Qué lástima, no clasificamos en el Valle. De 138 paseos inscritos, sólo 24 seleccionados; de 68 merengues inscritos, 16 seleccionados; de 22 sones, 7, y de 26 puyas, 11. En suma: 254 canciones inscritas y sólo 58 clasificadas para Primera Ronda.
No deja de ser injusto que un número tan alto de participantes quede sujeto al juicio previo de unos pocos jurados cercanos a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, por más Gustavo Gutiérrez Cabello o Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa que se llamen. Ser eliminados sin oportunidad alguna de ser escuchados en tarima por el pueblo del Valle y visitantes termina siendo catastrófico y desmotivante para algo más de 190 compositores. Máxime cuando se miran mombres y canciones elegidas y se repiten sin cesar temáticas y autores. Pero bueno, no se trata ahora de llover sobre lo mojado ni de respirar por la herida. Dejemos el análisis propositivo para después. Por lo pronto, qué bueno consolarse con aquellas palabras de María Zambrano (citadas por Ernesto Sabato en Antes del fin): "No se pasa de lo posible a lo real sino de lo imposible a lo verdadero". Y agrega el maestro, "muchas utopías han sido futuras realidades".
Mi canción "La mejor semilla" (paseo) está disponible, en dos versiones (con Derechos Reservados por supuesto) para quienes quieran escucharla. Me la pueden solicitar a través de sinumania@hotmail.com
Abrazo vallenato,
FBA
jueves, 23 de abril de 2009
viernes, 10 de abril de 2009
Del Poemario "Cantando a Destiempo" (por publicar)
EL JEFE
el jefe se acomoda en su silla giratoria
con su calva inteligencia de diario local
redondo y pestilente despacha su amargura
su sorna defectuosa, su malvada bondad
el jefe se mantiene dignamente informado
cual seguidor abyecto de su buen senador
vigilando uno a uno mis grandes movimientos
en silenciosa furia impropia de un doctor
el jefe se defiende tras su inmenso escritorio
entre bravuconadas y esponjoso derrier
presumiendo papeles y libros alusivos
con gangosa elocuencia y nada por hacer
el jefe se dirige asnal y quisquilloso
contra el mal funcionario de pírrico vivir
y sus baladronadas no paran de estrellarse
pues el muy pavisoso se escupe al discutir
el jefe se atormenta pensando en mis locuras
y un ampo de fineza lo suele acompañar
me sabe compañero de peas y pelanduscas
este jefe que al mando se gasta sin mandar
FBA - DERECHOS RESERVADOS
el jefe se acomoda en su silla giratoria
con su calva inteligencia de diario local
redondo y pestilente despacha su amargura
su sorna defectuosa, su malvada bondad
el jefe se mantiene dignamente informado
cual seguidor abyecto de su buen senador
vigilando uno a uno mis grandes movimientos
en silenciosa furia impropia de un doctor
el jefe se defiende tras su inmenso escritorio
entre bravuconadas y esponjoso derrier
presumiendo papeles y libros alusivos
con gangosa elocuencia y nada por hacer
el jefe se dirige asnal y quisquilloso
contra el mal funcionario de pírrico vivir
y sus baladronadas no paran de estrellarse
pues el muy pavisoso se escupe al discutir
el jefe se atormenta pensando en mis locuras
y un ampo de fineza lo suele acompañar
me sabe compañero de peas y pelanduscas
este jefe que al mando se gasta sin mandar
FBA - DERECHOS RESERVADOS
lunes, 30 de marzo de 2009
Hermosa y necesaria canción de Adrián Villamizar, interpretada por él en compañía de Mancel Cárdenas quien toca la guitarra. Autor también de "La esquina" y "Te debo una canción", ambas canciones grabadas por Iván Ovalle. En el 2008 estuvo peleando primeros puestos en el concurso de canción vallenata inédita del Festival de la Leyenda Vallenata (Valledupar) con la canción titulada "Identidad". Compositores como Adrián Villamizar nos devuelven la esperanza en la posibilidad de darle al vallenato vientos de renovación que lo dignifiquen textual y poéticamente.
FBA
viernes, 27 de marzo de 2009
DESOPINIÓN VALLENATA:
La encuesta que aparece en la Web de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata corrobora, sin duda, lo que ha venido ocurriendo con los festivales de música vallenata o de acordeón en la Costa Atlántica colombiana. De 502 votantes (hasta marzo 26/09 11 p.m.) sólo a un 6.77% de ellos le interesa presenciar los diferentes concursos mientras el porcentaje de quienes se inclinan por los foros académicos es aún menor (1.99%). Ni siquiera las parrandas vallenatas le ganan a los espectáculos que se realizarán en el Parque de la Leyenda Vallenata (28.09% contra 63.15%). Y si en el Valle llueve, por La Guajira y en los festivales sabaneros no escampa. La tendencia es clara: cada vez interesan más los grandes espectáculos en detrimento del folclor que nos convoca. Y espectáculos a todo dar, con artistas nacionales e internacionales de renombre, y por cierto, mientras más distantes musicalmente del vallenato mucho mejor. Y si se pueden manejar haciendo de ellos un lucrativo negocio ni se diga: ¡lo oficial y lo privado en íntima confabulación!
El periodista Luis Alandete, de amplia trayectoria en presentación de festivales y de grupos vallenatos, lo dice sin ambages y con privilegiado conocimiento de causa: “… lo peor de todo es que esta circunstancia está opacando la parte folclórica, ya que la gente no está pendiente de los participantes, ni pregunta quiénes se inscribieron, sino de los conjuntos o artistas que contratan”. Hernán Baquero Bracho lo confirma refiriéndose a los festivales que se realizan en La Guajira: “En el de Cuna de Acordeones, es más importante la figura del Presidente de dicho Festival y del Consejo Directivo que el mismo Festival en sí. La esencia ya casi no son los concursantes, sino los espectáculos…”.
Así pues, los concursos, en tanto esencia de los festivales, han pasado a un segundo plano, convirtiéndose en mero pretexto para montar espectáculos que sirven muchas veces de plataforma política a diversos personajes y perfuman el ego de unos cuantos en lugar de estimular la promoción de nuevos intérpretes y compositores. A la crisis del vallenato, derivada de la estupidez comercial lamentablemente en boga y aplaudida por la publicidad y el culto obediente de algunas emisoras, se suman los compositores truculentos y llorones que siguen, por conveniencia, el juego de la mediocridad, y, por supuesto (no podían faltar), los distintos festivales vallenatos, dentro y fuera de nuestra Costa, que han hecho y vienen haciendo de este hermoso folclor una peculiar puesta en escena de la gran farsa que, en verdad, los identifica.
Interesante, sin embargo, el hecho que acaba de producirse en el preámbulo del 42° Festival de la Leyenda Vallenata que se llevará a cabo en Valledupar-Cesar del 28 de abril al 2 de mayo de 2009. Me refiero al taller teórico-práctico para jurados de festivales de música vallenata. Bastante falta les hace a los distintos concursos contar con jurados competentes y capaces de sobreponerse a las insufribles roscas de siempre, cuando no a otro tipo de presiones o al pago recíproco de favores. Pueda ser que ahora que la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata se encuentra, por así decirlo, en el ojo del huracán, aprovechen sus miembros y directivos para repensar positivamente el curso del Festival, frenando excesos y corrigiendo equívocos sin dejarse llevar, eso sí, por el resultado preocupante de encuestas como las que relaciono en el primer párrafo de este artículo. Educación y folclor: ¡he ahí otra ecuación pendiente de cara a un verdadero progreso cultural!
Rosendo Romero puso ya el dedo en la llaga con su ponencia en el taller que menciono al plantear, con respecto al concurso de la canción vallenata inédita, que las obras sean entregadas con seis meses de antelación para el estudio de su letra y su música, a fin de que no se limiten solamente al tema del certamen de turno. Muchas más cosas habría que decir al respecto pero por algo hay que empezar. No es un secreto que muchos compositores viven ahora a la caza de los premios que, ante el boom festivalero, han aumentado en cuantía. De ahí que se componga para los festivales con la misma lógica del compositor comercial: vender, competir, intrigar, acomodarse.
Canciones del alma, realmente sentidas, poética y textualmente novedosas… pocas. Y la trampa, obviamente, hace parte de este embeleco musical cuando algunos compositores se ponen de acuerdo y establecen una especie de sociedad burlesca y oportunista para estar en cuanto festival puedan, ingeniándose la manera de participar con varias canciones. Una misma canción puede circular (ajustando la letra) por varios festivales hasta ganar, incluso, a nombre de otra persona. La plata justifica éste y otros desmanes bajo la complicidad de organizadores que entran en la repartición de la torta infame. Modus vivendi, sin duda, más propio de traficantes que de artistas.
No deja de ser tampoco reprochable que compositores comerciales se den el lujo de ganar festivales con canciones de mejor factura y a la hora de las grabaciones se olviden de ello. Van a los festivales para contrarrestar, con ese mínimo de vergüenza y contentillo, las justas críticas que se les hacen, pero el estercolero sentimental, al tiempo de entregar canciones, los delata y apasiona. Es en todo caso peligroso para el folclor que este tipo de compositores encuentren eco y espacio en eventos llamados a reivindicar la dignidad y vigencia del vallenato, pues tarde o temprano sus versos insulsos, sus melodías aparatosas y sus ritmos falsamente alegres podrían apoderarse por completo de la fiesta.
Muchas expectativas trajo consigo el Primer Festival Francisco El Hombre de Riohacha. Pero a juzgar por la canción inédita ganadora (VOY A QUERERTE: de la autoría de José Iván Marín e interpretada por Héctor Arturo Zuleta y Luis José Villa en el acordeón) no es bueno, a mi juicio -al menos en este aspecto-, el balance de dicho evento.
Bien, no es más por ahora. Me queda aún pendiente el comentario crítico sobre el trabajo de Jorge Celedón… Y ya están en mente, para el mismo fin, Fabián Corrales, Peter Manjarrés y, si es que algún día sale, la producción musical de Diomedes Díaz, a quien, dicho sea de paso, percibí musicalmente muy mal (sin voz, sin medida, sin fuerza) durante presentación reciente en tarima al lado de Poncho Zuleta…
Amanecerá y veremos. Saludo vallenato,
FBA
La encuesta que aparece en la Web de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata corrobora, sin duda, lo que ha venido ocurriendo con los festivales de música vallenata o de acordeón en la Costa Atlántica colombiana. De 502 votantes (hasta marzo 26/09 11 p.m.) sólo a un 6.77% de ellos le interesa presenciar los diferentes concursos mientras el porcentaje de quienes se inclinan por los foros académicos es aún menor (1.99%). Ni siquiera las parrandas vallenatas le ganan a los espectáculos que se realizarán en el Parque de la Leyenda Vallenata (28.09% contra 63.15%). Y si en el Valle llueve, por La Guajira y en los festivales sabaneros no escampa. La tendencia es clara: cada vez interesan más los grandes espectáculos en detrimento del folclor que nos convoca. Y espectáculos a todo dar, con artistas nacionales e internacionales de renombre, y por cierto, mientras más distantes musicalmente del vallenato mucho mejor. Y si se pueden manejar haciendo de ellos un lucrativo negocio ni se diga: ¡lo oficial y lo privado en íntima confabulación!
El periodista Luis Alandete, de amplia trayectoria en presentación de festivales y de grupos vallenatos, lo dice sin ambages y con privilegiado conocimiento de causa: “… lo peor de todo es que esta circunstancia está opacando la parte folclórica, ya que la gente no está pendiente de los participantes, ni pregunta quiénes se inscribieron, sino de los conjuntos o artistas que contratan”. Hernán Baquero Bracho lo confirma refiriéndose a los festivales que se realizan en La Guajira: “En el de Cuna de Acordeones, es más importante la figura del Presidente de dicho Festival y del Consejo Directivo que el mismo Festival en sí. La esencia ya casi no son los concursantes, sino los espectáculos…”.
Así pues, los concursos, en tanto esencia de los festivales, han pasado a un segundo plano, convirtiéndose en mero pretexto para montar espectáculos que sirven muchas veces de plataforma política a diversos personajes y perfuman el ego de unos cuantos en lugar de estimular la promoción de nuevos intérpretes y compositores. A la crisis del vallenato, derivada de la estupidez comercial lamentablemente en boga y aplaudida por la publicidad y el culto obediente de algunas emisoras, se suman los compositores truculentos y llorones que siguen, por conveniencia, el juego de la mediocridad, y, por supuesto (no podían faltar), los distintos festivales vallenatos, dentro y fuera de nuestra Costa, que han hecho y vienen haciendo de este hermoso folclor una peculiar puesta en escena de la gran farsa que, en verdad, los identifica.
Interesante, sin embargo, el hecho que acaba de producirse en el preámbulo del 42° Festival de la Leyenda Vallenata que se llevará a cabo en Valledupar-Cesar del 28 de abril al 2 de mayo de 2009. Me refiero al taller teórico-práctico para jurados de festivales de música vallenata. Bastante falta les hace a los distintos concursos contar con jurados competentes y capaces de sobreponerse a las insufribles roscas de siempre, cuando no a otro tipo de presiones o al pago recíproco de favores. Pueda ser que ahora que la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata se encuentra, por así decirlo, en el ojo del huracán, aprovechen sus miembros y directivos para repensar positivamente el curso del Festival, frenando excesos y corrigiendo equívocos sin dejarse llevar, eso sí, por el resultado preocupante de encuestas como las que relaciono en el primer párrafo de este artículo. Educación y folclor: ¡he ahí otra ecuación pendiente de cara a un verdadero progreso cultural!
Rosendo Romero puso ya el dedo en la llaga con su ponencia en el taller que menciono al plantear, con respecto al concurso de la canción vallenata inédita, que las obras sean entregadas con seis meses de antelación para el estudio de su letra y su música, a fin de que no se limiten solamente al tema del certamen de turno. Muchas más cosas habría que decir al respecto pero por algo hay que empezar. No es un secreto que muchos compositores viven ahora a la caza de los premios que, ante el boom festivalero, han aumentado en cuantía. De ahí que se componga para los festivales con la misma lógica del compositor comercial: vender, competir, intrigar, acomodarse.
Canciones del alma, realmente sentidas, poética y textualmente novedosas… pocas. Y la trampa, obviamente, hace parte de este embeleco musical cuando algunos compositores se ponen de acuerdo y establecen una especie de sociedad burlesca y oportunista para estar en cuanto festival puedan, ingeniándose la manera de participar con varias canciones. Una misma canción puede circular (ajustando la letra) por varios festivales hasta ganar, incluso, a nombre de otra persona. La plata justifica éste y otros desmanes bajo la complicidad de organizadores que entran en la repartición de la torta infame. Modus vivendi, sin duda, más propio de traficantes que de artistas.
No deja de ser tampoco reprochable que compositores comerciales se den el lujo de ganar festivales con canciones de mejor factura y a la hora de las grabaciones se olviden de ello. Van a los festivales para contrarrestar, con ese mínimo de vergüenza y contentillo, las justas críticas que se les hacen, pero el estercolero sentimental, al tiempo de entregar canciones, los delata y apasiona. Es en todo caso peligroso para el folclor que este tipo de compositores encuentren eco y espacio en eventos llamados a reivindicar la dignidad y vigencia del vallenato, pues tarde o temprano sus versos insulsos, sus melodías aparatosas y sus ritmos falsamente alegres podrían apoderarse por completo de la fiesta.
Muchas expectativas trajo consigo el Primer Festival Francisco El Hombre de Riohacha. Pero a juzgar por la canción inédita ganadora (VOY A QUERERTE: de la autoría de José Iván Marín e interpretada por Héctor Arturo Zuleta y Luis José Villa en el acordeón) no es bueno, a mi juicio -al menos en este aspecto-, el balance de dicho evento.
Bien, no es más por ahora. Me queda aún pendiente el comentario crítico sobre el trabajo de Jorge Celedón… Y ya están en mente, para el mismo fin, Fabián Corrales, Peter Manjarrés y, si es que algún día sale, la producción musical de Diomedes Díaz, a quien, dicho sea de paso, percibí musicalmente muy mal (sin voz, sin medida, sin fuerza) durante presentación reciente en tarima al lado de Poncho Zuleta…
Amanecerá y veremos. Saludo vallenato,
FBA
viernes, 6 de marzo de 2009
Sobre el poemario de José Luis Garcés González, “Sombra en los aljibes”:
Degusté “Sombra en los aljibes” frase por frase, verso a verso. Particularmente, encontré afinidades temáticas frente a las cuales me declaro cómplice y solidario. Por ejemplo, “quien quita que cualquier día construyas tu canción”. O: “Vive solo. Húndete solo. Trata de ser el dueño de tu propio naufragio”. Intuyo, además, en “La vida verdadera” una apuesta muy válida por la soledad de la poesía que, en “La ignición de la memoria”, retoma las aguas profundas del silencio, ese silencio “que todo lo hace grande y doloroso”.
Pero hay más. Muchos más versos vitalmente contagiosos: el poeta no sólo se sumerge en aguas profundas, sino también en la noche de la que procede y a la que, sin duda, regresará. Y se sumerge, por supuesto, ileso, “cantando entre residuos y reproches”. Como debe ser.
“Sombra en los aljibes” es un texto que deja un buen sabor en la boca. Ahí están también las canoas y tinajas de nuestro Sinú ancestral, las alboradas festivas aplaudidas por los muertos, las iguanas y mangos de una tierra que dejó de beber en la utopía, la música de un río inolvidable al que “decidieron sacarle electricidad de sus entrañas y quedó convertido en una lánguida promesa”. Un creativo dolor al que me sumo desde la trivialidad de la distancia…
Sin embargo, “Fidelidad” y “Preguntas a una mariposa vieja” son, por alguna extraña razón, mis favoritos. No puedo, en todo caso, escapar de la poesía donde se refleja la conciencia social y política del poeta, y que, a mi juicio, se sobrepone a la injustificada prevención artística que ve en ello un atentado contra la pulcritud formal del verso. Como diría el poeta de origen brasileño Eduardo García, romper el verso atreviéndonos a arriesgar es algo que aprecia muy latinoamericano y saludable en pos de lo que él llama “la vida nueva”.
Pues bien, no me cabe duda de que haciendo a un lado los intolerables elogios las palabras cantadas de José Luis “quedarán intactas y serán eternas”. Su trágico cuchillo contra la injusticia; sus preocupaciones pedagógicas; las breves armonías que secundan su queja en torno a la patria, la guerra y la muerte, y, por último, el amor y esas queridas ausencias nos convidan de una manera original a ser lo que se es sin olvidar otro saldo más de la vieja alegría: el yo que se reconoce cercado por su propia canción.
Degusté “Sombra en los aljibes” frase por frase, verso a verso. Particularmente, encontré afinidades temáticas frente a las cuales me declaro cómplice y solidario. Por ejemplo, “quien quita que cualquier día construyas tu canción”. O: “Vive solo. Húndete solo. Trata de ser el dueño de tu propio naufragio”. Intuyo, además, en “La vida verdadera” una apuesta muy válida por la soledad de la poesía que, en “La ignición de la memoria”, retoma las aguas profundas del silencio, ese silencio “que todo lo hace grande y doloroso”.
Pero hay más. Muchos más versos vitalmente contagiosos: el poeta no sólo se sumerge en aguas profundas, sino también en la noche de la que procede y a la que, sin duda, regresará. Y se sumerge, por supuesto, ileso, “cantando entre residuos y reproches”. Como debe ser.
“Sombra en los aljibes” es un texto que deja un buen sabor en la boca. Ahí están también las canoas y tinajas de nuestro Sinú ancestral, las alboradas festivas aplaudidas por los muertos, las iguanas y mangos de una tierra que dejó de beber en la utopía, la música de un río inolvidable al que “decidieron sacarle electricidad de sus entrañas y quedó convertido en una lánguida promesa”. Un creativo dolor al que me sumo desde la trivialidad de la distancia…
Sin embargo, “Fidelidad” y “Preguntas a una mariposa vieja” son, por alguna extraña razón, mis favoritos. No puedo, en todo caso, escapar de la poesía donde se refleja la conciencia social y política del poeta, y que, a mi juicio, se sobrepone a la injustificada prevención artística que ve en ello un atentado contra la pulcritud formal del verso. Como diría el poeta de origen brasileño Eduardo García, romper el verso atreviéndonos a arriesgar es algo que aprecia muy latinoamericano y saludable en pos de lo que él llama “la vida nueva”.
Pues bien, no me cabe duda de que haciendo a un lado los intolerables elogios las palabras cantadas de José Luis “quedarán intactas y serán eternas”. Su trágico cuchillo contra la injusticia; sus preocupaciones pedagógicas; las breves armonías que secundan su queja en torno a la patria, la guerra y la muerte, y, por último, el amor y esas queridas ausencias nos convidan de una manera original a ser lo que se es sin olvidar otro saldo más de la vieja alegría: el yo que se reconoce cercado por su propia canción.
FBA
viernes, 27 de febrero de 2009
Más Prosa…
(sin fecha)
CÁUSTICAS CANCIONES:
Pareciera que Dios no se percata a tiempo de las consecuencias de su extraordinaria creación: este pequeño hombre de fuertes ideales, de concisos escrúpulos, de farragosa memoria, de maldades esbeltas. Yo, sólo soy un payaso más en este circo de estrellas desechables; pero soy un payaso peligroso. Pienso a veces que podría, yo solo, acabar con el circo y, de paso, con el agradable sustento de mis patrones. Yo no entiendo cómo Dios pudo ser tan torpe; tan ingenuo. El hombre es la única bestia que existe en la naturaleza.
A ratos, me río de todas las estúpidas amantes que he poseído en mis falsos delirios; espantosas perras que producen placer y diagnostican (todo el mundo lo hace en estos tiempos de éxtasis político) sobre el amor y mi felicidad. Esta criatura que Dios no tan diabólicamente colocó en un planeta miserable, se da el lujo de amar, qué desastre, poderosa combinación de sentimientos, ternura salvaje, cerebrales angustias, especiales rutinas donde mandan las locas tiranías… Y la bondad? Tanto como el maldito goce de esas amantes tiernas cuando vulgarmente las amo. No, no NO…; perdón, pero no quiero consolidarme, me fastidia la tristeza, la belleza del miedo, la porquería inmensa de un castillo de luces, las reivindicaciones sociales de esta bestia podrida.
Este mundo arderá, con su Dios de miserias, con la muerte enferma de vida, con los satánicos planes del universo y los muchos hombres cagones de injusticias. Una sola explosión que obligue a la construcción absoluta y a la permanente autodestrucción.
Corrección aclaratoria: mi maestro de Sociales me enseñó hoy que cada vez tiene más valor el ser socialista, si pensamos en las siniestras condiciones humanas. Socialista genuino, dice él, disimulando la risa.
FBA
(sin fecha)
CÁUSTICAS CANCIONES:
Pareciera que Dios no se percata a tiempo de las consecuencias de su extraordinaria creación: este pequeño hombre de fuertes ideales, de concisos escrúpulos, de farragosa memoria, de maldades esbeltas. Yo, sólo soy un payaso más en este circo de estrellas desechables; pero soy un payaso peligroso. Pienso a veces que podría, yo solo, acabar con el circo y, de paso, con el agradable sustento de mis patrones. Yo no entiendo cómo Dios pudo ser tan torpe; tan ingenuo. El hombre es la única bestia que existe en la naturaleza.
A ratos, me río de todas las estúpidas amantes que he poseído en mis falsos delirios; espantosas perras que producen placer y diagnostican (todo el mundo lo hace en estos tiempos de éxtasis político) sobre el amor y mi felicidad. Esta criatura que Dios no tan diabólicamente colocó en un planeta miserable, se da el lujo de amar, qué desastre, poderosa combinación de sentimientos, ternura salvaje, cerebrales angustias, especiales rutinas donde mandan las locas tiranías… Y la bondad? Tanto como el maldito goce de esas amantes tiernas cuando vulgarmente las amo. No, no NO…; perdón, pero no quiero consolidarme, me fastidia la tristeza, la belleza del miedo, la porquería inmensa de un castillo de luces, las reivindicaciones sociales de esta bestia podrida.
Este mundo arderá, con su Dios de miserias, con la muerte enferma de vida, con los satánicos planes del universo y los muchos hombres cagones de injusticias. Una sola explosión que obligue a la construcción absoluta y a la permanente autodestrucción.
Corrección aclaratoria: mi maestro de Sociales me enseñó hoy que cada vez tiene más valor el ser socialista, si pensamos en las siniestras condiciones humanas. Socialista genuino, dice él, disimulando la risa.
FBA
miércoles, 18 de febrero de 2009
POESÍA EN PROSA? PROSA POÉTICA? PROSA…
(se publica tal como fue escrita, sin corrección alguna)
Aquí están las palabras, vírgenes y locas, recibiendo el duro instinto de la vida que necesitamos; ahora empezamos, con la primaria poesía capaz de remover este estado de sitio donde nos ha gustado permanecer estancados, pobremente felices… ahora, podremos percibir aromas nauseabundos, espectros llenos de mierda, culos del mal asombro. Esta vez el compromiso es serio, me soborna Satanás, el éxtasis abre su chucha cansada de milagros en las sotanas del saber, la calma reina, los payasos abundan, las pistolas también… esto que nos espera es duro, yo asumo solo mi derecho a la traición, desde acá puedo ver las primeras miserias.
Aquí están las palabras, vírgenes y locas, las putas palabras para un puto reino, los poetas necesitan algo más fuerte que el vinagre, un sobaco hediondo puede ser, unas tetas enormes donde mamar la muerte; el infierno apesta, en los patios traseros hueles el vino de quienes escupen la revolución entre privilegios, un gran pene gangrenoso cubre la gloria de los desocupados… tú empezaste, yo recién, mucho hay que decir y mostrar, el universo es blando, los buitres son curiosos.
Señoras y señores, ha comenzado la era monstruosa de la poesía, ha llegado la hora de cuidar bien vuestras cavernas.
(Agosto 21/91, miércoles)
FBA – DERECHOS RESERVADOS
(se publica tal como fue escrita, sin corrección alguna)
Aquí están las palabras, vírgenes y locas, recibiendo el duro instinto de la vida que necesitamos; ahora empezamos, con la primaria poesía capaz de remover este estado de sitio donde nos ha gustado permanecer estancados, pobremente felices… ahora, podremos percibir aromas nauseabundos, espectros llenos de mierda, culos del mal asombro. Esta vez el compromiso es serio, me soborna Satanás, el éxtasis abre su chucha cansada de milagros en las sotanas del saber, la calma reina, los payasos abundan, las pistolas también… esto que nos espera es duro, yo asumo solo mi derecho a la traición, desde acá puedo ver las primeras miserias.
Aquí están las palabras, vírgenes y locas, las putas palabras para un puto reino, los poetas necesitan algo más fuerte que el vinagre, un sobaco hediondo puede ser, unas tetas enormes donde mamar la muerte; el infierno apesta, en los patios traseros hueles el vino de quienes escupen la revolución entre privilegios, un gran pene gangrenoso cubre la gloria de los desocupados… tú empezaste, yo recién, mucho hay que decir y mostrar, el universo es blando, los buitres son curiosos.
Señoras y señores, ha comenzado la era monstruosa de la poesía, ha llegado la hora de cuidar bien vuestras cavernas.
(Agosto 21/91, miércoles)
FBA – DERECHOS RESERVADOS
lunes, 9 de febrero de 2009
Una pérdida lamentable (a un ladrón de infortunios):
En 1994, un miércoles santo de ingrata pero placentera (literalmente hablando) recordación, estrenaba trabajo festejando el inusitado hecho con compañeros de labores en un antro de la ciudad cuando, pasada la medianoche, me dirigí en compañía de una fémina adorable a una mesa de fritos y a nuestro regreso, llegando al sitio, libré una batalla histórica contra un par de ladronzuelos de baja estofa que salieron repentinamente de la oscuridad. Una vez me deshice milagrosamente del que me aseguraba por detrás, forcejeé con el que se me puso al frente, cuchillo en mano, tratando de arrebatarme el maletín donde, suponía, estaba el tesoro informado. Lo llevé, poco a poco, hasta la puerta de entrada al burdel, logrando zanjar el barro y las arremetidas del nervioso asaltante, quien, retrocediendo, tiraba del bolso infructuosamente, respondiendo yo con el atrevimiento y la descomunal fuerza de algo más de doce horas ingiriendo whisky y aguardiente.
Pero la fortuna (siempre esquiva) no estaba conmigo y cuando el Director de la oficina donde trabajaba -intrigado por los gritos tardíos y cómplices de la fémina- se acercó a la puerta, su llamado a que le arrojara el maletín que en ese preciso momento acababa de recuperar no contó con la reacción prevenida que era de esperarse, al no advertir la presencia de un candado que cerraba la reja de protección. El ladrón, ni corto ni perezoso, apenas vio salir por los aires el objeto de su deseo y ad portas de ser increíblemente derrotado, abandonó la gresca, dribló a lo Robinho tras un Renault 4 estacionado junto al lugar, y finalmente voló (no es una hipérbole) con aquel trofeo de mi desdicha dejándome con mi navajita de campaña ya empuñada y a punto de improvisar. El otro amigo de correrías, de quien pensé después me hubiera prestado una óptima colaboración, yacía entrelazado con una negra gigante luego de su tercera o quizá cuarta faena de inspirada e inverosímil plenitud.
El desenlace de este doloroso episodio sólo tuve fuerzas para precisarlo el 15 de septiembre de 2000 dejando la siguiente constancia manuscrita: “NOTA DEL AUTOR: el cuaderno que contenía la poesía en prosa o prosa poética de después del 15 de junio de 1984 hasta poco antes de la Semana Santa de 1994, desapareció, junto con el salario oficial y otras menudas pertenencias, por arte de atraco en plena víspera de crucifixión, al calor de inagotables escoceses en notable amanecida putañera”.
De este ejercicio literario que emprendí en 1980, conservo el material precedente y lo escrito a partir del 25 de junio de 1994. Publicaré algunos apartes en este blog tal como reposan transcritos en otro cuaderno cuya última anotación aparece fechada en Guarne-Antioquia el miércoles 18 de febrero de 2004. Del ímpetu de aquellos diez años de literatura perdidos no fue mucho lo que logré recuperar durante los siguientes diez años, sobreponiéndome difícilmente a su (ahora lo pienso) tal vez beneficiosa partida. Entre tanto, proyectos de otro orden, superando sus propias dificultades, han logrado salir avante. Todavía me ronda eso sí la misma inquietante pregunta: ¿subsistirá ese viejo cuaderno de apuntes cargado de vicisitudes, maldades, venganzas e infortunios? A lo mejor cualquier día, por esas vueltas irónicas del destino, vuelve a su redil…
Esta prosa poética (o digamos prosa, a secas, para evitar los tintes pretenciosos) se etiquetará en: Literatura, intercalada con otros aspectos del blog.
FBA
En 1994, un miércoles santo de ingrata pero placentera (literalmente hablando) recordación, estrenaba trabajo festejando el inusitado hecho con compañeros de labores en un antro de la ciudad cuando, pasada la medianoche, me dirigí en compañía de una fémina adorable a una mesa de fritos y a nuestro regreso, llegando al sitio, libré una batalla histórica contra un par de ladronzuelos de baja estofa que salieron repentinamente de la oscuridad. Una vez me deshice milagrosamente del que me aseguraba por detrás, forcejeé con el que se me puso al frente, cuchillo en mano, tratando de arrebatarme el maletín donde, suponía, estaba el tesoro informado. Lo llevé, poco a poco, hasta la puerta de entrada al burdel, logrando zanjar el barro y las arremetidas del nervioso asaltante, quien, retrocediendo, tiraba del bolso infructuosamente, respondiendo yo con el atrevimiento y la descomunal fuerza de algo más de doce horas ingiriendo whisky y aguardiente.
Pero la fortuna (siempre esquiva) no estaba conmigo y cuando el Director de la oficina donde trabajaba -intrigado por los gritos tardíos y cómplices de la fémina- se acercó a la puerta, su llamado a que le arrojara el maletín que en ese preciso momento acababa de recuperar no contó con la reacción prevenida que era de esperarse, al no advertir la presencia de un candado que cerraba la reja de protección. El ladrón, ni corto ni perezoso, apenas vio salir por los aires el objeto de su deseo y ad portas de ser increíblemente derrotado, abandonó la gresca, dribló a lo Robinho tras un Renault 4 estacionado junto al lugar, y finalmente voló (no es una hipérbole) con aquel trofeo de mi desdicha dejándome con mi navajita de campaña ya empuñada y a punto de improvisar. El otro amigo de correrías, de quien pensé después me hubiera prestado una óptima colaboración, yacía entrelazado con una negra gigante luego de su tercera o quizá cuarta faena de inspirada e inverosímil plenitud.
El desenlace de este doloroso episodio sólo tuve fuerzas para precisarlo el 15 de septiembre de 2000 dejando la siguiente constancia manuscrita: “NOTA DEL AUTOR: el cuaderno que contenía la poesía en prosa o prosa poética de después del 15 de junio de 1984 hasta poco antes de la Semana Santa de 1994, desapareció, junto con el salario oficial y otras menudas pertenencias, por arte de atraco en plena víspera de crucifixión, al calor de inagotables escoceses en notable amanecida putañera”.
De este ejercicio literario que emprendí en 1980, conservo el material precedente y lo escrito a partir del 25 de junio de 1994. Publicaré algunos apartes en este blog tal como reposan transcritos en otro cuaderno cuya última anotación aparece fechada en Guarne-Antioquia el miércoles 18 de febrero de 2004. Del ímpetu de aquellos diez años de literatura perdidos no fue mucho lo que logré recuperar durante los siguientes diez años, sobreponiéndome difícilmente a su (ahora lo pienso) tal vez beneficiosa partida. Entre tanto, proyectos de otro orden, superando sus propias dificultades, han logrado salir avante. Todavía me ronda eso sí la misma inquietante pregunta: ¿subsistirá ese viejo cuaderno de apuntes cargado de vicisitudes, maldades, venganzas e infortunios? A lo mejor cualquier día, por esas vueltas irónicas del destino, vuelve a su redil…
Esta prosa poética (o digamos prosa, a secas, para evitar los tintes pretenciosos) se etiquetará en: Literatura, intercalada con otros aspectos del blog.
FBA
Más sobre El Decimero Mayor:
Me aclara el decimero Filiberto Hernández que la producción literaria de Alejandro Martelo alcanzó la cifra de 17.000 décimas. En torno a su publicación, Daniel Samper Pizano estuvo interesado en ello y es posible que aún el proyecto persista. A propósito de este periodista, muy buena y esclarecedora su crónica publicada en El Tiempo acerca de su intervención como garante en la liberación reciente de cuatro militares colombianos. Ojalá nos sirva para repensar nuestro presente y nuestro futuro de cara a la necesidad del cambio político, económico, cultural, educativo y social que es urgente aclimatar en un país de tantas penurias y desastres.
FBA
Nota: el texto de Samper Pizano se puede leer también en http://solidaridadperiodistas.blogspot.com (cortesía de kolikoros.blogspot.com)
Me aclara el decimero Filiberto Hernández que la producción literaria de Alejandro Martelo alcanzó la cifra de 17.000 décimas. En torno a su publicación, Daniel Samper Pizano estuvo interesado en ello y es posible que aún el proyecto persista. A propósito de este periodista, muy buena y esclarecedora su crónica publicada en El Tiempo acerca de su intervención como garante en la liberación reciente de cuatro militares colombianos. Ojalá nos sirva para repensar nuestro presente y nuestro futuro de cara a la necesidad del cambio político, económico, cultural, educativo y social que es urgente aclimatar en un país de tantas penurias y desastres.
FBA
Nota: el texto de Samper Pizano se puede leer también en http://solidaridadperiodistas.blogspot.com (cortesía de kolikoros.blogspot.com)
miércoles, 28 de enero de 2009
UN DECIMERO FUERA DE SERIE
Si decimos, a secas, “Homenaje a la Chucha”, muchos relacionarán enseguida una serie de versos cantados a capela que circulan en Internet y que son usados, incluso, como ringtones por empresas de telefonía celular. Muy pocos, lamentablemente, sabrán que el homenaje a tan distinguida dama es obra de un excepcional poeta y decimero oriundo de San Joaquín-Mahates-Bolívar (Colombia), quien se desempeñó por espacio de quince años como Inspector de Trabajo del Municipio de Sahagún (Córdoba-Colombia), hasta el día de su muerte, acaecida en Cartagena de Indias el 16 de septiembre de 2006 cuando, incapacitado, se recuperaba de un derrame cerebral que le sobrevino en tarima acabando de interpretar su décima titulada “El mango”.
Me refiero, por supuesto, al doctor Alejandro Martelo Escobar. Estamos en mora (los cordobeses también) de reconocerle a Alejandro Martelo la dimensión que realmente se merece. Es claro que la obra que arriba menciono (hoy en versión champeta) no desfavorece para nada a la hora de examinarse como un todo la riqueza cultural de su autor, quien se dio, además, a la tarea de dejar para el disfrute popular otras estrofas de similar ardentía, con el picante y la gracia que solía imprimirle a sus ocurrencias, y que, escuchadas de su poderosa voz, resonaban larga y silenciosamente con toda la belleza inconfundible de su estilo.
Pero Alejandro Martelo fue más, mucho más que su “Homenaje a la Chucha”: un lírico descomunal que supo cantarle al amor, a la naturaleza, a la amistad y a los distintos avatares provincianos con un sentido universal y humano digno de grandes hazañas literarias. Por su pulido verso desfilaron sujetos que se hicieron acreedores del exquisito humor vengativo que artísticamente lo acompañaba, y sobre la décima misma -a la manera de los mejores maestros-, nos dejó reflexiones críticas y autocríticas de valor incalculable. Daba gusto oír sus eruditas introducciones antes de cantar o declamar una décima, esta composición poética de diez versos octosílabos a la que dedicó sumos esfuerzos y metrallas por los caminos de los españoles Vicente Espinel y Francisco de Quevedo. Gran repentista, improvisaba a sus anchas sin mezquindades ni egolatrías, impregnado de sencillos valores que urge recomendar a tantos músicos y artistas de postín que a la hora de la verdad es poco o nada lo que tienen de imperecedero.
Compositores como Martín Madera (quien derramó conmovedoras e interminables lágrimas el día de su entierro) y escritores de la talla intelectual de Daniel Samper Pizano se ocuparon, en su momento, de este decimero inigualable, sin olvidar su cercanía con el mundo vallenato donde también llegó a ser conocido y respetado por diversas personalidades de este folclor. Murió en plena batalla por la autenticidad de la poesía cuando su producción -vastísima pero a la vez inagotable- tenía todavía mucha vida reservada. Sus deudos (de sangre y culturales, entre los que me incluyo) tienen el enorme compromiso de publicar, en medio impreso, una obra poética llamada a abarcar espacios de mayor amplitud, a fin de que aquello que se cultivó y creció entre festivales, tertulias y parrandas reciba el homenaje integral y el reconocimiento general que su autor amerita. El legado de este monstruo del canto popular (que da para varios tomos según me he podido informar: entre 12.000 y 15.000 décimas) está a la espera de ser ampliamente divulgado.
Compartí con el doctor Martelo inolvidables momentos donde su poética primaba en medio de la sincera admiración de sus amigos, pese a que no faltaban oscuros individuos incapaces de toda consideración artística, que únicamente reclamaban del decimero las décimas que se prestaban -sin tener en cuenta su valor poético intrínseco y contextual- para la jocosidad y la recocha. Pero como él mismo lo precisara alguna vez, ya para el 2002 contaba con treinta y tres años de experiencia dedicados a la investigación, escritura y canto de la décima. Tuve la oportunidad de grabar varias de estas reuniones, recogidas en un valioso material que conservo como auténtico tesoro.
Sus décima “Yo soy así” y “Quiero querer” estuvieron siempre encabezando las complacencias afectivas pero como éstas son muchas las que rinden honor a su grandeza. Me faltó, eso sí, una… una muy especial, una décima que le solicité en varias ocasiones y que él, con maliciosa sonrisa, fue aplazando y aplazando como a la espera del momento oportuno para su creación: una décima dedicada al río de mis desvelos, al Sinú de mi Montería natal, hoy degradado por la muerte y el progreso. No era, por supuesto, su alegría ni su dolor pero como gran poeta sabía que en la alegría y el dolor ajenos también suele regodearse el arte.
Pero el compadre se fue y entre abril y mayo de 2008 un paseo vallenato de mi autoría surgió con el siguiente título: La Décima del río Sinú. Una canción para recordar al maestro y para continuar la búsqueda, bajo su batuta prodigiosa, de la décima anhelada. Por eso, cuando al calor de unos buenos tragos y en noches solitarias escucho a la distancia un grito con sabor decimero, pienso que es el doctor Martelo que sigue cantando para regocijo y orgullo de quienes fuimos y somos, desde la irrealidad terrenal, entrañables seguidores de su verbo milagroso.
Publico a continuación una muestra de este decimero fuera de serie, llamado también "El Decimero Mayor":
Su propia “Presentación”:
Yo soy un san joaquinero
que aprendí a cantar poesía
escuchando las que hacían
los mejores decimeros,
recorrí por los senderos
de este arte popular
y aprendí a improvisar
los versos que voy cantando
llevo por nombre Alejandro
y soy Martelo Escobar.
De “El Sabiondo”, 3 estrofas:
Que no me llamen poeta
de poeta no tengo nada
cualquiera hace una versada
sabiéndose la receta,
pero lo que más me inquieta
de muchos compositores
es que se llenan de honores
cantando poesías muy buenas
que al final de la faena
son obra de otros autores.
El don de la inteligencia
es cualidad de unos pocos
músicos, poetas y locos
que nadan en la demencia,
si hay algo de consistencia
en este razonamiento
debe ser porque yo cuento
con algo particular,
sólo me gusta cantar
lo que vivo y lo que siento.
Soy el cantor matinal
que despierta a las auroras
igual que el ave canora
que trina en el matorral,
en el arte decimal
mi verso no tiene fondo
por eso siempre respondo
de acuerdo con la razón,
el sabio fue Salomón
yo sólo soy un sabiondo.
De “A los poetas aprendices”, 2:
Las leyes de la poesía
indican que su medida
debe ser distribuida
con la misma simetría,
los poetas de hoy en día
todo lo hacen a lo inverso
y hay que hacer un gran esfuerzo
para poderla entender
pues no han podido aprender
siquiera a medir un verso.
Para ser buen decimero
no es necesario hacer bulla
ni ponerse a echarle puyas
a los otros compañeros,
mi canto no es de jilguero,
tampoco de ruiseñor,
jamás he sido el mejor
pero conozco el lugar
que estoy llamado a ocupar
dentro de nuestro folclor.
De “A los poetas modernos”, 2:
Un poeta sin resonancia
de ésos que dañan poesía
despotrica de las mías
porque llevan asonancia,
no le llegó la fragancia
de mi verso a la nariz,
pues desconoce el matiz
de la poesía verdadera
sensible, clara y ligera
del cogollo a la raíz.
Escribir por escribir
sin el mensaje debido
es el gran contrasentido
de ésos que quieren surgir,
no se dejan corregir
ni se ciñen a la norma
van inventando reformas
como grandes literatos,
quieren hacer el zapato
sin colocarle la horma.
De “El idiota”, 1:
Aquél que nace pequeño
y de pronto se engrandece
la soberbia lo embrutece
para dañarle los sueños,
vive en un loco empeño
de idiota civilizado
piensa que porque ha logrado
un puestecito en la altura
es la máxima figura
del mundo que lo ha encumbrado.
De “Quiero querer”, 4 estrofas:
Quiero una rima perfecta
pero que tenga sentido
para que el verso pulido
dé la décima selecta,
como a mí nada me afecta
cuando de cantar se trata
escribo en versos de plata
un concierto decimero
con grito de parrandero
en noches de serenata.
Quiero un pedazo de cielo
para dormir dentro de él
y un pétalo de clavel
me sirva como pañuelo,
quiero levantar el vuelo
veloz como el pensamiento
para escribir sobre el viento
con la sangre de mi pecho
los versos que alegre han hecho
mis ratos de sufrimiento.
Quiero volver a nacer
para crecer nuevamente,
ser un niño inteligente
entre frases de placer,
quiero enseñar a querer
sin ninguna hipocresía,
quiero cantar la poesía
auténtica y popular
como se suele cantar
allá por la tierra mía.
Quiero el olor a placer
de mi negra consentida,
quiero el saber de la vida
para poder componer,
quiero aprender a querer
la mujer por su silueta
con la fragancia completa
que da su cuerpo moreno
para dormirme en su seno
y sentirme más poeta.
De “Yo soy así”, 2:
Tengo el sentimiento grande
como el espacio del cielo,
soy Alejandro Martelo
por donde quiera que ande,
no hay tristeza que me ablande
ni dolor que me atormente
ni fuerza por muy potente
que me pueda doblegar,
yo soy quien suele cantar
para alegrar a la gente.
A mí jamás me incomoda
un cambio de situación
porque tengo un corazón
que no cambia con la moda,
si el camino se me enloda
lo desecho con cuidado
de corroncho ha sido el grado
que me dan mis compañeros
por ser humilde y sincero
cual campesino olvidado.
De la “Carta decimera a doña Consuelo”, donde solicita un cupo para la Décima en el Festival de la Leyenda Vallenata (escrita en noviembre 9 de 2000, se compone de 10 estrofas y vale la pena, por su componente folclórico, transcribirse toda; se hará en posterior entrega sobre el tema de los Festivales), 3 estrofas:
Señora doña Consuelo
reciba un cordial abrazo
que le envío desde el parnaso
donde están los decimeros,
como poeta sólo quiero
que en los mitos y leyendas
nos incluya como prenda
que pueda garantizar
que la tradición oral
circule por buena senda.
Quiero que Valledupar
oiga una décima mía
con Rafael Pérez García
otro auténtico juglar,
que la brisa al juguetear
con los mangos de la plaza
nos diga que ésa es la casa
del gran folclor vallenato
donde lucieron Colacho
y el finado Octavio Daza.
A usted como folclorista
le pedimos el favor
que en pro de nuestro folclor
nos apoye y nos asista,
el verseador repentista
saca los versos al vuelo
por eso doña Consuelo
necesitamos su ayuda
en favor de la cultura
firma Alejandro Martelo.
Finalmente, DOS ANÉCDOTAS:
La primera, para los muchos adictos y fogosos degustadores del “precioso instrumento”: en torno al “Homenaje a la Chucha” le pregunté una vez a Martelo -al notar que su famoso Homenaje crecía cada vez en número de estrofas- si tenía una versión definitiva de dicha décima, a lo que respondió que la décima de la chucha no tenía fin por aquello de las infinitas dotes de la artista. Así que, saber a ciencia cierta hasta qué número de estrofas llegó a crecer tan encantadora damisela no es nada fácil, sobre todo porque nuestro juglar componía e improvisaba de manera constante, y es posible entonces que hasta el último momento haya tenido otra estrofa agradecida en mente.
La segunda, tiene que ver con su ejercicio profesional como Inspector de Trabajo. Ante la denuncia temeraria de un sindicato por presentarse a una diligencia administrativa en abarcas, respondió ante un Procurador Regional lo siguiente: “… de que fui en abarcas, eso es cierto pero no estoy obligado a dar explicaciones a ellos ni a nadie sobre el porqué uso abarcas; primero, porque usar abarcas no está prohibido, y segundo, porque yo no tengo ninguna clase de prejuicios para actuar. Lo deplorable del comportamiento de los señores del sindicato es que siendo ellos personas versadas en relaciones interpersonales, sociales y humanas… se hayan dedicado solamente a verme los pies. Eso demuestra lo bajo que miran, cuánta mediocridad y pobreza intelectual, cuánto retrogradismo, que en pleno siglo XXI todavía los prejuicios medievales le permitan a los sindicalistas que dejó el siglo XX medir las capacidades de una persona por los pies y no por la cabeza...”.
Huelgan los comentarios.
FBA
Si decimos, a secas, “Homenaje a la Chucha”, muchos relacionarán enseguida una serie de versos cantados a capela que circulan en Internet y que son usados, incluso, como ringtones por empresas de telefonía celular. Muy pocos, lamentablemente, sabrán que el homenaje a tan distinguida dama es obra de un excepcional poeta y decimero oriundo de San Joaquín-Mahates-Bolívar (Colombia), quien se desempeñó por espacio de quince años como Inspector de Trabajo del Municipio de Sahagún (Córdoba-Colombia), hasta el día de su muerte, acaecida en Cartagena de Indias el 16 de septiembre de 2006 cuando, incapacitado, se recuperaba de un derrame cerebral que le sobrevino en tarima acabando de interpretar su décima titulada “El mango”.
Me refiero, por supuesto, al doctor Alejandro Martelo Escobar. Estamos en mora (los cordobeses también) de reconocerle a Alejandro Martelo la dimensión que realmente se merece. Es claro que la obra que arriba menciono (hoy en versión champeta) no desfavorece para nada a la hora de examinarse como un todo la riqueza cultural de su autor, quien se dio, además, a la tarea de dejar para el disfrute popular otras estrofas de similar ardentía, con el picante y la gracia que solía imprimirle a sus ocurrencias, y que, escuchadas de su poderosa voz, resonaban larga y silenciosamente con toda la belleza inconfundible de su estilo.
Pero Alejandro Martelo fue más, mucho más que su “Homenaje a la Chucha”: un lírico descomunal que supo cantarle al amor, a la naturaleza, a la amistad y a los distintos avatares provincianos con un sentido universal y humano digno de grandes hazañas literarias. Por su pulido verso desfilaron sujetos que se hicieron acreedores del exquisito humor vengativo que artísticamente lo acompañaba, y sobre la décima misma -a la manera de los mejores maestros-, nos dejó reflexiones críticas y autocríticas de valor incalculable. Daba gusto oír sus eruditas introducciones antes de cantar o declamar una décima, esta composición poética de diez versos octosílabos a la que dedicó sumos esfuerzos y metrallas por los caminos de los españoles Vicente Espinel y Francisco de Quevedo. Gran repentista, improvisaba a sus anchas sin mezquindades ni egolatrías, impregnado de sencillos valores que urge recomendar a tantos músicos y artistas de postín que a la hora de la verdad es poco o nada lo que tienen de imperecedero.
Compositores como Martín Madera (quien derramó conmovedoras e interminables lágrimas el día de su entierro) y escritores de la talla intelectual de Daniel Samper Pizano se ocuparon, en su momento, de este decimero inigualable, sin olvidar su cercanía con el mundo vallenato donde también llegó a ser conocido y respetado por diversas personalidades de este folclor. Murió en plena batalla por la autenticidad de la poesía cuando su producción -vastísima pero a la vez inagotable- tenía todavía mucha vida reservada. Sus deudos (de sangre y culturales, entre los que me incluyo) tienen el enorme compromiso de publicar, en medio impreso, una obra poética llamada a abarcar espacios de mayor amplitud, a fin de que aquello que se cultivó y creció entre festivales, tertulias y parrandas reciba el homenaje integral y el reconocimiento general que su autor amerita. El legado de este monstruo del canto popular (que da para varios tomos según me he podido informar: entre 12.000 y 15.000 décimas) está a la espera de ser ampliamente divulgado.
Compartí con el doctor Martelo inolvidables momentos donde su poética primaba en medio de la sincera admiración de sus amigos, pese a que no faltaban oscuros individuos incapaces de toda consideración artística, que únicamente reclamaban del decimero las décimas que se prestaban -sin tener en cuenta su valor poético intrínseco y contextual- para la jocosidad y la recocha. Pero como él mismo lo precisara alguna vez, ya para el 2002 contaba con treinta y tres años de experiencia dedicados a la investigación, escritura y canto de la décima. Tuve la oportunidad de grabar varias de estas reuniones, recogidas en un valioso material que conservo como auténtico tesoro.
Sus décima “Yo soy así” y “Quiero querer” estuvieron siempre encabezando las complacencias afectivas pero como éstas son muchas las que rinden honor a su grandeza. Me faltó, eso sí, una… una muy especial, una décima que le solicité en varias ocasiones y que él, con maliciosa sonrisa, fue aplazando y aplazando como a la espera del momento oportuno para su creación: una décima dedicada al río de mis desvelos, al Sinú de mi Montería natal, hoy degradado por la muerte y el progreso. No era, por supuesto, su alegría ni su dolor pero como gran poeta sabía que en la alegría y el dolor ajenos también suele regodearse el arte.
Pero el compadre se fue y entre abril y mayo de 2008 un paseo vallenato de mi autoría surgió con el siguiente título: La Décima del río Sinú. Una canción para recordar al maestro y para continuar la búsqueda, bajo su batuta prodigiosa, de la décima anhelada. Por eso, cuando al calor de unos buenos tragos y en noches solitarias escucho a la distancia un grito con sabor decimero, pienso que es el doctor Martelo que sigue cantando para regocijo y orgullo de quienes fuimos y somos, desde la irrealidad terrenal, entrañables seguidores de su verbo milagroso.
Publico a continuación una muestra de este decimero fuera de serie, llamado también "El Decimero Mayor":
Su propia “Presentación”:
Yo soy un san joaquinero
que aprendí a cantar poesía
escuchando las que hacían
los mejores decimeros,
recorrí por los senderos
de este arte popular
y aprendí a improvisar
los versos que voy cantando
llevo por nombre Alejandro
y soy Martelo Escobar.
De “El Sabiondo”, 3 estrofas:
Que no me llamen poeta
de poeta no tengo nada
cualquiera hace una versada
sabiéndose la receta,
pero lo que más me inquieta
de muchos compositores
es que se llenan de honores
cantando poesías muy buenas
que al final de la faena
son obra de otros autores.
El don de la inteligencia
es cualidad de unos pocos
músicos, poetas y locos
que nadan en la demencia,
si hay algo de consistencia
en este razonamiento
debe ser porque yo cuento
con algo particular,
sólo me gusta cantar
lo que vivo y lo que siento.
Soy el cantor matinal
que despierta a las auroras
igual que el ave canora
que trina en el matorral,
en el arte decimal
mi verso no tiene fondo
por eso siempre respondo
de acuerdo con la razón,
el sabio fue Salomón
yo sólo soy un sabiondo.
De “A los poetas aprendices”, 2:
Las leyes de la poesía
indican que su medida
debe ser distribuida
con la misma simetría,
los poetas de hoy en día
todo lo hacen a lo inverso
y hay que hacer un gran esfuerzo
para poderla entender
pues no han podido aprender
siquiera a medir un verso.
Para ser buen decimero
no es necesario hacer bulla
ni ponerse a echarle puyas
a los otros compañeros,
mi canto no es de jilguero,
tampoco de ruiseñor,
jamás he sido el mejor
pero conozco el lugar
que estoy llamado a ocupar
dentro de nuestro folclor.
De “A los poetas modernos”, 2:
Un poeta sin resonancia
de ésos que dañan poesía
despotrica de las mías
porque llevan asonancia,
no le llegó la fragancia
de mi verso a la nariz,
pues desconoce el matiz
de la poesía verdadera
sensible, clara y ligera
del cogollo a la raíz.
Escribir por escribir
sin el mensaje debido
es el gran contrasentido
de ésos que quieren surgir,
no se dejan corregir
ni se ciñen a la norma
van inventando reformas
como grandes literatos,
quieren hacer el zapato
sin colocarle la horma.
De “El idiota”, 1:
Aquél que nace pequeño
y de pronto se engrandece
la soberbia lo embrutece
para dañarle los sueños,
vive en un loco empeño
de idiota civilizado
piensa que porque ha logrado
un puestecito en la altura
es la máxima figura
del mundo que lo ha encumbrado.
De “Quiero querer”, 4 estrofas:
Quiero una rima perfecta
pero que tenga sentido
para que el verso pulido
dé la décima selecta,
como a mí nada me afecta
cuando de cantar se trata
escribo en versos de plata
un concierto decimero
con grito de parrandero
en noches de serenata.
Quiero un pedazo de cielo
para dormir dentro de él
y un pétalo de clavel
me sirva como pañuelo,
quiero levantar el vuelo
veloz como el pensamiento
para escribir sobre el viento
con la sangre de mi pecho
los versos que alegre han hecho
mis ratos de sufrimiento.
Quiero volver a nacer
para crecer nuevamente,
ser un niño inteligente
entre frases de placer,
quiero enseñar a querer
sin ninguna hipocresía,
quiero cantar la poesía
auténtica y popular
como se suele cantar
allá por la tierra mía.
Quiero el olor a placer
de mi negra consentida,
quiero el saber de la vida
para poder componer,
quiero aprender a querer
la mujer por su silueta
con la fragancia completa
que da su cuerpo moreno
para dormirme en su seno
y sentirme más poeta.
De “Yo soy así”, 2:
Tengo el sentimiento grande
como el espacio del cielo,
soy Alejandro Martelo
por donde quiera que ande,
no hay tristeza que me ablande
ni dolor que me atormente
ni fuerza por muy potente
que me pueda doblegar,
yo soy quien suele cantar
para alegrar a la gente.
A mí jamás me incomoda
un cambio de situación
porque tengo un corazón
que no cambia con la moda,
si el camino se me enloda
lo desecho con cuidado
de corroncho ha sido el grado
que me dan mis compañeros
por ser humilde y sincero
cual campesino olvidado.
De la “Carta decimera a doña Consuelo”, donde solicita un cupo para la Décima en el Festival de la Leyenda Vallenata (escrita en noviembre 9 de 2000, se compone de 10 estrofas y vale la pena, por su componente folclórico, transcribirse toda; se hará en posterior entrega sobre el tema de los Festivales), 3 estrofas:
Señora doña Consuelo
reciba un cordial abrazo
que le envío desde el parnaso
donde están los decimeros,
como poeta sólo quiero
que en los mitos y leyendas
nos incluya como prenda
que pueda garantizar
que la tradición oral
circule por buena senda.
Quiero que Valledupar
oiga una décima mía
con Rafael Pérez García
otro auténtico juglar,
que la brisa al juguetear
con los mangos de la plaza
nos diga que ésa es la casa
del gran folclor vallenato
donde lucieron Colacho
y el finado Octavio Daza.
A usted como folclorista
le pedimos el favor
que en pro de nuestro folclor
nos apoye y nos asista,
el verseador repentista
saca los versos al vuelo
por eso doña Consuelo
necesitamos su ayuda
en favor de la cultura
firma Alejandro Martelo.
Finalmente, DOS ANÉCDOTAS:
La primera, para los muchos adictos y fogosos degustadores del “precioso instrumento”: en torno al “Homenaje a la Chucha” le pregunté una vez a Martelo -al notar que su famoso Homenaje crecía cada vez en número de estrofas- si tenía una versión definitiva de dicha décima, a lo que respondió que la décima de la chucha no tenía fin por aquello de las infinitas dotes de la artista. Así que, saber a ciencia cierta hasta qué número de estrofas llegó a crecer tan encantadora damisela no es nada fácil, sobre todo porque nuestro juglar componía e improvisaba de manera constante, y es posible entonces que hasta el último momento haya tenido otra estrofa agradecida en mente.
La segunda, tiene que ver con su ejercicio profesional como Inspector de Trabajo. Ante la denuncia temeraria de un sindicato por presentarse a una diligencia administrativa en abarcas, respondió ante un Procurador Regional lo siguiente: “… de que fui en abarcas, eso es cierto pero no estoy obligado a dar explicaciones a ellos ni a nadie sobre el porqué uso abarcas; primero, porque usar abarcas no está prohibido, y segundo, porque yo no tengo ninguna clase de prejuicios para actuar. Lo deplorable del comportamiento de los señores del sindicato es que siendo ellos personas versadas en relaciones interpersonales, sociales y humanas… se hayan dedicado solamente a verme los pies. Eso demuestra lo bajo que miran, cuánta mediocridad y pobreza intelectual, cuánto retrogradismo, que en pleno siglo XXI todavía los prejuicios medievales le permitan a los sindicalistas que dejó el siglo XX medir las capacidades de una persona por los pies y no por la cabeza...”.
Huelgan los comentarios.
FBA
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