martes, 30 de junio de 2009

LEYENDO A VILLAMIZAR – Para “El Ángel Bohemio”

“Ay Dios mío si poderes tú me dieras
Pa´ inventar otra clase de colegio
Donde los niños vayan cuando quieran
Sin llevar uniformes ni cuadernos”

Adrián Villamizar (Nacho Lee)


Me desperté esta mañana cantando vallenatos
en especial ése que habla de un espíritu guardián
nostálgico y bohemio
vagando en callejones
bajo un cielo hermoso y musical

me desperté sin tiempo
tarareando mis viejas glorias
de muchacho y me encontré de pronto
inmerso en la poesía de un soñador
atípico que pertenece al viento,
amoroso creador de noches y recuerdos
melodías que acortan distancias
hacedor de singulares versos
al Valle y a San Juan

me desperté esta mañana y vi la plaza de Juancho
repleta de canciones
la luna me cantaba sus cantos de parranda
y yo cantando sus lunas recordaba a Roberto
la fiesta decembrina se mostraba amigable
y en sus calles alegres se aclaraba mi canto
para que la tristeza de siempre
triunfante se inspirara

Y entonces quise también mirar el sol de los venados
con sus letras claritas enseñando en el cerro
muchos niños dormidos en colegios de muerte
muchas vidas pendientes de aprender disfrutando
un tambor de inocencia
milagroso sonaba

cantando vallenatos desperté esta mañana
con otra canción ardiente que acababa la guerra
el olvido sufriendo la ruta del que abraza
y la brisa de antes bañándose en el río,
y pensé:
qué extraño que estos cantos profundos
se entremezclen conmigo
pero llevo ya varias horas pulsando en mi guitarra
tratando de entenderlo, buscando armonizar
con ella las muchas ausencias que
en verdad me faltan

Leo ahora en Adrián Pablo los versos del silencio
de un compositor feliz que paga lo que debe
condenado a cantar verdades
al Valle del destiempo:
Yo soy el canto vallenato ay hombe
y voy llevando por la vida un sueño…

y el eco de este ángel se acuerda de nosotros
fugaces dinosaurios que aún amamos la vida
sinuanos, chimilas
corazón celestial en el alma del pueblo
acordeón regresando por las brumas del tiempo
el calor del reencuentro, identidad vigente
lluvia y dolor, serenata imposible
de un posible destino

Ángel Bohemio:
me aprendo tus palabras, tus aires, las cadencias
el fuego, la leyenda, el amor, los contratiempos
los dolores causados, el perdón a sí mismo
tus parrandas eternas, la amistad, las promesas
los colores del cielo de dos valles sagrados
la violina del tiempo bajando de La Sierra
y con todas las fuerzas de mi numen te canto
esta poesía nacida de tu propio universo

Me desperté esta mañana cantando vallenatos
en especial ése que habla de un espíritu guardián
nostálgico y bohemio
rondando en callejones
bajo un cielo hermoso
y musical


FBA – DERECHOS RESERVADOS
Nota: este poema forma parte del poemario “Cantando a Destiempo” de FBA. A propósito del cantautor Adrián Pablo Villamizar Zapata y del plagio de que fue objeto su canción “El Ángel Bohemio” (tema ya superado a juicio del propio Villamizar), parece que la historia de su famoso ángel guardián no para, sin embargo, ahí. Una perlita bastante curiosa pudimos apreciar en el concurso de canción inédita que acaba de escenificarse en Sahagún-Córdoba en el marco del Festival de acordeoneros y compositores “Princesa Barají”. Como el autor de estas líneas participó en dicho concurso -sobre el que se han suscitado duras críticas desde diversos sectores de opinión por la escogencia de algunas canciones finalistas-, prefiero dejar por ahora esta historia en suspenso para no herir susceptibilidades mientras se calman los ánimos…

jueves, 25 de junio de 2009

EMPEZÓ EL FESTIVAL DE SAHAGUN (CORDOBA-COLOMBIA):
Luego del desfile inaugural (4 p.m.) y con la presentación estelar de Silvestre Dangond a eso de la medianoche en el Estadio Municipal, quedará cerrado el primer día del XXI Festival Sabanero de Acordeoneros y Compositores "Princesa Barají" que este año culminará el domingo 28 de junio. Mucha expectativa en las calles con el show del urumitero, vehículos portadores de parlantes a alto volumen, reuniones caseras, estaderos, licoreras y numerosos visitantes (que hacen recordar el hermoso paseo de Wiston Muegues, "El Visitante", con el que ganara el concurso de canción inédita en 1999) anuncian, con ruido y alegría, el inicio de la gran fiesta de los sahagunenses. Qué bueno poder sentir la belleza de un pueblo cuando son sus buenas costumbres, su cultura y el talante pacífico de su gente los protagonistas.
La programación del evento puede consultarse en www.festivalprincesabaraji.com. Entradas, en su mayoría, gratis. La parranda festivalera se realizará el sábado 27.
Por otra parte, de la totalidad de canciones inscritas se seleccionaron 25 para el concurso de canción inédita. Tenemos la fortuna de estar por segundo año consecutivo participando, esta vez con el paseo "Gracias Sahagún", al lado de compositores de la región como Luis Alberto Prado (ganador de más de 70 festivales), Jaider Juris, Álvaro Llorente y Luis Aldana, entre otros, y de Jaime "El Tato" Fragoso y Lizardo Bustillo entre los foráneos.
Bueno, no es más por ahora. Ubicada entre Montería y Sincelejo, la Ciudad Cultural del Departamento de Córdoba le dice otra vez SÍ a la música de acordeón, a ritmo de merengue, paseo, cumbia y porro.
FBA

martes, 23 de junio de 2009

EL PORRO Y EL VALLENATO: EN BÚSQUEDA DE UNIVERSO E IDENTIDAD…

Dos reconocidos personajes (cada uno desde su trinchera) motivan la escritura de estas líneas. El primero de ellos, el periodista y escritor Heriberto Fiorillo, quien en su artículo “Dolor de Porro” se lamenta de que en su Carnaval de Barranquilla no tengan ya asiento los porros y las gaitas, la diversidad rítmica, las cumbias y la gran fiesta de las bandas sinuanas. Dice Fiorillo que “hemos vivido con asombro y con tristeza, durante los últimos años, la ruptura de una tradición, la desaparición de gran parte de nuestro acervo musical, la exclusión y el amordazamiento mediático de unos ritmos que al parecer, por intereses personales, algunos prefieren declarar difuntos”.

El otro personaje es el músico, compositor y Director de la Banda 19 de Marzo de Laguneta, Miguel Emiro Naranjo Montes. Se interroga este baluarte del folclor cordobés acerca de la necesidad de que el porro se universalice, y para ello, nos dice, es necesario que el porro deje de circunscribirse exclusivamente a corraleja, a toros y temas afines.

Bastante espinoso el asunto. Descontextualizar el porro no deja de ser un problema cultural mayúsculo. Sin embargo, es, por lo mismo, un reto interesantísimo de magnitudes insospechadas. Y a un reto de similares defectos y virtudes es que hemos venido sosteniendo en este blog la imperiosidad de que la música vallenata le haga frente. En efecto, creo que la única manera de evitar que, en lo que al vallenato se refiere, se sigan multiplicando y reproduciendo los elementos lucrativamente románticos y juveniles de su actual crisis, es atreverse a innovar responsablemente de la mano de la tradición pero sobre todo de la mano de las universales y sempiternas expresiones poéticas a través de las cuales el ser humano ha dado y da testimonio de su paso complejo por el mundo. Así las cosas (y con el perdón de los vallenatos), con más canciones a La Sierra o al Guatapurí es difícil que podamos seguir reclamando identidad.

Y entonces? Qué hacer? Otra vez esa pregunta incómoda que en la segunda década del siglo XX prendió tantas esperanzas como tragedias de cambio político, económico y social. En cuanto al destino pensable del porro, no me queda más remedio que blasfemar en función de aplaudir la inevitable profundización de sus aires en compañía del canto como motor impulsor de este controversial desarrollo. En este sentido, llama poderosamente la atención el Festival del Porro Canta’o Inédito que se celebra en San Marcos-Sucre. Pero, ¿será realmente sensato y deseable este camino? ¿No habría acaso una ruptura desastrosa en términos de identidad al plantear la universalización del folclor por fuera de los elementos naturales de la aldea? ¿No es más universal el hombre cuando vive, sueña, sufre y le canta a lo suyo?

Fiorillo hace también un llamado al Estado colombiano para que construya identidad desde la biodiversidad: “Creer y promover que somos el país del vallenato y del sombrero vueltiao nos servirá en la medida en que permita iniciar al mundo en el conocimiento de nuestros demás ritmos, de los demás sombreros y de toda la cultura que somos. De lo contrario, nos hará más pobres”. Me muestro plena y dolorosamente de acuerdo con Fiorillo. Con respecto a nuestro sombrero “vueltiao” -elevado a la categoría de símbolo nacional-, ya va siendo hora de que se reivindique su espíritu de caña flecha para reconocimiento y regocijo de los artesanos de Tuchín (Córdoba) y no por obra y gracia de gobiernos oportunistas y de benefactores consanguíneos o proclives que terminan favoreciéndose inescrupulosamente a expensas del folclor. Por otra parte, quiero y respeto de tiempo atrás la música del Valle de Upar pero ya va siendo también hora de que a nombre de lo vallenato y sobre la base de una expansión dudosa no se satanicen los demás ritmos caribeños.

Así como lo vallenato puede llegar a manifestarse a través de instrumentos que alternen con el acordeón, éste puede dar cabida a presentaciones artísticas distintas y si se quiere de mayor contexto y riqueza musical, librándose así de sobresalir menoscabado por el hermético horizonte de los cuatro aires vallenatos. Los músicos sinuanos y sabaneros merecen que el famoso sombrero de los cordobeses se asocie preferentemente con su legendario trasegar; además, ningún proceso de universalización musical puede tener éxito si desconoce de plano la diversidad rítmica de sus orígenes y posibilidades actuales, afirmación que, por supuesto, no puede colocarse al servicio de las arritmias contemporáneas ni de los ritmitos posmodernos que circulan por lo general en el reino de lo efímero y desechable. Las fusiones son bienvenidas en la medida en que permitan ahondar constructivamente el sendero de la investigación, no si se limitan a escenificar colchas de retazos valiéndose pobremente de los adelantos tecnológicos. Como diría Ernesto McCausland, “no es lo mismo fusión que confusión”.

Ahora bien, la responsabilidad de la crisis recae igualmente en quienes Heriberto Fiorillo identifica como los “dueños, directores, programadores musicales de estaciones de radio y de canales de televisión, D.J.’s, picoteros y ponedores de discos”, para señalar la obligación ética de promover toda nuestra música y no sólo aquella que paga por su divulgación. El “jugo de la payola” como lo denomina Fiorillo, contra el que tantos artículos y eventos académicos se disponen pero poco o nada en realidad se hace. Claro que en esto de buscar culpables habría que recordar el viejo poema “Hombres necios” de Sor Juana Inés de la Cruz y tener en cuenta, al lado del que peca por la paga, al que paga por pecar.

Ya sabemos que la corrupción es un mal que ha echado muchas raíces en Colombia y la música no escapa a ella. Así las cosas, la misma práctica infame que enriquece en un abrir y cerrar de ojos a políticos, ingenieros y otros contratistas, hace de las suyas, con pasmosa y creciente recursividad, en el terreno musical. Habría que indagar asimismo cuánto de malversación de dineros públicos hay en festivales de todo tipo que proliferan a lo largo y ancho del país.

Finalmente, lo universal pasa, a mi juicio, por una revisión y/o actualización de la identidad que no escapa obviamente a interrogantes de diverso orden. Aún, por ejemplo, me sigo preguntando si no existen en el porro y en el vallenato componentes intrínsecos que impiden su evolución, o mejor, su exploración literaria o textual. En todo caso, no es nada nuevo este asunto de examinar los folclorismos locales a la luz de los cambios y las posibilidades creativas que subrayan como negativo el fundamentalismo dogmático de los puristas.

El libro de Jorge Nieves Oviedo -cuyo solo título, “De los sonidos del patio a la música del mundo”, dice bastante en torno a esta problemática- es un valioso llamado a atrevernos a repensar las músicas tradicionales y populares sin el estatismo afectivo de las que yo llamaría (sin ambages y resaltando la paradoja) “élites folcloristas”, al igual que a contrapesar las tendencias unificadoras del mercado. La tensión entre lo local y lo universal se hace igualmente presente cuando, en últimas, se precisa la necesidad de responder -en perspectiva crítica y abierta- a un interrogante de singular importancia: “¿cómo pensar simultáneamente lo local sin dejar de lado preguntas de significación para contextos que son más amplios del que se explora?" (Ana María Ochoa Gautier, en: Prólogo del texto citado).

Coletilla: Retos como los expuestos requieren del compromiso y cambio de actitud por parte de músicos, intérpretes y compositores de larga data, pero sobre todo del talante y emprendimiento de las nuevas generaciones. Quiera Alejo y Octavio y Landero y Nando y Molina y Toño y Antolín y Abel Antonio y Pello y Emiliano y Luis Enrique y Barros y Rafa y Colacho y Herrán y Munive y Pacho y Tobías y Kaleth y los Juanchos y Cotes y Ramón… que el amanecer del porro y del vallenato nos despierte con las ganas parranderas de siempre, pero, especialmente, en comunicación con un horizonte vital y educativo musicalmente esperanzador.
FBA

lunes, 15 de junio de 2009

MI PUEBLO NATAL

varias orillas y algunos charcos
de aquella avenida cuyo cielo de enero
lucía atiborrado de barriletes y cajones,
infiernos entrevistos
barrotes cafés que me atoraron la infancia de
por vida;
mi hermano se cortó un pie por mi culpa
(uno es culpable desde que nace)
(culpable sin rumbo desde siempre)
y había una banca donde nos sentaban
bien vestidos al atardecer

atardecer del Sinú
perro guardián de puerta arrendada
veo también al Rey José
a Barrabás
pero no veo a mi padre ni a mi madre
hay una puerta de golpe
y un baño donde vi desnuda a la menor
de mis hermanas

era mi vida sin duda
antes de que me mudaran al barrio,
mi pueblo natal en la verdad de mis
pocos centímetros;
siento ahora aquella felicidad auténtica
mis ojos educándome para el silencio
mis hermanas empecinadas en que bebiera
la leche la ocultaban en una jeringa
(buen dato para el psiquiatra)
aparezco en una foto muy rodeado
del cariño familiar

ay mi pueblo natal
avenida alegre
playa del río Sinú,
fueron muchos días engolosinado con
la perdurable inocencia
noches hermosas de muda inexistencia
(acaso la vida sea sólo esto)
ternura inevitable para los besos y
pechiches de las colegialas
sigilosas maneras de llorar
algunos charcos empezaban a
grabarse en mi memoria
(¿lágrimas de rebeldía de mi hermano mayor?)

hoy todos tus caminos me conducen
a la más justa e implacable de las violencias
aunque yo siga con aquella verdad
de mis pocos centímetros
tan apegado a la vida
como fugaz remolino

¿Qué quedó de mi tiempo infantil
si soy únicamente el recuerdo borroso
que construye mi hijo sin nociones
de muerte todavía?

Mi pueblo natal
calle amplia y juguete compartido
son grandes las historias incontables
y peligrosos los senderos de tu tierra
son tantas las manos inocentes
que alimentan tus guerras,
¿cuántos barrotes más tendrás
para tus hijos?

teníamos nuestra oveja negra en la familia
(hoy yo estaría fuera de concurso)
y había una banca donde nos
sentaban bien vestidos
al atardecer

(Montería, lunes 14 de septiembre de 1992)

FBA – DERECHOS RESERVADOS

martes, 9 de junio de 2009

YORDI TORRES, joven talento sahagunense, quien ya grabó su primer sencillo ("Nene Lindo", de Felipe Peláez) y se dispone a grabar su primer trabajo discográfico. Sin duda, lo suyo es el romanticismo pero la buena letra y los ritmos clásicos también hacen parte de sus planes. Yordi Torres participará en el Festival sabanero de acordeoneros y compositores "Princesa Barají" que se realizará del 25 al 28 de junio de 2009 en Sahagún-Córdoba. Concursará como mejor voz masculina e interpretará varias canciones inéditas. Además de estar enfocado en el aprendizaje a fondo de la guitarra aspira a avanzar en el campo de la composición. El vídeo nos muestra a esta promesa sabanera interpretando "El amor más grande del planeta".

FBA

martes, 2 de junio de 2009

PARA NO OLVIDAR…

Cuando el abatimiento pretende gobernar los días y la incertidumbre reina en la cotidianidad del silencio, qué bueno luchar contra la arrogancia del desprecio y contrarrestar la mediocridad del descreimiento trayendo a la memoria palabras de un grande de todos los tiempos, a quien sus fieles lectores seguimos empeñados en cumplirle el deseo de ayudarlo a morir. En vano, por supuesto. La soledad y la angustia de la vida están y estarán siempre ahí, expuestas a recibir el beneplácito de seres ignotos y lejanos mientras que la intelectualidad pazguata derrama sus petulancias y pobrezas contra ellas, a nombre de otra vida que dicen amar con alegría. Y es por esto último que ese escritor que deambula por rincones y avenidas de infancia ha detestado siempre los grupos y los círculos. Sabe muy bien que de no haber sido por el despertar pensativo de su aislamiento la música y la poesía jamás hubieran advertido su presencia.

Pero el arte es el arte y los artistas en general que de él se benefician tarde o temprano sacan a relucir sus nimiedades. Unos contra otros se acusan mutuamente de lo mismo para terminar asumiendo una autodefensa de sus privilegios basada en la indiferencia. Es entonces cuando el escritor, el hombre de carne y hueso que sortea todos los días el mundo de perversión y mezquindad que lo aniquila, comprende que existen en el desprecio -más que en el elogio- razones y sentimientos que lo motivan, por el contrario, a continuar. Ha querido dejar de cantar, ha decidido muchas veces tirar todo a la basura pero al final, cuando la placidez y seguridad de los cuarteles de invierno se avecina, renace el encanto vertiginoso y creativo de la maldad, aquella maldad intacta en la que el poeta César Vallejo pedía confiar, no la máscara torpe y sombría del malvado.

Así pues, Ernesto Sabato sigue arrojando una poderosa tabla de salvación en ABBADON EL EXTERMINADOR al “querido y remoto muchacho” de sus interminables preocupaciones:

“… Te desanimás porque no sé quién te dijo no sé qué. Pero ese amigo o conocido (qué palabra más falaz!) está demasiado cerca para juzgarte, se siente inclinado a pensar que porque comés como él es tu igual; o, ya que te niega, de alguna manera es superior a vos. Es una tentación comprensible: si uno come con un hombre que escaló el Himalaya, observando con suficiencia la forma en que toma el cuchillo, uno incurre en la tentación de considerarse su igual o superior, olvidando (tratando de olvidar) que lo que está en juego para ese juicio es el Himalaya, no la comida. Tendrás infinidad de veces que perdonar ese género de insolencia. La verdadera justicia sólo la recibirás de seres excepcionales, dotados de modestia y sensibilidad, de lucidez y generosa comprensión… Es que para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradójico. Y por eso tan pocas veces el creador es reconocido por sus contemporáneos: lo hace casi siempre la posteridad, o al menos esa especie de posteridad contemporánea que es el extranjero. La gente que está lejos. La que no ve cómo tomás el café o te vestís…”.

El poeta sabe que pese a todo y sin creerse demasiado, habrá al final del viaje una solitaria recompensa que, sin palabras ni famas ni honores, le permitirá descubrirse auténticamente vivo en medio de la oscuridad y falsedad del mundo, y de aquéllas y aquéllos engreídos que lo vituperaron o ignoraron poco o nada recordará. Tal como quiso guerrear partirá, y un canto dolorido de su aldea se escuchará hasta el fin ya cercano de los tiempos.

FBA

domingo, 24 de mayo de 2009

UNA VERDAD DE A PUÑO

Se pregunta el columnista de
www.elpilon.com.co (leído también en www.parrandavallenata.com), Jorge Nain Ruiz, ¿dónde están nuestros verdaderos compositores? Y lo hace motivado, sin duda, por el dolor compartido de apreciar cómo los concursos de canción inédita -concretamente el del Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar- se han venido caracterizando por darle cabida sólo a canciones denominadas “festivaleras” en detrimento de toda creatividad y originalidad en lo que a letra y música se refiere. El del Valle lleva -en su opinión- los últimos veinte años dedicados a permitirles a los artesanos de canciones regodearse como Pedro por su casa. El tema es, por lo general, el mismo: canciones a Valledupar y al folclor vallenato.

Y sí, en términos generales se aprecia que los compositores foráneos nos dicen que se sienten tan vallenatos como los vallenatos, que llevan al Valle en el alma desde pequeños, que la música de acordeón corre por su sangre, que quieren ser enterrados en esas paradisíacas tierras, que cantan e interpretan los cantos de fulano o zutano desde siempre pese a las carencias y distancias, y otras expresiones por el estilo. Y los anfitriones, por su parte, no se quedan atrás diciéndonos que el Valle es lo máximo y mostrándonos una y otra vez los mismos paisajes, sus mitos y leyendas, los sitios turísticos, los versos empalagosos y la expansión mentirosa del folclor, en ejercicio también de un narcisismo geográfico que a ratos se hace insufrible y detestable. Hace algunos años, un compositor muy cercano (no menciono su nombre para evitarnos problemas), hastiado de tanta idiotez cultural le dio vida a un clamoroso paseo titulado “YO TAMBIÉN TENGO MI VALLE”. Así de simple. Así de cierto.

Pero bueno, es éste un tema bastante complejo de abordar. Y hay que hacerlo con sumo respeto y cuidado. ¿Dónde están los verdaderos compositores vallenatos? Difícil pregunta. No están, por supuesto, en las baladas que se graban permanentemente con minimizado acordeón tanto por grupos ya identificados con el incontenible lagrimeo como, incluso (y ello es aún más grave), por artistas que se vanaglorian de ser continuadores de la tradición. Tampoco están en las canciones arrítmicas y estultas que, usurpando la fuerza de la juventud, se burlan de ella y la pisotean o menosprecian. Y como van las cosas, tampoco en los festivales de música vallenata donde la emotividad pasajera (otra expresión de la sensiblería) y el orgullo exagerado o desmedido son los valores fundamentales.

¿Y entonces? ¿Dónde está la vida? ¿Dónde la conciencia de la muerte en cuanto principio inspirante? ¿Dónde queda la inmortalidad intrínseca y no prefabricada de las canciones? ¿Dónde esa poesía universal que trascienda lo lírico, lo bucólico, lo costumbrista y lo narrativo? ¿Dónde la fuerza espiritual a la que se refiere el médico y compositor Adrián Villamizar Zapata? De verdad, ¿dónde está el ser humano con todas sus angustias y contradicciones, virtudes y defectos? ¿Qué ha pasado con la descripción contestataria de los fenómenos sociales?

Reconocido por propios y extraños, urge hoy más que nunca ese impulso sabanero sin el cual “lo vallenato” luce condenado a seguir conjugando el equívoco papel de enconcharse dizque puramente en el pasado -o en un presente musicalmente pobre que no responde adecuadamente a las nuevas realidades que se le presentan-, permitiendo así, por acción y omisión, un falso encumbramiento que es, a todas luces, contrario a la magnitud de sus orígenes. Si el aislamiento de la región determinó buena parte de su normal desarrollo, la comunicación ha significado, inexplicablemente, un mayúsculo tropiezo que ha puesto en peligro la grandeza de esta manifestación esencialmente popular en lugar de posibilitar exploraciones innovadoras, coherentes y necesarias. Por ello, mientras más se pavonee el cerrado mundo vallenato del boom publicitario de los grandes espectáculos y de los premios internacionales, más se afianzará la crisis egocéntrica y comercial que lo carcome. Pero ojo: crisis en el sentido de desvirtuar su esencia musical, no, claro está, en términos de sacar económicamente provecho del despelote.

La respuesta no está, pues, en defender hipócrita y convenientemente el legado del folclor, sino en hacerle frente a los retos y riesgos del presente mediante una labor educativa y cultural que involucre a músicos, compositores, investigadores, académicos, escritores, directivos, gestores y amantes fieles de esta música a la que en otras latitudes prefieren, en justicia, llamarla “de acordeón”. Pero para ello hay que empezar por arrostrar un grave problema similar a los tantos que aquejan a esta dolida patria colombiana desde que apelamos al embeleco de importar modelos revolucionarios y republicanos sin tener en cuenta nuestra propia tradición ilustrada: prima el negocio, la privatización, el ánimo de lucro, la competencia, el individualismo, la corrupción, la nefasta politiquería, el peculado, la puesta en escena del embrutecimiento colectivo. Educar en serio no ha sido nunca la prioridad de esta República del sagrado corazón.

Y es entonces cuando la comprensión política de lo público deviene interesante para asumir igualmente lo musical en función de valores trascendentes. Es decir, educar para que “lo comercial” sea lo que debe ser y no lo que es. Hacerse los de la vista gorda sólo para que el vallenato se muestre en todos lados como folclor reinante y a cualquier costo, es una actitud deplorable que le causa a éste enorme daño, consintiendo así una evolución descontrolada y sin sentido. El vallenato, a mi juicio, debe y puede evolucionar rítmica, instrumental y literariamente con o sin los defensores y beneficiarios del discurso prístino del folclor, los cuales, de seguir acolitando un engaño de tan desastrosas proporciones, van a contribuir a exterminarlo. El producto que hoy se comercializa y se expande como vallenato está muy lejos de pertenecer al género vallenato. Me da la impresión de que para algunos conocedores del tema es preferible traicionar el sentimiento popular y dejar que la juventud pierda su ímpetu creativo brincando y pendejeando. Al fin y al cabo ellos siguen apegados a su historia musical de la mano de un nuevo y curioso aislamiento, perdiendo el “canto vallenato”, en cambio, toda posibilidad de vigencia y proyección.

Ahora bien, de compositores comerciales y exitosos ni hablar. Traficantes de esperpentos que desagradan y confunden, domeñan también el amor a la fémina hasta el extremo de lo cursi y baladí. Pero ya está bueno. Esa mujer abstracta y afortunada a la que tanto le cantan los mozalbetes y los mercachifles “vallenatos” es hora de que se rebele y, como por arte de gaita y chirimía, porro y cumbia, los mande a comer a todos de la torta que sabemos. Y no propiamente echándole vivas en sones a los hombres sinvergonzones y machistas (valga la rima). Es que el amor -tema de amplio espectro vital- ha perdido magia y veracidad en los cantos, y es la causa de una patología vallenata ya casi convertida en pandemia: la urticaria romanticona; o para decirlo con un término de actualidad, el sentimentalismo porcino (con perdón de los puercos).

Así pues, ¿Dónde están los verdaderos compositores vallenatos? La dificultad inicial de la pregunta empieza a desaparecer al advertir en ella la obligación de otra pregunta: ¿cuándo un compositor vallenato es “verdadero” y cuándo no? O mejor, ¿en qué radica “lo verdadero” del canto vallenato? Me atrevería, por tanto, a decir que compositores hay en muchas partes. No sólo en el Cesar y en La Guajira sino también en Bolívar, Magdalena, Atlántico, Córdoba, Sucre… En el Valle y en La Sabana… A lo largo y ancho de la “vallenatía” y hasta más allá o acá de ella. En el olvido de lo rural. En la complejidad de la vida urbana. En la riqueza originaria y rítmica de los pueblos. Y es obvio que también se asoman excepcionalmente en los Festivales, algunos con más fortuna o mejores canciones que otros.

Ahora bien, en cuanto a lo de “verdaderos”… bueno; pienso que para serlo no sólo hay que examinar el acontecer histórico desde la perspectiva del entorno regional, sino también la apertura de nuevos horizontes sobre la base del respeto a patrones y raíces indiscutibles. Por eso, la salvaguarda del canto vallenato no es sólo una tarea urgente con referencia a su pasado. Importa asimismo delinear su potencial presente y actualizarlo con visión de futuro. Sin embargo, veo sinceramente difícil que “los doctos y sabios del folclor” se sintonicen con algo tan grande y tan diferente a sus lucrativos festines de pacotilla. En verdad, mientras más lujos y extravagancias se inventen para atraer turistas adinerados, más se enluta el folclor que tanto dicen querer y defender. No es con artistas y espectadores ajenos al vallenato como se fortalece la cultura popular. Tampoco con eventos académicos sin mayor resonancia. La élite intelectual aporta lo suyo pero no hay que olvidar que la gran fiesta está dada en función de la música vallenata. Para que ésta se muestre “como lo que debe ser”, a través de los distintos concursos (replanteando lo que sea menester) y de presentaciones en vivo que sumen y no resten.

Por otra parte, hay que decirlo sin miedo y con toda claridad que los “verdaderos compositores vallenatos” carecen hoy día de oportunidades especialmente en materia de grabación, exceptuando algunos clásicos como Calixto, Alejo o Luis Enrique, o líricos como Gustavo Gutiérrez, Hernán Urbina o Roberto Calderón, de los cuales se echa mano a manera de relleno (de los líricos con menos frecuencia) con la única intención de agregarle al entuerto un mínimo de ingrediente vallenato. Lo otro es que el compositor asuma -como se viene dando- su propio trabajo discográfico, motivado por la demanda creciente de sus interpretaciones por parte de un público selecto que gusta de departir en espacios pequeños o exclusivos (lo que prueba de alguna manera el desgaste de la fórmula comercial, así se llegue al absurdo de contratar para una misma noche al maestro Adolfo Pacheco Anillo y a Gustavo Gutiérrez alternando con dos consagrados lloradores). O que producciones aisladas de buena calidad aporten lo suyo pero sin ir más allá del séquito de familiares, amistades, sectores privilegiados y de uno que otro conocedor circunstancialmente solidario.

Pues bien, insisto en el componente educativo del problema. Debemos aprovechar los adelantos tecnológicos, informáticos y comunicacionales para defender y fomentar la expresión vallenata en sentido amplio, dejando atrás la discriminación que impuso el Festival de la Leyenda Vallenata desde sus inicios y que dogmatizó Consuelo Araújo en su “Vallenatología”. Así como la trova cubana le llega al gran público, no veo por qué no pueda la canción vallenata masificarse -sin perder su esencia- en el gusto nacional e internacional. Mientras tanto, es preferible contar con menos reconocimiento pero con más vergüenza si queremos conquistar, en realidad, un espacio en el universo musical como lo que somos y no a partir de nocivas expresiones que niegan rotundamente cualquier camino de identidad.

Jorge Nain Ruiz se interroga, además, con respecto a por qué las canciones inéditas ganadoras en el Festival de la Leyenda Vallenata se quedan, la mayoría, sin grabar y no se convierten en éxitos musicales como sí ocurría anteriormente. Creo que el mal no radica únicamente en lo de ser canciones “festivaleras” o coyunturales. Como están hoy las cosas, nada garantiza que canciones como “Recordando mi niñez”, “No vuelvo a Patillal”, “Paisaje de sol” y “Ausencia Sentimental” hubiesen contado con la dicha de ser grabadas en caso de haber pertenecido a la época actual. Sin duda, el movimiento juvenil que se llegó a identificar con el nombre de “Nueva Ola” tiene mucho que ver con la crisis que el género vallenato atraviesa, al igual que la distorsión generada por románticos empedernidos estilo Wilfran Castillo, Iván Calderón y otros de similar factura.

Fabián Corrales y Omar Geles son dos compositores talentosos y prolíficos que, por desgracia, se muestran descendentemente atrapados por el desprestigio comercial en boga. Menos Corrales que Geles, pues mientras a aquél sólo le podemos endilgar cierta ambigüedad (en ocasiones lo absorbe la balada, otras veces se vale de los ritmitos posmodernos y de vez en cuando se acuerda de los buenos cantos e incorpora canciones premiadas en festivales; su temática como compositor gira mayoritariamente, con algunas variantes, alrededor del aspecto amoroso, si bien se cuida de dejar a salvo el orgullo masculino explotando frases y refranes de consumo cotidiano) a Geles le debemos un invento desastroso basado en la simpleza y la repetición, al que, por lo visto, le quiere sacar todo el jugo económico posible. Cantos sin mayor compromiso que hace a la ligera y entrega a todas las agrupaciones habidas y por haber para deleite de desprevenidos gozadores.

Lo cierto es que los citados compositores monopolizan las grabaciones comerciales junto con Castillo, “Tico” Mercado, “Pipe” Peláez y dos o tres más a menor escala, como en su tiempo lo hicieron los líricos. Pero la claridad salta al oído apenas advertimos en versos y melodías diferencias abismales en cuanto a motivación y contenido entre éstos y aquéllos. Lo peor de todo es que los espacios para los “verdaderos compositores vallenatos” se cierran cada vez más, ya que cuando se piensa en incluir “vallenatos de verdad” son pocos los elegidos (casi siempre los mismos) y preferiblemente con canciones viejitas. Sólo que el efecto reencauche logra lo mismo que Iván Villazón y Peter Manjarrés cuando optan por alternar sus discos marcadamente regulares con elementos clásicos y de la juglaría (“Sólo clásicos”; “El vallenato mayor”, etc.): evidenciar que el vallenato se está acabando.

Sin embargo, creo que el buen vallenato está a tiempo de dar la batalla final por sus reivindicaciones históricas y por “modernizarse” sin extremarse en cambios. No me cabe duda que su evolución es una necesidad impostergable y que, por ende, debe permitir la exploración de caminos distintos a los tradicionales y líricos si aspira a colmar nuevos espacios, cuidándose, eso sí, de hacerlo con productos de similar o mejor calidad. Sin desconocer su componente parrandero, el gozo artístico puede perfectamente educarse y difundirse para bien de una música infinita llamada a posicionarse nacional e internacionalmente como corresponde a la trayectoria folclórica de sus inicios y popular de su desarrollo posterior. No con canciones sin sentido y sin alma que a la postre terminan siendo desechables.

Rafael Ricardo lo decía el otro día en “Vallenateando con Rafa” durante el programa-homenaje a su tocayo Escalona: hay compositores de ahora que llevan más de 800 canciones grabadas y se precian de ello pero falta ver cuál o cuáles de tantas pueden llegar a considerarse de valía y perdurables. A mi modo de ver, la expresión “vallenatos de verdad” es engañosa, pues nos retrotrae de inmediato a ponderar el vallenato sólo en función de su pasado. Pero no lo es cuando comprendemos también en ella la necesidad de repensarlo con visión de futuro en el marco de sus posibilidades de enriquecimiento y expansión.

COLETILLA: Se aproximan Peter y Sergio Luis con “El Caballero y El Rey”. No quiero prejuzgar pero creo que viene al caso -en función del análisis expuesto- citar el siguiente párrafo de su autopromoción: “… VIENE CON LOS MEJORES COMPOSITORES… Después de haber realizado una rigurosa selección en cuanto a la escogencia de los temas, el equipo de productores del nuevo trabajo discográfico de los artistas Grammy Latino Peter Manjarrés y Sergio Luis Rodríguez, decidió incluir un total de catorce canciones y un Bonus track en formato de desconectado, para que hicieran parte de este proyecto musical que saldrá al mercado el próximo 28 de mayo y que cuenta con los compositores más reconocidos del género vallenato actualmente, sin dejar de lado a los autores de las clásicas composiciones de nuestra música”.

¿Y cuáles son estos “mejores compositores” con los que El Caballero y El Rey pretenden complacernos? ¿Qué arrojó la “rigurosa selección” de canciones? Veamos: Felipe Peláez con dos temas, Wilfran Castillo con dos más, Fabián Corrales con uno, Omar Geles con otro tic pegajoso desechado por Diomedes y dado a conocer como adelanto, y el “Tico” Mercado con su infaltable cuota. Y lo dicho: para que el trabajo discográfico tenga algo de “vallenato”, una canción de Aurelio Núñez y la viejita o clásica a cargo de Juan Manuel Muegues. Aparecen también Sergio Luis con un canto de obvia mocedad posmoderna, José Iván Marín (otro que está de moda pero que no logra, a mi juicio, convencer; ni con “Voy a quererte”, ganadora en Riohacha, ni con “Gracias por quererme”, escuchada de una presentación en vivo), Jorge Mario Gutiérrez y Leonardo Gómez Jr. El ingrediente divertido y mujeriego me imagino -por su título- que le correspondió a “El rey de las mujeres” de Nicolás Araújo. Entre los damnificados sé de Iván Ovalle, a quien Javier Fernández le había anunciado al aire, durante el programa radial que le dedicó por el día de su cumpleaños, que su canción “Cantar llorando” estaba entre las elegidas, interpretándola Ovalle en el mismo programa con la riqueza de un estilo inconfundible.

Entonces, sobreviene de nuevo la pregunta inquietante de Jorge Nain: sin demeritar a nadie, “¿dónde están nuestros verdaderos compositores?”. Quién sabe si amanecerá y lo sabremos…

FBA
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martes, 19 de mayo de 2009

A propósito de la partida (sólo física) del escritor uruguayo Mario Benedetti, tres poemas de mi autoría publicados en “Poemas de Antesala” (1991).

SIN TREGUA

En mi solitaria reticencia
en el arduo trabajo de fastidiar la espera
en la insostenible bondad de mala madera
en la rutina habilidosa de quehaceres inútiles
en mi genial aburrimiento (bah)
en mi consciente mediocridad
en mi aceptado fracaso
en mis horas inmóviles
en la fuerte elegancia de los crueles
en el mundo sin límites de mi desgracia
en la escasa soledad de mis derrotas
en las buenas angustias de otros días
en las malas casi nulas angustias de mis años
en los tristes amaneceres olvidados
en el recuerdo de la mierda eterna
en las bruscas manías del silencio
en el cuerpo absurdo de la mujer que amo
en los besos tiernos o en los sueños lejanos
en el mar que no es Dios ni nada
en la traición que no renueva su ternura
en el asco que me volvió rebelde
en el pesimismo que destruye mi impaciencia
en el amor que me vuelve apresurado
en el ocio infinito que aprendí de muchacho
en la fresca insistencia de un vacío sin tregua
en la dura explanada de un desierto tirano
en mis horas infames de brutal alegría
en algo como la tristeza necesaria
en la burla que repite la agonía
en mi habilidad para debilitarme sin fatiga
en la oscura presencia que todo lo aniquila
en tus ojos limpios cálidos sinceros
algún día he de parar para encontrarte
Laura Avellaneda


AL FINAL

“Yo te miro mirar como inmóvil
pero claro la cosa no se arregla
con miradas ojeadas o vistazos
qué tal si nos arremangamos vos y yo?”
Mario Benedetti


Uno permanece y no es mucho lo que se hace
al final se acabaron las palabras bonitas en los versos
empezamos a hablar de cosas duras y reales
evadimos el sentido poético
nos percatamos de la injusticia mientras
comemos en el patio
nos subimos a los árboles y cazamos mariposas
nos comimos las frutas del vecino y otras cosas vecinas
nos volvimos menos solitarios
nos mostramos capaces de guiar cada uno su vida
nos ocupamos de las verdaderas angustias
palpamos las necesidades pero seguimos
riéndonos un poco
nos educamos con metas muy precisas
estuvimos en las auténticas fiestas populares
le sonreímos a los ilustres políticos que
chupan nuestra sangre
desvirgamos a una que otra muchacha
nos montamos en los carros oficiales
padecimos del mal del mandamás
le gritamos a la mujer que nos dio tres hijos varones
trabajamos muchas horas para un sistema ajeno
nos emborrachamos sin misericordia por lo que sabemos
nos peleamos entre amigos verificando las traiciones
y no es mucho lo que se hace
pero yo no aguanto más
Yo me arremango
¿Y usted?

PASAJERO

“… en esta excursión
a la muerte que es la vida”
Mario Benedetti


me voy
o continúo, qué sé yo…
con todas mis flaquezas
la terrible inocencia
la triste insignificancia de estos días

me llevo los ratos de tragedia mediana
las tácticas concisas de esa mujer que dice amarme
porque no ha logrado despreciarme cabalmente
porque quiere que piense en ella
porque quiere confundirme con su maldad
de medio pelo,
porque desconoce el epicentro de mi crueldad

me llevo su amor de baratijas
en esta correría sin aliento
conjuntamente con mi escasa fe en todo tiempo
y la soledad,
compañera de los putos viajes

me llevo algunas frutas de mi tierra
el brumoso recuerdo de la espera
los opacos caminos de la dicha
mi chaleco antibalas
mi pulcritud a toda hora con yodora
y los sueños de mañana

me llevo los combates ajenos
para el aburrimiento
la moral militar de los cobardes
contra mi afán de deserción y tropelía
la pobreza en la cara del contrario
por la poca bondad de mi corazón
o sea,
me llevo mi vida totalmente
el filo multicolor de mis verdugos
la hijueputa conciencia de de ser útil
y a ti mujer no sé si llevarte como trampa
o dejarte tirada en el camino

por lo pronto me voy
o continúo, qué sé yo…
con todas mis flaquezas
la terrible inocencia
la triste insignificancia de estos días

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FBA

miércoles, 13 de mayo de 2009


Medellín, 3 de abril de 1984. Crepúsculo, finalmente eres tú otra vez. Martes…

Quiero ocultarme con energía destructiva. Como áncora, sólo la mentira interior, ésta que me permite la veracidad de ser volcán inexacto como quizá entendió Rodin su verdad-pensador, su mundo de narices rotas y hombres aparentemente quietos. Duelen las tinieblas que no brillan ni alientan; pasos gastados que, a pesar de la voluptuosidad, no se detienen, sangre caliente y cosquillosa capaz de perturbarme enteramente, de maltratarme hasta quedar pétreo y prieto en el ahora. Mas, sé que debo mover el cuerpo para dominar en el juego de las distancias silenciosas, la brisa es cómplice de la inercia y la inmovilidad sofoca de inmediato: ¡basta!, entraré en el mundo, seré figura y luz por aquello de la necesidad que hace al ladrón, la ocasión que genera la tiranía del artista bufón, arlequín o pierrot que ayuda al hombre y al resto de animales a perfeccionar, con muecas antiguas y fantásticas, las mojoneras de la especie terrible. Triunfa mi sombra sobre la razón y el escapismo de los días me alivia dejando para mañana lo que podría seguramente edificar entre ruinas de recuerdos, horas largas y hermosas (satisfacción que el deber tiene que inventar para justificarse), y minutos de olvido consciente irreparables… deleznables cuando más pueden los actos que las verdades no escritas… recuperables a medida que despierte mi oscuridad de pájaro perdido en brumas y pensamientos desolados. La monotonía de la vida arderá también en cadáveres animados y ángeles furiosos o escritores homosexuales se apoderarán de los espacios. Presente; todo es presente… Hesse dice que no existe el pasado ni el futuro. Existe el hombre mismo: soberano del tiempo, indómito, privilegiado. Y tanto samsara que el placer desborda, épocas que se apiadan de quienes con afán y amor prometen paz, hambre de existencia profesional, mierda exclusiva. ¿Qué hacer si existo y no consisto? Me muestro rotundamente de acuerdo con esos pocos semejantes que apenas me reconocen y desprecian. Vale más jugar y malgastar el tiempo en travesuras. Ahora me iré, abandonaré la poesía; la literatura, ineluctable, incontestable, execrable, inextricable no es otra cosa que basura adornada de soledad, valores emotivos que quieren alcanzar la magia del ejemplo, victoria crónica, flébil fama (Rilke dice que se trata de innumerables equívocos respecto de un nombre nuevo). Nada se puede hacer. ¡La vida es así! Y es ésta la última mentira que sostengo. O como diría un soldado involuntario de la Gran Transformación: ¡LA VIDA ES GAY!

FBA

martes, 12 de mayo de 2009

DATOS BIOGRÁFICOS DE FBA

Nació en Montería-Córdoba (Colombia) un viernes 17 de noviembre de 1961. Menor de cinco (5) hermanos, es hijo de Enán Burgos Perdomo (médico y poeta oriundo de Ciénaga de Oro-Córdoba, fallecido el 25 de octubre de 1986 en Montería) y Amparo Arango Moreno (natural de Medellín-Antioquia, quien desde hace cincuenta y siete años vive en Montería). Cursó estudios de Primaria y Secundaria en el Colegio La Salle de Montería. Abogado egresado de la Universidad Pontificia Bolivariana Sede Medellín y Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad de Córdoba, realizó también estudios de Ciencia Política en la Universidad de Antioquia (cinco semestres), interrumpidos con ocasión de un traslado laboral. Cuenta, además, con un Diplomado en Docencia Universitaria y Estrategias Pedagógicas de UNICIENCIA. Trabajó como Juez Permanente de Policía Municipal de Montería durante los años 1988 a 1990 y se empezó a desempeñar posteriormente, desde enero de 1994, como servidor público del Ministerio de la Protección Social cumpliendo funciones de inspección, vigilancia y control del cumplimiento de las disposiciones sociales contenidas en el Código Sustantivo del Trabajo en distintas ciudades del país. Ha representado a los empleados de este Ministerio en distintas instancias organizativas, y participado, con igual condición, en procesos de negociación colectiva y de reestructuración en dicha entidad.

Sus inclinaciones literarias le surgen desde muy joven habiendo sido, además, columnista del semanario Poder Costeño y de El Meridiano de Córdoba en los inicios de este diario. Ha sido colaborador ocasional de revistas y suplementos literarios. Publicó su primer poemario en 1991 con el título de Poemas de Antesala. En diciembre de ese mismo año se publicó la obra póstuma de su padre, La luz brilla en las espinas, preparada y presentada por él. Poemas suyos conforman el capítulo Los predios de mi sangre, incorporado a este texto siguiendo la voluntad de su padre. En 1994 obtuvo el Primer Lugar del Concurso Departamental de Cuento y el Segundo Puesto del Concurso de Poesía Universitaria en el marco de la celebración de los Treinta Años de existencia de la Universidad de Córdoba. Su libro de cuentos Cuando la muerte ama salió a la luz en enero de 2000, y en junio del 2002 publicó el poemario titulado Un imposible viaje. Un libro con Fragmentos de este último se imprimió en Montpellier-Francia en octubre de 2002 por Ediciones Pleamar. En noviembre de 2008 participó con una lectura de sus poemas en el marco del XVI Festival de Literatura de Córdoba organizado por el Grupo de Arte y Literatura “El Túnel” que dirige el escritor monteriano José Luis Garcés González.

Al campo cultural contribuye igualmente desde 1999 como compositor de música vallenata. Es autor de algo más de setenta canciones, entre paseos y merengues, en su mayoría de estilo más personal que comercial y con cierta constante crítica, algunas de las cuales han sido inscritas en concursos de canción inédita: tres veces en el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar, al igual que en festivales como los de Chinú y Apartadó. Su última participación fue en el XX Festival Sabanero de Acordeoneros y Compositores “Princesa Barají” realizado en Sahagún en junio de 2008, con el paseo Que canten los poetas, clasificado para el concurso correspondiente. Es también aficionado al canto y a la guitarra.

Son sus hermanos: Gloria Amparo (Socióloga), María Elena (Trabajadora Social), Cristo Enán (pintor, poeta, actor y dramaturgo residente en Francia) y Bernardo Rafael (médico y músico ex vocalista del Grupo Amadeus). Sus hijos: Francisco Javier Burgos Flórez, estudiante de Ingeniería Mecatrónica en la Universidad Nacional de Colombia, y Enán Javier Burgos González, estudiante de bachillerato grado 11.

Actualmente, se encuentra culminando su poemario titulado Cantando a Destiempo que aspira a publicar a mediados de 2009. El río Sinú, que atraviesa y divide en dos la “ciudad de las golondrinas” donde nació, marca también la historia de su vida, poderosamente ligado a él desde su infancia. Un río profusamente herido y testigo excepcional de la violencia que ha azotado a Colombia y, de manera especialmente cruel, a su departamento de origen. Un río que es a la vez verdad y recuerdo, vida y muerte, tristeza y alegría…

FBA