó más remedio que, de manera respetuosa, plantearle algunas de estas inquietudes, a lo que Castañeda Daza respondió con amabilidad concediéndome la razón y eliminando el enlace. En todo caso, quienes deseen constatar lo que afirmo, con solo colocar el título de la canción en YouTube tienen.

Pues bien, lo que más deseo es que Oñate y Diomedes se recuperen, pero al ritmo que traen lo veo -como diría el desaparecido Kaleth Morales cantando un tema de Geles- bastante complicado. Pienso, por tanto, que debieran repensar el asunto, tomarse un tiempo, otorgarse un merecido descanso para reflexionar, para reprogramarse. No tiene nada de malo reconocer el peso de los años ni valerse de lentes y atril. Artistas de otros géneros musicales, y con menos años, lo hacen con óptimos resultados, y hasta les luce. El ya no estar aptos para los duros trotes de las tarimas vallenatas al aire libre (por cuestiones de edad o por otras situaciones que prematuramente los aquejan) no significa que no puedan, con prudencia, explorar otros escenarios, incluso de mayor importancia. Conciertos en recintos cerrados, tal como ocurre, por ejemplo, con las presentaciones folclóricas del Teatro Amira de la Rosa de Barranquilla, o a la manera como se vienen luciendo compositores de renombre en diversos sitios de Bogotá y Medellín. Presentaciones con un sello artístico distinto dignificarían a cantantes de la talla de Diomedes Díaz y Jorge Oñate en lugar de verlos sometidos a un trajín infame que los catapulta cada noche más hacia un declive de dolorosa magnitud.

La presentación de Diomedes en Sabanalarga-Atlántico con ocasión de la reciente temporada carnavalesca nos confirma la idea de que un Diomedes Díaz sobrio, cuidadoso de su salud, disciplinado, sin abusos de ningún tipo, puede protagonizar tarimas “pasables”, aunque muy distantes, en todo caso, de sus glorias de antaño. El mismo Antonio De León, “Toño Cacique”, es consciente de la declividad de su artista cuando, no obstante calificar de excelente la presentación de Diomedes en Sabanalarga, expresa seguidamente que en los vídeos “podrán observar a un cacique diferente, con mucha alegría…”. Ojalá que lo de Sabanalarga se siga repitiendo, pero con mesura, administrando bien ese resto de alegría que le queda para que las dificultades inocultables que atraviesa este artista no se noten tanto. Y sin exageraciones como la de manifestar que la presentación del Cacique en Santa Marta (caseta La Samaria), también durante los carnavales, fue “espectacular”.

Lo que prueban los vídeos que “Toño Cacique” sube para demostrarlo es que Diomedes parece saberse, ¡por fin!, la letra de “Listo pa´ la foto”, aunque sólo por momentos, pues por ahí están puestos los carteles que más que servirle de ayuda lo ponen a trastabillar de manera ridícula, mostrándonos a un Diomedes desesperado por salir rápido de la letra de su canción de moda. Tener entonces que responder a tan tremendo reto, lo obliga a leer más que a cantar, pisoteando también el ritmo y la medida, y ni siquiera con el recuerdo de sus clásicas improvisaciones y juegos de parranda logra sacar avante el compromiso ni corregir los errores presentes en su interpretación. Algo similar ocurre, incluso, con las letras de las canciones que se sabe, infaltables en su repertorio: el afán de huir de esta pesadilla textual lo traiciona irremediablemente. Por lo demás, subsisten las notorias debilidades de la voz y cierto toque de ebriedad o turbación que prácticamente lo paraliza. Luce cansado, tan cansado que dan ganas de rescatarlo de semejante suplicio. ¡De salvarlo de tantos gozosos victimarios!

Por último, un consejo para las fanaticadas en general: la labor de un verdadero fan es ayudar a su artista, nunca engañarlo ni contribuir a entumecerlo mentalmente con elogios desproporcionados y fuera de contexto. Con zalamerías e hipocresías es poco o nada lo que se logra.

COLETILLA 1: Escuché una vez a Gloria Estefan contar cómo se cuidaba antes de un concierto. No daba ni siquiera entrevistas con tal de preservar la voz, salvaguardándose de cualquier eventualidad que perturbara su preparación. Impensable era, por lo mismo, un concierto tras otro sin solución de continuidad. Son medios, situaciones y realidades diferentes, es cierto, pero me temo que en Colombia el afán de enriquecimiento está dando al traste con los artistas vallenatos, que bien podrían disminuir el ritmo de sus presentaciones sin afectar ostensiblemente sus ganancias, cuidando de igual forma la calidad del producto que comercializan.

COLETILLA 2: Recuerdo que años atrás las canciones vallenatas que se grababan venían en el LP (Long Play) no solo con el nombre del autor sino también con la identificación del ritmo. Andrés “El Turco” Gil iba más lejos, colocando el tono de cada canción. “Bastante complicado” también definir hoy el ritmo de lo que se quiere vender a toda costa como vallenato. Rosendo Romero confesaba en su artículo “La evolución del canto vallenato” que la canción “Me gusta”, de Omar Geles -a quien califica como el compositor de la generación de La Internet-, es un tema ambiguo sobre el que especula ubicándolo como “paseo con sonido diferente”. Me imagino que, conforme se propuso en su escrito, ya habrá hablado con Omar para saber a ciencia cierta de qué se trata. Sería bueno que “El poeta de Villanueva” nos revele en qué consiste el milagrito del hijo de la vieja Hilda. En fin…

Se acabaron las coletillas. Hasta pronto,


FBA

martes, 23 de febrero de 2010

POEMAS MONOSILÁBICOS del poeta H. GALO VURGOS PERDOMO:

Como lo manifesté en anterior entrada, aquí están los Poemas Monosilábicos del poeta “lorano” H. Galo Vurgos Perdomo, publicados virtualmente (con el sello editorial de Pleamar) el 14 de febrero de 2010 por su sobrino, pintor y también poeta, Enán Burgos Arango, residente en Montpellier-Francia, como regalo de cumpleaños.

En efecto, el poeta H. Galo Vurgos P. nació en Ciénaga de Oro-Córdoba (Colombia) el 14 de febrero de 1920 y pervive aún en su tierra natal. La historia de la “V” (y no “B”) del Vurgos del poeta H. Galo, fue esbozada por Hernando Santos Rodríguez en el prólogo de sus dos únicos libros publicados hasta ahora (Nectario y Miel de Abeja, Bogotá-1968). Esta “V” rebelde y creativa dio mucho de qué hablar al interior de un apellido perilustre, lleno de historia política regional, como lo es, sin duda, el apellido Burgos. Pero el Vurgos de H. Galo estuvo dispuesto siempre a dar la batalla hasta el final. Es el Vurgos bohemio e irreverente, el Vurgos pensante, filósofo, místico y social. Pero sobre todo, es el Vurgos del arte y de la poesía. Quizá (se me ocurre ahora) fue también un claro derrotero para que las generaciones posteriores entendiéramos que “nuestro Burgos” cuenta con un germen de negación pecaminoso. Para mal o para bien. Depende, como en aquel verso de Campoamor, del cristal con que se mire. Procedemos, en verdad, de un famoso cura español, de apellido Berástegui, de quien, por razones obvias, no pudimos heredar originariamente su apellido. Berástegui es hoy el nombre de un pequeño corregimiento de Ciénaga de Oro, ubicado a mitad de camino entre este municipio y el municipio de Cereté. Nuestro Burgos es, por tanto, básicamente de línea materna. La historia familiar es bastante conocida y Remberto Burgos Puche sentó cátedra al respecto. Pero lo cierto es que los descendientes del general Francisco Burgos Rubio no tenemos por ningún lado el Berástegui. En todo caso, Burgos o Berástegui, quienes llevamos el Burgos en la sangre estamos llamados a procurar, más allá del orgulloso azul, un horizonte no ligado a prácticas politiqueras ni a expresiones de injusticia y dominación como las descritas por Orlando Fals Borda en su Historia Doble de la Costa. Es otra historia la que deberíamos escribir en nombre de ese otro “Vurgos” que también llevamos dentro. En fin, dejemos el cuento hasta aquí, pues no es el momento de herir susceptibilidades. Es el momento de H. Galo Vurgos P., del poeta Galo, del artista descomunal que Enán Burgos Arango postula desde ya para que la Casa de la Cultura de Ciénaga de Oro, antes de que se nos muera el poeta, lleve su nombre.

Estos Poemas Monosilábicos datan de 1979 y se encontraban desde entonces, como la mayor parte de la obra del poeta Galo, sin editar. El escritor monteriano José Luis Garcés González nos habla en el Tomo I de su Literatura en el Sinú (2000) de la intención del poeta H. Galo Vurgos P. de publicar un último libro con el título de “Mis mil mejores poesías”. Seguimos, sin embargo, esperando. Se comenta entre familiares del poeta que éste entregó a un prestante ex rector universitario de la ciudad de Montería material valiosísimo para tal efecto. Ojalá este legado cultural tenga verdaderos dolientes que se encarguen de rescatarlo del olvido. Es hora de darle a H. Galo Vurgos P., a sus noventa años de edad, en medio de su ceguera y cercado por su inevitable “Ciénaga de Cobre”, el valor que se merece. Y si no, recordemos al menos lo que el mismo poeta, citando a Baudelaire, nos dice: “Hay cierta gloria en no ser comprendido”.

Los dejo con la Nota escrita por Enán Burgos Arango para su publicación de Poemas Monosilábicos:

“H. Galo Vurgos P. nació el 14 de febrero de 1920 en Ciénaga de Oro, Córdoba, Colombia, lugar donde siempre ha vivido asumiendo la universalidad que implica el acto de ser poeta. Es una de las grandes leyendas aún vivas de la poesía colombiana. Desconocida por las nuevas generaciones, su obra, hoy más que nunca es de actualidad, dadas su independencia de espíritu y su autenticidad, y sobre todo por el hecho de no haberse dejado encasillar por las múltiples capillas de la moda, que muchas veces eclipsan las grandes obras que, por fortuna, con el paso del tiempo llegan a ser reconocidas. Los honores, los lucros, la vanidad, esos vicios abominables del ego humano, jamás, pero jamás, durante casi ya un siglo de vida, han venido a enturbiar la pureza de su soledad. Su sentido estético y ético es de un valor inestimable. Mística de alma y profana del cuerpo, satírica a veces, la poesía de H. Galo Vurgos P. nos embriaga y al mismo tiempo nos reprende. Voz suprema no sin humor que arrulla y embelesa, nuestro ser renace entonces del caos, como la primera vez, cuando la palabra a duras penas florecida, venida de Dios, fructificaba el verbo haciendo del hombre un transeúnte adherido a su sombra con serenidad. La melancolía, ese licor que corre por las venas de los poetas románticos regando, como arroyo, los lirios del lirismo, contrario a lo que algunos críticos dicen de él, nunca ha orientado su pluma, pues la tinta con la que él escribe es una mezcla de nieve y de ceniza, nieve negra, ceniza blanca, que se acumula mordaz con el tiempo dejando su trazo de vida en la póstuma memoria de la página. Que el poeta me perdone esta introducción subjetiva, que viene a perturbar, como una mosca, el silencio religioso de su claustro”.

POEMAS MONOSILABICOS

FBA

miércoles, 17 de febrero de 2010

NUEVO LIBRO VIRTUAL de Enán Burgos Arango, con concepto gráfico suyo. El texto (en italiano) es de Irene Vallone:

LA POESIA DEL BUIO, LA POESIA NEL BUIO, LA POESIA COL BUIOhttp://issuu.com/pleamar/docs/la_poesia_del_buio

Espere -también en modalidad virtual- POEMAS MONOSILÁBICOS del poeta H. Galo Vurgos Perdomo, quien con nueve décadas encima sobrevive, ciego pero extraordinariamente lúcido, en su ciudad natal, Ciénaga de Oro-Córdoba (Colombia). Su “Ciénaga de Cobre”, a la que le cantó queridos y punzantes versos. Nota, selección y concepto gráfico: Enán Burgos Arango.

Espere también el artículo de opinión DOS CANTANTES VALLENATOS EN DECADENCIA (de FBA).

Saludo cordial,

FBA

miércoles, 10 de febrero de 2010

TRES POETAS, TRES POEMAS, para estos días de preocupación existencial: los dos primeros, muy nuestros, del Caribe, y el último, uno grande de España con una fuerza extraordinaria, muy conocido por su metapoesía del silencio, yo lírico profundo y trascendente tocado igualmente por una poderosa vertiente musical. Los tres ya partieron, adelantándose en el inagotable misterio…

JORGE GARCÍA USTA: poeta, investigador, ensayista, cronista, reportero y gestor cultural nacido en 1960 en Ciénaga de Oro-Córdoba (Colombia) y fallecido en Cartagena de Indias el 25 de diciembre de 2005. Su obra poética está conformada por: Noticias desde otra orilla (1985), Libro de las crónicas (1989), El reino errante (1991), Monteadentro (1992 y 1997), La tribu interior (1995), Noticias de un animal antiguo (2001) y Cantaleta del amoroso (póstumo, 2006). El poema que a continuación transcribo cierra este último libro. García Usta fue, además, un gran estudioso de la obra literaria y periodística de Héctor Rojas Herazo.

LA CHARANGA POSTMORTEM

Después de mi muerte, quién dedicará una tarde
a hablar de la grandeza de mi susurro propicio,
de mi mirar para salir gritando
las noticias olorosas, la música flotante,
la palabra que encuentra su llaga en la floresta.
A ti, olvidadizo, te di la noticia de los principios,
a ti, altiva, te ofrecí la joya de mi mirar,
y dentro de las caravanas, dije las palabras más precarias
pero apunté al centro de la riqueza
y reseñé las oscuridades y las llamas,
pero no me refugié en el asco semanal
ni sostuve a los augures cómodos.
Quién hablará de mi manía nocturna
de adivinar en las estrellas inermes
alguna suave indicación del castigo futuro,
de atender en el pubis amado
la hoguera submarina, la categoría del liquen y la laca,
y los documentos rizados de la borrasca.
A ti, olvidadizo, te di mi mano como un océano,
ingresé por ti en el partido de los suplicantes
y nunca cerré las ventanas.
A ti, altiva, busqué entre tus ojos la primera llamada
y respeté tu forma de desplegar el silencio
y de comer sola pero tributaria entre el pan de la multitud.
Quién recordará mi manera de leer en los ojos de las mujeres
que pasan por la calle toda clase de anuncios sobre mi poquito de
mundo,
y en el desprecio precioso de sus nalgas,
en el compañerismo de sus nalgas,
en la teoría maciza de sus nalgas,
el supremo veredicto sobre el estado de la tierra.
Quién dirá cómo sobaba la cabeza de mis hijos perplejos
para entender mejor la muerte de mi madre,
quién hablará de mi cuchara obsoleta,
quién dirá cómo me enfrenté a los vociferantes,
cómo besé la boca deseada
y caí insultando las piedras sagradas,
cómo ofrendé al traidor mi clamorosa mudez,
y cómo nunca pude negociar con el coro,
pero entendí en el mar la materia más limpia
y estuve al lado de los compañeros
poniendo las piedras para el camino,
el precipicio, la herida mayor.
A ti, olvidadizo, te di las antesalas de mi muerte,
no evalúes mi ritmo de mudo funámbulo,
ni mi cuarto ojo sobre la espalda del tiempo.
A ti, altiva, te di la muerte justa, el instante de ya no verte,
y cuando salí de ti, te elevé en la memoria de la colina.
Quién sabrá otra vez cómo miré a fondo el mar
en octubre del 83 con tu mano en la mía
y ya no pude ser el mismo.
Quién me hará el favor último
de hablar asombrado o celebrante
de qué ridícula, dulce y estruendosa manera traté
de ser hombre entre las mujeres y los hombres.


HÉCTOR ROJAS HERAZO: poeta, novelista, pintor y periodista nacido en Tolú-Sucre (Colombia) en 1921 y fallecido en Bogotá D. C. en 2002. Ha sido traducido al inglés, al francés, al ruso y al alemán. Ampliamente conocido y estudiado en el ámbito latinoamericano. Su obra poética la conforman: Rostro en la soledad, Tránsito de Caín, Desde la luz preguntan por nosotros, Agresión de las formas contra el ángel, Las úlceras de Adán y Las esquinas del viento (Antología). Su narrativa: Respirando el verano, En noviembre llega el arzobispo y Celia se pudre. Los dejo con CREATURA ENCENDIDA:

No es solamente el flujo de la tierra
lo que ha de herir el vidrio de mis ojos.
No es este gasto de sudor y lodo
ni esta ceniza que me puso un nombre
lo que he de combatir y me combate.
Es mi propia creatura, mi sonido de siempre,
mi forma de estar vivo aunque no tenga
un cuerpo que gastar
o un tacto entre los dedos.
Es esta furia mía de saberme encendido,
de tener claridad,
de ser zumbido,
silbo de Dios,
silueta diferente.
De estar dentro de mí constituido
para seguir arando sin arado,
para seguir tejiendo sin aguja,
para tener un poco de mi ruido
disperso en un rincón o en un suspiro.
Es esta firme cantidad de esencia
para sufrir, para escanciar destino,
esto que me suplica y me conoce,
que madura mi luto desde siempre.
Este saber que no hay descanso,
ni agua para apagarse,
ni polvo que nos cubra ni deshaga.
Somos esto, sepamos, somos esto,
esto terrible y encendido y cierto:
algo que tiene que vivir y vive
por siempre sollozando pero vivo.


JOSÉ ÁNGEL VALENTE: poeta, escritor, ensayista y traductor nacido en Orense-España en 1929 y fallecido en Ginebra-Suiza en el 2000. Su vasta obra poética incluye textos como: A modo de esperanza, Poemas a Lázaro, La memoria y los signos, Siete representaciones, Breve son, Presentación y memorial para un monumento, El inocente, Treinta y siete fragmentos, El fin de la Edad de Plata, Interior con figuras, Material memoria, Tres lecciones de tinieblas, Nueve enunciaciones, Mandorla, La piedra y el centro, El Fulgor, Sobre el lugar del canto (compilación), No amanece el cantor y Fragmentos de un libro futuro. Los dejo con PRIMER POEMA:

No debo
proclamar así mi dolor.
Estoy alegre o triste y ¿qué importa?
¿a quién ayudaré?
¿qué salvación podré engendrar con un lamento?

Y, sin embargo, cuento mi historia,
recaigo sobre mí, culpable
de las mismas palabras que combato.

Paso a paso me adentro,
preciosamente me examino,
uno a uno lamento mis cuidados
¿para quién,
qué pecho triste consolaré,
qué ídolo caerá,
qué átomo del mundo moveré con justicia?
Remotamente quejumbroso,
remotamente aquejado de fútiles pesares,
poeta en el más venenoso sentido,
poeta con palabras terminadas en un cero
odiosamente inútil,
cuento los caedizos latidos
de mi corazón y ¿qué importa?
¿qué sed o qué agobiante
vacío llenaré de un vacío más fiero?

Poeta, oh no,
sujeto de una vieja impudicia:
mi historia debe ser olvidada,
mezclada en la suma total
que la hará verdadera.


TRES POEMAS, TRES POETAS que se fueron en lustro reciente. Los poetas también mueren. Así es, ni modo de dudarlo. Hoy me abrazo con ellos al dolor (útil o inútil) de la vida. Infranqueable trama que a todos nos recorre. A unos más encarnizadamente que a otros. Dicen, empero, que la poesía sobrevive. No sé, vida y muerte seguirán dando brega mientras no explote en definitiva el mundo. Y si algo subsiste será acaso el filo de la palabra en el vaivén del Tiempo. Pero el que se va se va, y lo que queda de él no alcanzará jamás a compensar el vacío o la nada en que ese ser efímero se sumerge. Y entonces, el gran interrogante vuelve y contraataca: ¿Qué hacemos con la vida que privilegiadamente hoy nos convoca? En verdad, la conciencia de morir no logra fraguar satisfactoriamente una respuesta. Si el futuro del hombre se amarra de manera inevitable a la muerte, la vida podría premiarse o agredirse. Y si todo lo que vive muere, ¿para qué congratularnos tanto por algo que no es más que el lento pero seguro desarrollo de una monumental tragedia? Valdría la pena, no obstante, modificar la pregunta: ¿Qué hacemos con la muerte que privilegiadamente hoy nos convoca? La conciencia de vivir aparece así cantando en extramuros. Algunos optarán por el silencio. Otros por hacer ruido. Ambas salidas me parecen acertadas, pues a la postre terminan encontrándose. Un hecho colosal y trascendente, cercano a lo absoluto, está por anunciarse: la muerte; la inefable, la festiva, la querendona muerte.

TRES POETAS, TRES POEMAS para asomarnos al sinfín de la existencia en esos días de intrincada y furtiva soledad.

FBA

martes, 26 de enero de 2010

Para reflexionar

Transcribo artículo del senador del PDA Luis Carlos Avellaneda en torno a los decretos expedidos por el gobierno de Álvaro Uribe en el marco de su "emergencia social". Se trata de la salud de los colombianos, un tema, sin duda, de interés nacional, que está por encima de cualquier color político. Así lo demuestran las críticas que han llovido desde diversos sectores de opinión. El régimen, en nombre de "lo social", se mete con lo poco que va quedando de "lo social". Es claro que "lo social" no es algo que lo trasnoche. También lo es que el voraz apetito reeleccionista no repara en "pequeñeces". Lo suyo es el poder económico excluyente. La segunda reelección se acerca. El régimen se apertrecha, favoreciendo los intereses de quienes viven del gran negocio de la salud en Colombia. Su cuestionable estilo, vaporosamente democrático, cuenta con apoyo popular. Cosas de la vida. Los colombianos somos ya expertos en contrasentidos. Mejor los dejo con el artículo de Avellaneda...

"Golpe de Estado a la salud del pueblo colombiano (enero 25/10): Los decretos expedidos por el Gobierno Nacional, en el marco de la emergencia social, se constituyen en un golpe de Estado a la salud del pueblo colombiano, ya que niegan a los afiliados al Régimen Contributivo el acceso a la mayoría de los servicios no contenidos en el POS, los cuales eufemísticamente pasan a denominarse 'Prestaciones Excepcionales en Salud', cuyo financiamiento deberá ser cubierto total o parcialmente por parte de los usuarios que las requieran para garantizar su derecho fundamental a la salud.

Pero no conforme con esto, el gobierno convierte estas 'Prestaciones Excepcionales en Salud' en una destrucción de las oportunidades de ahorro de la mayoría de los ciudadanos, al definir que los saldos de las cesantías y pensiones voluntarias se destinen al pago de estas actividades y en oportunidades de negocio para el sector financiero, cooperativas y cajas de compensación, al establecer que estas instituciones pueden abrir líneas de crédito para que los usuarios paguen su atención en salud. También las empresas de seguros y de medicina pre pagada reciben su oportunidad de lucro a costa de la dignidad de la vida de los colombianos, al permitírseles ofertar planes que contemplen el pago de los eventos no contenidos en el POS.

Adicionalmente, el gobierno a través de la creación del 'Sistema Técnico Científico en Salud', busca controlar la autonomía en la atención que brindan los médicos y odontólogos, mediante la adopción de estándares únicos de atención, ya que coloca bajo sospecha de conflicto de intereses, cualquier solicitud de actividades, exámenes, medicamentos o insumos, que según criterio del profesional, el paciente pueda requerir, so pena de ser sancionado con multas que van de los 10 a los 50 salarios mínimos mensuales legales vigentes.

Igualmente, los decretos dan un golpe de Estado a la Comisión de Regulación en Salud - CRES, al desequilibrar su composición a favor de la representación del Gobierno Nacional, incluyendo dos comisionados adicionales designados por el Presidente de la República, por un periodo excepcional de un año y al crearse estructuras paralelas de dirección, cuyos miembros son designados en forma directa por el Gobierno Nacional, como el 'Consejo de Administración del Fondo de Prestaciones Excepcionales en Salud' y el ya mencionado 'Sistema Técnico Científico en Salud', organismos que se apropian de funciones que la Ley 1122 de 2007 había dejado en manos de la CRES, en especial, todas las relacionadas con el desarrollo de estudios técnicos conducentes a la definición del POS.

También no deja de sorprender, que dentro de los decretos se abra la posibilidad de que las EPS subsidiadas, las cuales antes de la Ley 1122 de 2007 se denominaban Administradoras del Régimen Subsidiado – ARS, y que en no pocos casos se vieron envueltas en prácticas ilícitas de desviación de recursos de la salud hacia sectores armados, en especial grupos paramilitares, se les permita habilitarse para poder operar el Régimen Contributivo. ¿Acaso será que con esta medida se están pagando algunos favores políticos?

Pero las EPS también se benefician económicamente, ya que al aumentarse la cobertura que las pólizas del SOAT y la subcuenta ECAT del FOSYGA brindan por concepto de la atención a víctimas de accidentes de tránsito de 800 a 1100 salarios mínimos diarios legales vigentes- SMDLV, este valor diferencial de 300 SMDLV se convierte en un subsidio que el Gobierno les está dando, al reducirles su responsabilidad económica en la atención de este tipo de actividades.

Como es evidente, el Gobierno Nacional empleó la emergencia social para hacer una reforma al Sistema General de Seguridad Social en Salud, pero ésta no busca la garantía del Derecho Fundamental a la Salud, sino por el contrario, sus postulados buscan un mayor grado de privatización, la protección de los interés económicos de las EPS y en general de todos los intermediarios financieros que se han tomado la salud, en detrimento de la vida digna de todos los colombianos y colombianas.

Por todo esto, ratifico mi intención de adelantar en el Congreso de la República, un gran debate de control político al Gobierno Nacional, en el que se ponga en evidencia lo regresivo de estas medidas adoptadas y además plantearé la necesidad de realizar una gran reforma al sistema de salud colombiano, en la que se busque cambiar la filosofía del actual, que se centra en la curación de la enfermedad, por el de un modelo que la prevenga y que elimine el lucro y la intermediación financiera".

Bueno, hasta aquí la columna del senador Avellaneda. La aplaudo por considerarla con alto grado de certeza, precisa y valiosamente informativa. Como no milito en el PDA ni en ningún otro partido de los tantos que languidecen el panorama político colombiano, lo único que puedo hacer es rogar, desde mi absoluta e innegociable bohemia poético-musical, para que cesen de una vez por todas no solo estas políticas nefastas, sino también las condenables prácticas de la politiquería electorera, que por estos días muestra toda su esplendorosa y millonaria feria de corrupción.
Cosas de la vida. Y por la salud de todos. Para que podamos algún día respirar de verdad en paz...
FBA