martes, 23 de agosto de 2011

PLENA DEMOCRATIZACIÓN DE LA POESÍA…


Sus poetas se jactan de invocarla:

sudan recitaciones en mercados públicos

despliegan delicados aromas sobre

lugares sucios y malolientes,

avivándose recíprocos se congelan

de simple amor

en medio del impenetrable

calor del mar Caribe,

creyéndose potables pregonan la

cómoda consigna, nos hablan de derechos

de un venero feliz que pertenece

a todos.

¿Su público? Debo intranquilizarme

para decir que merece mi apático

respeto. Yo, al menos, no impongo mi

diablura en beneficio de nadie, mucho menos

pretendo globalizarla para que sirva

de bonachón ejemplo.

¿Quién les dijo a estos poetas bohemios y

solidarios,

demócratas de quién sabe qué estólida

arrogancia,

que la poesía es objeto de obligado consumo,

o que tiene un poder sobrenatural

para salvarnos a todos de la dulce crisis?

¿De cuándo acá la idea de

embutirle poesía a cuanto desprevenido

habitante se atraviese?,

¿qué es esta cosa absurda de

predicarla hasta el súmmum,

convirtiendo sus inevitables

sinsabores

en movimiento poético mundial?

Poesía, dura y terca poesía

palpo su oscuridad alejándome

de lujos y talleres

de oficiales ternezas y presumidos burdeles

me aparto contrahecho

su soledad la asumo a salvo

de aplausos académicos, me estremezco en

sus antros, territorios, premisas

tertulia de fracasos, carencias

rutinarias

de imposible verdad.

A lo sumo, si

queremos socializarla pongámosle fusiles en lugar

de palabras debiluchas,

o para evitar

el panfleto, digamos que palabras

con sonido sutil,

despojémosla también de intrincadas relaciones

y de las contrarias claridades que

afectan por igual su militancia,

sintamos su útil perplejidad

capaz sin duda de derrumbar

silencios.

Plena democratización de la poesía

que tiene a la poesía

al borde de un patatús

emocional.


FBA – Derechos Reservados

lunes, 1 de agosto de 2011

Enmarañada y punzante amaneció hoy tu voz, dos años después como si nada. El cielo tiene, sin duda, sus ácidas respuestas. Y entre preguntas de simple exactitud tus hijos continuamos, cada uno en lo suyo, contándonos la inevitable premura del afecto. Amaneció hoy tu olor, eterno y corajudo, renovando la antigua primavera, dolorosamente del lado de la vida.


fba
A propósito de un Festival Internacional de Poesía…


MUCHAS LUCES
Muchos sueños
Mucha elevación
Excesiva bohemia
Excesivo deleite
Excesiva emoción
Necesitamos todo lo contrario:
Permanecer en la tierra
Habitarla sin treguas
Transformarla sin cielos
Urge entre desventuras
No aplaudirnos el grito
No cantarnos el miedo
No apagarnos la muerte
Necesitamos decisivamente
Embriagarnos con la sola
Maldad, reemplazando el
Desorbitado amor
Por la inofensiva opacidad
Del desquerer


FBA

sábado, 16 de julio de 2011

UNA MUY BUENA PÁGINA DE PLEAMAR EDITORIAL (EBA) dedicada al poeta SALAH STÉTIÉ...

Para que la visiten y la aprecien como se merece.

Enlace: http://pleamareditorial.free.fr/salahstetie.html


He estado bastante ocupado, de viaje en viaje, tras un asunto académico. Ya llegará la hora de normalizar la publicación de las entradas acostumbradas en ESCONCES Y DESTIEMPOS.


Saludo cordial,

FBA

jueves, 30 de junio de 2011



VERSO CON ALAS

Turpial amado, jaula donde se aloja
el pájaro invencible, chamaría fugaz que lo visita
puntualmente con sol de mediodía.
Se miran fijamente conversando con
Trinos memorables. Mi canto los observa
con ganas de meterse. Pero mi canto poco
se acuerda de barrotes, menos aún
de brisas y de alas.
Al parecer se envidian, se gustan, se enloquecen,
prisión sin hambre, libertad hambrienta, migas
idílicas cayendo con nerviosa gracia.
Poeta: ¿cuál de estas dos delicadas aves
se ajustaría mejor a tu existencia?,
¿en cuál de las dos estaría dispuesto
a reencarnar tu ruido apenas muera?







fba-derechos reservados

domingo, 12 de junio de 2011

Nota: artículo escrito en enero de 2011 para el proyecto “Revista Acordeones”, liderado por Otto Medina y Rafael Ricardo Barrios, y a petición de este último. Independiente de que haya sido o no publicado (desconozco la suerte del proyecto en mención), ESCONCES Y DESTIEMPOS es su hábitat irreemplazable. Se autoriza su divulgación siempre y cuando se cite la fuente: FBA (Francisco Burgos A.). Si bien su autor no puede desligarse del hábitat sinuano y sabanero del que procede, el entorno de sus opiniones no es el de la tradicional (y ya suficiente y magistralmente ilustrada) discusión entre el mundo musical vallenato y el mundo musical sabanero. Su autor escibe desde otra óptica, sintiéndose extrañamente parte del primero por reminiscencia, por cofradía y por gusto, aunque, es bueno decirlo, reconoce en el tema vallenato disquisiciones y problemas de mayor alcance. En todo caso, hablemos de "música de acordeón" (como en la sabana) o de "música vallenata" en sentido amplio (a efectos de justicia histórica y como eslabón fraterno), o de "música vallenata" con criterio excluyente, lo cierto es que el aspecto textual de las canciones se ve menoscabo por igual, quizá -por razones propias de particulares contextos- menos en un lado que en el otro. De enero para acá algunas cosas han cambiado o comienzan a cambiar de forma positiva. Ya quedó sembrada en el ambiente la necesidad de revolucionar comercialmente (poéticamente) este asunto, y es posible que, a raíz del triunfo de Adrián Villamizar en Valledupar, a un importante número de compositores se les dé por abandonar de una vez por todas el sendero del agravio. El artículo que seguidamente se publica es una contribución más de FBA (complemento de su propuesta musical) al claror de esta imparable lucha.


LA COMPOSICIÓN VALLENATA: CADA VEZ MÁS BOBALICONA Y MENOS VALLENATA

Corría el año 1985 y el 7 de junio saldría publicado en la edición No. 390 del Semanario monteriano Poder Costeño, un artículo de mi autoría titulado La canción vallenata: buscando a Rubén. Desde ese entonces advertía en la composición vallenata, sobre todo en su componente textual, deficiencias o carencias preocupantes. Todavía sin Nueva Ola y medianamente a salvo de quienes se consagrarían después como los “grandes lloradores del vallenato”, apreciaba la necesidad de profundizar la parte literaria de la música vallenata, más allá incluso de lo que significó su revolucionario romanticismo lírico. Me parecía que la complejidad del mundo urbano, la quintaesencia del difícil vivir, la exploración del tema amoroso por senderos no propiamente paisajísticos, la comprensión de la muerte como gran lección de vida, en fin, todo el peso inevitable de la más contundente poesía podía darle al género musical que nos ocupa, un viraje profunda y radicalmente educativo. ¿Hasta dónde se podía llegar sin correr el riesgo de profanar su histórica existencia? No lo sabía, y me temo que aún, con más años encima y mucha tinta a lo mejor desperdiciada, no me atrevo a aventurar una respuesta. En todo caso, cómo no sentirme hoy más preocupado cuando es la bazofia sentimental lo único que parece habitar comercialmente el texto vallenato; cuando el interminable desfile de canciones estúpidas y pobremente románticas, la recocha insoportable (muy lejos de la emoción parrandera), las ridiculeces arrítmicas y las fusiones descabelladas son las únicas o mayoritarias expresiones de un género musical que, en pos de una “exitosa expansión”, va en picada despojándose, grabación tras grabación, de esencia y vitalidad.

Así pues, me inquietaba la idea de subvertir el orden vallenato, llevando la letra de las canciones a terrenos inexplorados e insospechados. Comprendía en aquel tiempo la urgencia de asumir identidad, poesía y cultura como trinidad creadora capaz de perturbar la tradición pero al mismo tiempo de enriquecerla a profundidad; eso sí, sin amarrar la literatura ni la cabal comprensión musical del canto vallenato a un término tan engañoso y peligroso como “evolución”. Examinaba cómo la transición lírica –no obstante contar con valiosos autores que produjeron obras destacables– no había logrado sacudirse de las letras arrepentidas que desempolvan olvidos, que lloran los amores con una mojigatería inconcebible, atiborradas, además, de un fuerte machismo tontarrón, de culpas y maldades ajenas, de corazones súper destrozados, de infinitos lugares comunes, de enamoramientos empalagosos, de bonachonas historietas. En suma: de falsa poesía. Como si la tierra más que tristeza o nostalgia produjera llanto, y a caudales sensibleros. Y como volver a lo narrativo no estaba entre los planes ni lo vislumbraba como escenario deseable, ¿qué mejor que hacer de lo lírico horizonte de búsqueda angustiosa e incesante? ¿Por qué no entonces un Rubén Blades para el vallenato? ¿Por qué no aprovechar, incluso, la tendencia hacia la diversidad temática de sus orígenes como ejemplo de camino innovador por recorrer? Me preguntaba, además, si la música vallenata, debido a su bailable y popular vestidura, era tan absorbente que impedía que la canción vallenata pudiera matizarse con contenidos artísticos o literarios de mayor envergadura.

Sin duda, el tema amoroso, servilmente orientado hacia lo femenino, ocupaba ya, en forma mayoritaria, el espíritu creativo de nuestros más afamados compositores que, a diferencia de los románticos empedernidos (enfermizos, simplones, oportunistas) de ahora, le ponían alma, verdad y sentido al “producto” vallenato. Pero me temo que bajo su influencia se fue metiendo, para nunca más salir, la ponzoña monotemática del amor en casi todos los trabajos discográficos serviles al imperio del mercado, hasta tal punto que no tardaron las distorsiones rítmicas y la descomposición perversa en hacer de las suyas. Rubén Blades, frente al auge de la salsa naciente después de la revolución cubana –que en su mayor parte invitaba a bailar y a gozar–, no optó por el son cubano sino que trastocó a fondo el problema de la compenetración entre letra y música, haciendo de esa música que él identificaba cuando sonaba, intención poética y continente emocional. ¿Por qué al vallenato no habría de ocurrirle algo parecido? Ésa era mi más angustiosa pregunta. Y también mi más poderoso desconsuelo. En todo caso, el Blades de hoy no sería el espejo más apropiado para mirar cómo enarbolar esta dura lucha por la salvaguardia del canto vallenato cuando, interrogado sobre el presente y futuro de la salsa, manifiesta: “… es inútil preocuparse por cosas sobre las que no se posee posibilidad alguna de controlar, al igual que es absurdo considerar que los gustos permanecerán siendo iguales para cada generación” (El Universal, Suplemento Dominical. Cartagena de Indias, 2 de mayo de 2010, p.8). Dejemos entonces a Rubén Blades por fuera de la causa vallenata, quedémonos nosotros (pocos pero ruidosos) apostándole a lo inútil y a lo absurdo, desenmascarando la fiesta de la irresponsabilidad y de la ignorancia, y preocupados tremendamente por la calidad estética y no económica de nuestra música.

Como están hoy las cosas, con retornar a la etapa lírica que ya conocemos me sentiría satisfecho. Pero estimo aún pertinente examinar hasta dónde es posible, en verdad, incorporar un componente poético distinto en este género musical teniendo en cuenta sobre todo su origen folclórico, la expresión popular y provinciana, el carácter narrativo de sus inicios y el lirismo posterior de sus letras más sentidas. Desde este punto de vista, habría que preguntarse si salirse de este ambiente textual es válido, o mejor, si los aires vallenatos reconocidos como tales (entiéndase al tenor de la ortodoxia dominante el paseo, el son, el merengue y la puya) admiten expresar un sentido de la vida que trascienda el contexto anotado. En otras palabras: ¿es incompatible dicha música con manifestaciones literarias y poéticas sustancialmente diferentes?; ¿existen condicionamientos musicales en el vallenato que limitan seriamente tales aproximaciones? Me imagino desde ya el despelote que se formaría. Comercialmente hablando sería, por supuesto, un verdadero desastre. Bastante tiene ya el vallenato tradicional y el paseo lírico con el “vallenato posmoderno” como para ahondar en propuestas desesperanzadoras. Pero comercialmente soñando sería toda una revolución, pues, en últimas, de educación y cultura, y no de ridiculeces y mediocridades, es de lo que se trata.

Mal que bien, el vallenato ha experimentado a lo largo de su existencia un “desarrollo” rítmico considerable. Sobre este particular, resulta sumamente interesante el estudio de Abel Medina Sierra titulado “Los géneros legítimos y espurios de nuestra música”. Encontrarán allí los lectores argumentos de importancia alrededor de una evolución, quiérase o no, evidente. El repertorio del músico vallenato ha estado ligado, desde siempre, a más de cuatro ritmos, por lo que el autor presenta su hipótesis de que “la historia genérica del vallenato no es sino una lucha de ritmos espurios contra los ya legitimados o los intentos de los primeros por ganar ese estatus de legitimidad”. Historia entonces orquestada por ritmos emergentes o fusiones modernas como los denomina Hernán Urbina Joiro en su libro “Lírica Vallenata: de Gustavo Gutiérrez a las fusiones modernas”. Ahora bien, ¿qué tan positivas han sido las aportaciones rítmicas de la Nueva Ola, del estilo único e inconfundible de Kaleth Morales o de las romanzas del poeta Rosendo Romero (para no mencionar la mezcla imperdonable de balada, ranchera y hasta de twist con vallenato)? Buen tema, para discutirlo sin parar. Pero por ahora centrémonos en la parte textual del vallenato. No hay que olvidar, en todo caso, que el progreso en el arte no puede ser visto en sentido cronológico.

¿Qué ha pasado entonces con las letras de las canciones vallenatas? Mientras la historia rítmica del vallenato es rica en demostraciones, su historia textual es pobre en compromisos. Mencionar, por ejemplo, una primera e importante escisión a partir de los años sesenta del siglo pasado con Gustavo Gutiérrez Cabello, quien, al decir de Julio Oñate Martínez, “revolucionó la estructura del paseo, tanto en su contenido como en la forma de versificar, introduciéndole un lirismo más manifiesto, con versos más delicados, y con melodías más dulces y elaboradas pero conservando el ritmo original”. Y posteriormente (muy posteriormente), con la inclusión de la jerga juvenil en cuanto característica peculiar de un movimiento urbano que, más que Nueva Ola (el mismo Silvestre Dangond anunció hace un tiempo su defunción), significó un relevo generacional en el canto vallenato modelo siglo XXI. La cursilería romanticona, con claros visos degenerativos, no representa, a mi juicio, un viraje a tener en cuenta. Los cambios, sean positivos o negativos, deben contar al menos con una aspiración de identidad para ser considerados, y el legado de Wilfran Castillo, “Tico” Mercado e Iván Calderón (por mencionar sólo a tres de los más representativos, y sin desconocer que se trata de compositores que cuando se lo proponen se salvan del estereotipo) está signado por obedecer exclusivamente al más oprobioso y bestial de los mercados. De todos modos, tanto las letras estilo Nueva Ola como las de los llorones de moda se muestran, casi siempre, pobres e intrascendentes.

A Wilfran Castillo habría que reconocerle la intención de mejorar poéticamente sus temas librándose, además, del evacuatorio sentimental, aunque al servicio de un pop estilo Fonseca o Carlos Vives que, en últimas, desdice igualmente del género musical que lo ha lanzado al estrellato nacional e internacional. Por otra parte, un compositor y músico monumental como Omar Geles, gran beneficiario del embeleco en boga y a quien (lo digo sin explícita ni secreta ironía) le profeso respeto y admiración, me produce ya susto y patológica grima cada vez que su trucaje rítmico y melódico –explosivo tic, adobado con irresponsable lúdica y con la misma historia pendeja y pueril– aparece en escena. Aún no me repongo del efecto “aplanadora”, mucho menos cuando me acuerdo de que su intérprete fue nada menos que Jorge Oñate. Ver a Oñate cantando y bailando semejante esperpento me produjo un colapso vallenato que por poco consigue desarmarme. Pero bueno, “es lo que le gusta a la gente”, me dirán. Sí, a la música en general la golpea el pillaje y el éxito efímero de la posmodernidad. Pero es también tarea de utópicos ponerle el cascabel al gato. Es también asunto de valientes complicarles ese festín insípido y esponjoso.

Podríamos considerar asimismo (en términos de intención poética y procediendo conforme al gusto personal) el aporte de compositores como Hernando Marín Lacouture, José Alfonso Maestre Molina e Iván Ovalle Poveda, siendo el primero de los nombrados mucho más claro y contundente a la hora de proponer un valor estético de conjunto, adjetivado y coherente, más allá de los límites de la poesía lírica. No sólo el amor es un tema genuinamente abordado por Marín; de su alma rebelde, truncada tempranamente por la muerte, brotaron aspectos bucólicos, sociales y políticos de inolvidable valor artístico. ¡Qué falta le hace Hernando Marín Lacouture al vallenato! Seguramente, de su verso maestro –interrumpido, tal como lo afirma el licenciado en idiomas y magíster en literatura hispanoamericana Oscar Ariza Daza, “en una etapa clave de su vida musical”– hubiesen surgido, con madurez o sin ella, canciones profundamente vitales y comprometidas. Y comprometidas no sólo en el terreno contestatario (remito a los lectores al ensayo Hernando Marín y la Canción Contestataria del citado profesor Ariza Daza, publicado en: Historia, Identidades, Cultura Popular y Música Tradicional en el Caribe Colombiano, Universidad Popular del Cesar, 2004), sino también en cuanto a los resplandores de una creación que incursionaba en las satisfacciones, contradicciones y sinsabores de la existencia. Los Años, por ejemplo, canción preferida por Marín, es un precioso paseo que alcanzó milagrosamente a ver la luz en la producción Rompiendo Esquemas (título obviamente sugestivo) de Silvio Brito y José Hilario Gómez (edición especial, 2006).

El amor tiene su fuerza, diría Ovalle. Pero arrastra también el riesgo de aclimatar excesos y descomposturas imperdonables en los cuales difícilmente se logra reconocer, a efectos de recomponer las cosas, el punto de no retorno. El presente del texto vallenato es lamentable, y ni qué decir del futuro que, por lo visto, le espera. Me preocupa sobremanera el mensaje de la canción vallenata, que aprecio necesitada de contenidos con mayor profundidad y vitalidad. Sentimos, de verdad, que algo (muy grande) no funciona. Me refiero, claro está, a la música grabada o que se graba y que logra repercutir nacional y hasta internacionalmente, e incluso a la que se queda amarrada a contextos regionales y locales sin distintivo alguno. Otra cosa es lo que ocurre con los festivales o en las tan apetecidas parrandas vallenatas, aspectos estos que deberán ser harinas de posterior costal. Por lo pronto, regalémonos más acuciosos interrogantes: ¿no hay acaso compositores capaces y merecedores –entre los tantos que pululan en festivales, conocidos o ignotos, y entre quienes se inspiran desinteresadamente por amor al arte– de asumir la responsabilidad histórica de rescatar musical y textualmente la canción vallenata? Claro que los hay, y muy buenos, de larga y corta data (no doy nombres de viejos conocidos para evitar injustas omisiones) y a lo largo y ancho de la extensa geografía vallenata, no reducida, por cierto, al Valle que tanto se menciona. Si algo me mortifica es saberlos extraviados en el universo inclemente de las manipulaciones festivaleras o sometidos al vaivén inmisericorde del elitismo parrandero, cuando no expuestos al olvido miserable de quienes, por negocio o estulticia, desconocen la utilidad y la grandeza de su desprendimiento y de su dolor. ¿Cuántas bellas y torrenciales canciones permanecen sepultadas bajo la arrogancia de semejante poder?; frente a la desolación del presente, ¿sólo es posible responder a la crisis desde sus elementos tradicionales y líricos?; ¿basta una buena melodía o un buen intérprete para autodenominarse “compositor”?; ¿estamos condenados a soportar la fórmula del sanedrín que explota “lo vallenato” como hecho mercantil despojado de sanos vientos culturales, abarrotándonos de canciones endebles, de arritmias y melosidades sin gracia y sin sentido?

Intuyo, pues, que la poesía debe abrir, sin intelectualizar demasiado, más poderosos espacios comunicativos. Resignarnos al eterno lagrimeo, al verso insulso, a la rima esclerótica, a la melodía aparatosa, al desbarajuste inarmónico y al embrutecimiento festivo –generado por ritmitos falsamente alegres–, no es bueno para la salud del vallenato, mucho menos para la de quienes se precian de ser sus más significativos amantes y dolientes. Se le podía y se le puede cantar al amor sin tanto gemido, sin baboseos, sin brinquitos, sin agonías, sin payasadas. La juventud siempre será grande en cambios y en desvelos, y de ahí que nunca en su nombre sea plausible pervertir el arte. Merece el amor (tema, por supuesto, universal) su bienhadado espacio, siempre y cuando se aborden sus infinitas glorias y fracasos desde perspectivas artísticas, poéticas y literarias auténticamente vitales. Pero nuestros compositores vallenatos han hecho del amor una basura mercantil rayana con la idiotez y la mentira. Urge entonces una indagación colectiva que, sin folclorismos radicales, se proponga construir senderos de verdadera pero también de novedosa identidad vallenata. Lo más importante es entender que la música vallenata (no tanto ya el folclor y lo tradicional) atraviesa –quiérase o no reconocer y por mucho Grammy y roce internacional que la envanezcan– una profunda crisis rítmica y textual; que es hora de poner musicalmente resistencia, sumando esfuerzos aislados y coincidentes. Con la razón, el sentimiento y la palabra como armas. Con duras y argumentadas banderillas. Con canciones originales y trabajos discográficos alternativos.

En medio de este panorama gris hay, por fortuna, notables esperanzas, esperanzas que tienen nombre propio. Un cantautor como Adrián Pablo Villamizar Zapata es un buen ejemplo. Desde su atípica y exótica figura, y no obstante salirse del estricto cuento vallenato, propone para este género musical ritmos, melodías y armonías de largo alcance y de aliento exquisito, que suele acompañar con una poesía excepcional emanada de vivencias y recuerdos, poniendo en resumidas cuentas a respirar la vida. El esplendor metafórico del cantautor sinuano Joaquín Rodríguez Martínez es otro magnífico ejemplo. Y por supuesto, todo el legado lírico de compositores de prestigio y creativamente vigentes, que bien pudiera dignificar y diversificar con nuevas canciones (no con reencauches) las producciones vallenatas, sin necesidad de reanimar despechos.

Crítica o no, este acuminado artículo surge de la más sincera, infinita y dolorosa soledad al comprobar una y otra vez la pobreza, especialmente textual, del producto vallenato, artículo de consumo que, por lo mismo, no puedo, racionalmente y hasta por instintiva repulsión visceral, aceptar dentro de lo que algunos –ciegos o haciéndose los locos por conveniencia– llaman “grandes conquistas musicales” amparándose en una enfermiza “evolución”. Y para tranquilidad de todos, que quede claro: yo no sueño tristemente con el pasado del vallenato, sino que lo rumio con absoluto deleite para poder ubicarme, en su actual contexto, de cara a la urgencia de dignificarlo en función de un intrincado pero revelador futuro. Ni más. Ni menos.


FBA


































miércoles, 25 de mayo de 2011

INVITO A LEER EL POEMARIO DE ENÁN BURGOS ARANGO DEDICADO AL POETA H. GALO VURGOS P.

SU TÍTULO: ORUGA IMPACIENTE

He aquí el poema que finaliza el libro:

LETEO

¡Adiós, poeta, adiós!
Tu silueta se ve como la oruga
que nuevas alas lleva
hacia el más allá, adonde reina Dios.
Néctar siempre oro,
aunque encanecida ya tu noble voz
nunca un quejido dio.
Tu verso, fiesta breve,
donde quiera que él resuene, vuela,
penacho de espigas
alumbrando la extinguida senectud.
Abejas del deseo
que sin engaños ni daños
besaron la amada flor.

ENLACE para acceder al texto completo y a otros poemarios de ENÁN BURGOS ARANGO:

http://enanburgos.free.fr/poesiedigitale.html


Saludos,


FBA



viernes, 13 de mayo de 2011





DE VUELTA. Aún no del todo recuperado, reinicio operaciones.

A PROPÓSITO DE “CIEGOS NOSOTROS”

Luego de haber estado desde el martes 26 de abril en EL VALLE (sin haber estado en Valledupar) hasta la noche del 30 de abril, siguiendo minuto a minuto el concurso de Canción Vallenata Inédita en el marco del 44 Festival de la Leyenda Vallenata (2011), registro con beneplácito el triunfo de un buen amigo, el cantautor ADRIÁN PABLO VILLAMIZAR ZAPATA, nacido en Buenos Aires-Argentina, con alma musical cubana, esencia guajira (San Juan del Cesar-La Guajira-Colombia), corazón vallenato (Valledupar-Cesar-Colombia) y (agrego yo) fraternidad sinuano-sabanera. Creador del CUBANATO, este trovador (como prefiere ser llamado, en lugar de compositor) cuenta con un importante recorrido en festivales de música vallenata y sabanera realizados en distintas ciudades y regiones de Colombia caracterizándose, además, por no circunscribirse en sus composiciones al género vallenato.

En un hecho sin precedentes en la historia del máximo evento del folclor vallenato, obtiene, ¡por fin!, el triunfo con una canción, en ritmo de paseo, titulada Ciegos nosotros, dedicada al juglar LEANDRO DÍAZ (ciego de nacimiento y autor de un cúmulo apreciable de canciones vallenatas consideradas clásicas), quien, con LORENZO MORALES (el juglar vallenato supérstite de mayor edad con 97 años encima), fueron los homenajeados este año por el Festival Vallenato acertando la Fundación que lo organiza en distinguir a estas dos leyendas vivas de una música vernácula que tuvo en la gaita, luego en la guitarra y finalmente en el acordeón instrumentos claves para su desarrollo. Que un canto espiritual y religioso gane en un medio ortodoxo como el de Valledupar –presuntamente defensor del vallenato tradicional– no es cualquier cosa. Se trata de la entrada en escena de un nuevo lenguaje que, sumado a una propuesta melódica exquisitamente innovadora, bien podría significar la puesta en marcha de una constructiva, respetuosa y responsable evolución. Y si reparamos también en una elaboración textual rica en imágenes y figuras poéticas, es probable que se haya logrado abrir una gran puerta para que creadores de excelso talante entren a robustecer la causa de dignificar nuestra música, agobiada hoy por las deformidades rítmicas y la pobreza literaria, ridiculeces con que “la evolución y el éxito comercial del momento” han menoscabado profundamente la identidad (entendiendo este término en sentido dinámico, no estático) de la música vallenata. Coincidimos en esta apreciación con el periodista y escritor Ernesto McCausland, quien, a partir del ejemplo de Ciegos nosotros, invita a la industria vallenata a entender que es éste su camino y su salvación, conminándola a madurar discografías portadoras de “canciones sensibles y con contenido”, que pongan fin a “la pobreza conceptual y anemia creativa que pulula en el vallenato".

En lo personal, hubiera preferido que canciones como El ángel bohemio, Te debo una canción, Identidad, Yo soy el canto vallenato y Cofradía (todas de la autoría del citado trovador y que simbolizan poco más de una década de su lucha por llegar al podio en el Valle de los Reyes) hubieran sido (cualquiera de ellas) las ganadoras. Y no porque Ciegos nosotros desmerezca lo alcanzado, sino porque, en mi mundillo poético la divinidad, aunque hondamente respetada, muy poco sale a flote, dejándome los cantos que tan ampliamente la recogen (El ángel bohemio y Cofradía también lo hacen pero, a mi juicio, la religiosidad actúa aquí más como medio que como fin, o, por lo menos, se relaciona con propósitos temáticos no propiamente celestiales) un saborcito demasiado solidario o entre dulzaino y bonachón. Cosas… vainas jodidas de este poeta crítico, terrenal y mortífero que me carcome. Debo reconocerme entonces de seguro como uno de los muchos ciegos que, dotados del sentido de la vista, son señalados o invitados a la reflexión por Adrián Villamizar en su glorificadora canción. Lo admito y me dispongo obediente a ello. Sólo que sé que este compositor es también el creador de temas como El tejido, Serankua, Cantos y fugas, Un final feliz, Nacho lee, Me pinto, Cómo me voy a olvidar, Canción imaginada, La plaza de Juancho, Llueve en Curramba, La ruta del reencuentro, Si no se canta se olvida, Se acabó la guerra, Viejo, Otra vida hecha canción y Vivir Cantando, entre otras, donde la exploración de la poesía adquiere ribetes para nada obvios y, por supuesto, en nada azucarados como me gustan.

Los cantos enamorados trivialmente de la vida tampoco son, por idénticas razones, de mi predilección. Me es imposible separar la vida –por más ánimo optimista y pajaritos azules que le ponga o pongan; a más loa y colorido mayor dificultad, y me temo que la separación jubilosa podría únicamente alcanzarse cuando el canto a la vida se acerque a (y se confunda con) su verdadera y complicada realidad– de lo que significa, día tras día, noche tras noche, el hecho inobjetablemente trágico de vivir. Sin embargo, vale aquí hacer una importante precisión. Una cosa es la poesía (que puede posteriormente, en casos excepcionales, llegar a ser cantada, haciendo quizá eco de su intrínseca musicalidad) y otra la música cuyo texto se ampara en la poesía o la pretende, escribiéndose en función de (o en interrelación con) la obra melódica, rítmica y armónica de que se trate. En la primera, exceptuando cierta poesía que bebe del misticismo, Dios es un asunto fronterizo y riesgoso no recomendable de ser exaltado en versos (poesía y política, poesía y religión: incógnitas, ecuaciones no resueltas, por lo general, de manera afortunada); en la segunda, sobre todo en una música popular como la vallenata, es pensable y posible abrigar ciertas licencias propias de su hábitat y de un lenguaje esperanzador ataviado, además, de imantadas melodías y rima inevitable (mensajes positivos, sensibilidad paisajística, belleza inaudita, vida exultante, deidad latente…).

En todo caso, lo importante es que Ciegos nosotros no solo es, en mi opinión, un canto religioso, sino también interior, justo, vital, extraño, singular, inspirante, reflexivo y con inequívoca intención poética. Era su compositor tan consciente de la incertidumbre de lo logrado que, cuando concluyó su creación, vislumbró la misma más en una tarima católica, cristiana o de cualquier otro culto afecto al Supremo Hacedor galáctico, que en una tarima vallenata como la de Valledupar. Pero Dios es Dios y sabe lo que hace, y fue así como se trazó, a través de un incansable caminante que cuenta la vida cantando, el enorme reto de romper el esquema festivalero imperante durante tantos y tantos años de parranda y tradición. Negar que la majestuosa puesta en escena de Ciegos nosotros –con los jóvenes “invidentes” Juan David Atencia y Carmen González al frente de su interpretación vocal– influyó en el éxito obtenido, sería todo un despropósito, como lo sería también el ignorar que su aspecto divino sensibiliza y capta poderosamente la atención. Pero asimismo sería un imperdonable despropósito desconocer que el triunfo de Ciegos nosotros obedeció primordialmente a la magia de un compositor talentoso que sabe, con equilibrio estético, lograr la orquestación de muchos elementos creativos a la hora de inmortalizar su percepción de la vida en un universo musical. Y como lo sostuve arriba, alcanzar semejante conquista en el Festival Vallenato es un hecho no solo inédito sino también aliviador, si es que lo aprovechamos para sintonizamos con la urgente necesidad de replantear el devenir festivalero y darle a la música vallenata, tanto en lo artístico como en lo comercial, el prestigio, la dignidad y el porvenir que se merece. Sin duda, el gran mérito es haber puesto a las demás canciones en la triste evidencia de que no tenían nada que hacer en su presencia. ¡Increíble pero duramente, saludablemente cierto!

Hay que agregar entonces que Adrián Villamizar es un hombre con un sentido espiritual copioso que amalgama de manera extraordinaria la divinidad con lo terrígeno y lo ancestral, dotado, además, de vivencias, experiencias, sueños y nostalgias que lo hacen único en su especie autoral, uno de esos personajes que surgen cada 20 o 25 años (si nos atenemos al criterio del cantautor sinuano Joaquín Rodríguez Martínez; yo diría que más). Y así como podemos esperar de él un merengue como Que viva la paz, muy bien interpretado por su amiga Sandra Arregocés y que pertenece a la onda estelar de Ciegos Nosotros, es igualmente factible que nos sacuda cualquier día con un canto aquilatado al mejor estilo de su descomunal paseo Yo soy el canto vallenato. Así es Adrián Pablo Villamizar Zapata. Una persona con estas siete letras bien puestas, médico de profesión, oferente y demandante de amor, fan de la imperecedera amistad (incluso de las herméticas y lejanas) y precavido, por motivos ajenos a su voluntad, cuando se trata de recibir elogios, reconocimientos o afectos lisonjeros.

Ahora bien, en torno a una controversia leída en Facebook, en la que se llegó a sostener por uno de los intervinientes (refiriéndose al caso de Adrián Villamizar y a su canción Ciegos nosotros) algo así como que el poeta sólo es tal cuando, tocado por la divinidad o por algún viento sagrado, sirve de instrumento para eternizar una obra mayúscula y excepcional, aconsejando no inquirir por el hombre de carne y hueso, común y silvestre, que lo vive y sufre en la más espantosa cotidianeidad, debo decir que todo artista, sea poeta, novelista, pintor, escultor, músico, actor, cantante o trovador como Adrián Villamizar, se ve abocado, como buen mortal que es, a tener que comer, trabajar, dormir, saludar, evacuar, etc. Pero lo que pasa en la cabeza de un artista no es asunto exclusivo del ser superior. Funciona quizá el acto creativo a la manera de vasos comunicantes donde muchas variables conspiran para producir el arte. No se trata tampoco de que, en el caso del poeta, éste deba vivir siempre como tal, pues, quiéralo o no, y como bien lo advierte con mezcla de tristeza e ironía el poeta mexicano Jaime Sabines, le toca asumir el transitar de su vida desde una naturaleza humana vulnerable, le toca padecer y hasta gozar, en su condición de hombre común, la tremenda verdad de ser un simple y ridículo peatón. ¿Simple y ridículo? He aquí la también tremenda diferencia. El poeta jamás se esfuma del hombre donde habita, el artista permanece vigilante y a la espera, ayudando sutilmente, afincado fortalezas, impregnando pensamientos, depurando intuiciones; y viceversa, el hombre ungido por el don del arte difícilmente es extirpado por su poeta o artista al tiempo de emprender éste el oficio de crear o recrear. Parafraseando atrevidamente a Pavese: El duro oficio de poeta, el duro oficio de vivir. Oficio… ¡de esto sí que tiene la poesía!, afirmación obviamente no apta para poetastros ni para comentaristas paradójicamente cegados por el apego a lo divino.

Cierro este capítulo musical con una opinión epistolar del pintor y poeta monteriano Enán Burgos Arango (Montería-Córdoba-Colombia) que, sin duda, viene al caso: “La poesía, más que un ejercicio de lingüística o una tesis seria o metafísica, es un juego de niños, a condición de que el elemento latente de ese juego no se haya marchitado en nuestro espíritu”.


GRAN ABRAZO DESDE EL SINÚ “ÁNGEL BOHEMIO”. QUE LA BELLEZA Y LA VIDA TE SIGAN INSPIRANDO, PARA GOCE DE QUIENES NOS APIÑAMOS EN DERREDOR DE TUS SALVADORES CANTOS.


FBA

ADENDA: Entidades públicas y privadas se desdibujan afanadas por el barullo de la certificación, dándole primacía a la forma sobre el fondo, lo que, tratándose de organismos estatales con fines de protección social, se vuelve aún más degradante y calamitoso. Así pues, qué bien que canciones como Ciegos nosotros se preocupen por el fondo de una música comercialmente extraviada en la imbecilidad de los formatos desechables.

El sábado 14 de mayo de 2011 será la premiación en la histórica tarima “Francisco El Hombre” de Valledupar. 7 p.m. Y a fuerza de alazos, ¡también estaremos!

sábado, 7 de mayo de 2011

RESQUEBRAJADO POR PROBLEMAS DE SALUD. ESPERO RETORNAR EN POCOS DÍAS.

SALUDOS,

FBA

domingo, 17 de abril de 2011




De VIVIR CANTANDO, Capítulo Tres de CANTANDO A DESTIEMPO, 18 textos:


LEGENDARIOS

“Yo a mi pueblo no lo llego a cambiar ni por un imperio
yo vivo mejor llevando siempre vida sencilla”
El viejo Miguel (merengue vallenato)
ADOLFO PACHECO


Ah si el maestro Adolfo quisiera
cantar conmigo estos versos fratricidas
acompañar mi canto con su voz sabanera
y en San Jacinto o Sahagún
sonaran las guitarras del principio

Si Hardt, Negri y Boron no estuvieran
tan cerca de mi patio lugareño
(que el imperio es el mismo imperialismo
que la posmodernidad succiona en lo local
que es preciso globalizar microrrelatos)

Pero no es éste el sentido universal de la provincia
A duras penas intento descifrarlo
mientras pasa la vida enloquecida
con su ambiente tranquilo y sus guirnaldas,
a simple vista me niego a contemplarlo
pues la humana condición no es suficiente
ni la jerga local es el problema

Y si todo provincialismo sabe a rancio
no es por obra del mar capitalino
es que hay ruidos de sal que permanecen
por más que se multipliquen rascacielos
es que la humanidad es un desastre
doquiera el hombre construya su universo

Ah si el maestro Adolfo quisiera
cantar conmigo estos versos fratricidas
acompañar mi canto con fervor de leyenda
y en Sahagún o San Jacinto
sonaran las guitarras del final


CANCION PARA UN PARRANDERO ARREPENTIDO (sin aire de paseo)

No bebo más
No tomo más
Ya me aburrieron tantas glorias pasajeras,
Voy a cantar
Voy a rogar
Que el Sol se canse de aplaudir mis borracheras.

Quiero entender
Quiero saber
Que hay otras formas de perderse en el camino,
Ser otra vez
Aquel ayer
Cuando con tiempo y sin amor vivía tranquilo.

Aún es posible saborear
La vida sorda a plenitud,
Para plagiar la juventud
No necesito parrandear.

Ay hombe sol
Ay hombe mar
Ay hombe río
De mi verdad.

No canso más
No prendo más
He de alegrarme con la paz del vecindario,
Aunque después
Beba otra vez
Y un gran jolgorio arme en mi cincuentenario.

Ay hombe sed
Ay hombe pan
Ay hombe canto
De mi maldad.

Aún es posible jaranear…


AY MUERTE (paseo vallenato sui géneris compuesto por FBA en Bello-Antioquia el 20 de diciembre de 2002; para escuchar en alguna panzada casera y selectiva, previa inscripción, o en algún festival inusitado)

1

Ay muerte cómo te gusta pasar conmigo
la vida incierta que llevo yo,
y siempre que andan preguntas por mi camino
va tu respuesta en mi corazón;
son tantas las alegrías que no comprendo
cuando en tu vuelo temo partir
y vanas las travesías de estar sufriendo
porque este mundo no es para mí.

“Pero soy tu tristeza
jamás tu juventud” (bis).

Muerte que ahora floreces intensamente
tiempo perdido soy de tu cruel amor
Parca, tu buena vida no me merece,
si resucito, si otra vez grito
puedo quemarte el aliento con tanto sol;
ay huellas de este pasado que vence todo
no encuentro cómo acabarme ya sin virtud,
“pero a tu clara estrella
da luz mi perdición” (bis).

2

Ay muerte cómo me gusta pasar contigo
la vida incierta que tienes tú,
y siempre que oigo preguntas de tu camino
hago una fiesta por tu salud;
no captas los resplandores que por ti muestro
cada que duermes en mi soñar
y menos mis emociones, se vuelve cierto
el viejo acto de despertar.

“Pero soy tu tristeza
también tu juventud” (bis).

Muerte que ahora floreces intensamente
tiempo perdido soy de tu cruel amor
Parca, mi extraña vida no te merece,
si ensimismado, si preocupado
suelo volverte poesía, vida y canción;
ay huellas de este pasado que vence todo
no encuentro cómo acabarme ya sin virtud,
“pero a tu clara estrella
da luz mi perdición” (bis).


COMPOSITOR – a Carlos Huertas

un taburete al pie de un árbol milenario
solitaria y polvorienta recrudece la plaza
la brisa frutal que lo apasiona va liberando
poco a poco los recuerdos, mediodía de
apacible floresta que canturrea a un
adorado valle, río que pudiera ser el
Ranchería, y un pueblo cualquiera de los
tantos abandonados a su triste
suerte

la soledad del compositor cuenta
la historia, iguanas y riberas afinan
la inspiración de la guitarra, el silencio
es algo dulce y ya no hay fiesta, huellas
de cantores, olvidos que se defienden
entonando nuevas y viejas
alegrías, amores de una poesía
que cuajaba en lo blando de la tierra

inmortalidad del momento que finiquitas
la canción soñada, haz que tu compositor
siga emitiendo melódicas y acompasadas
fugas, entrégale la tonalidad que se merece
ayúdale a defender su verdad
con buenos versos

un taburete al pie de un árbol milenario
mi árbol está lejos y ni el licor serena
la sitibunda ausencia, ciudad grande
y fría donde el progreso miente
cemento y sonidos de
horizontal encierro, sin embargo
mi guitarra se asoma a la ventana
una canción se atreve en lo alto
a desafiar la noche, la voz me sale
de alguna vieja calma del destino
y fluye, fluye alejándose hacia su
eterna muerte:

… y si tuviera alguna luz
que a veces cante para mí
no padeciera tanto afán en esta vida,
pero la brisa del Sinú
a veces me hace tan feliz
que pareciera que este mal al fin termina…


compositor amigo, compositor que lloras
cuando tu flor trasciende, no importa
qué tan pobre sea la vida que te espera
la riqueza que cantas desciende
de otros cielos, y en sus milagrosas nubes
te escucha el universo


CANTANDO VERSOS

cantando versos terribles
miserables
soportando locuras imposibles
ancestrales

cantando versos totales
inservibles
respirando premuras tropicales
increíbles

cantando versos nerviosos
penitentes
habitando universos oprobiosos
convincentes

cantando versos decentes
rigurosos
presagiando sonidos inclementes
milagrosos

cantando versos perdidos
altaneros
detentando poderes confundidos
embusteros

cantando versos arteros
tan queridos
reciclando saberes pendencieros
aburridos

cantando versos felices
musicales
y por si las moscas
cumpliendo cada que puedo
con mis males


MADRE MÍA
patrona de mis dudas
confín de mis desvelos
no sé cómo expresarte
esta suerte que tengo
cuando pienso en mi vida
y no encuentro tus besos
no sé cómo librarme
de la muerte tranquila
cuando tú vigilas mis sueños ebrios
no sé cómo mirarte
en los días felices
de fugaces lamentos
y sobre todo
no sé cómo quererte
cuando crece en mi pecho
el desconsuelo


CUANDO PIENSO EN MI HERMANO
oigo tantas voces
veo tantos cielos
pienso en la justa paciencia
y en mi fugitiva calma

cuando pienso en mi hermano
no hay presencia vaga
el vientre del hilo
favorece la humedad
de aquel Sol que nerviosamente
nos deshoja
la vida de Occidente
nos impone el desorden
la sangre nos depara
una gran felicidad
el río de la ausencia
se sale con la suya
y yo, cantando en mi pueblo
he de morir en él
sin aliento de patria,

cuando pienso en mi hermano
oigo tantos cielos
veo tantas voces


COTIDIANO

noches que podrían ser estrellas
si yo no viviera
perdido en tus senos

mares que podrían ser viento
si yo no estuviera
escondido en tu pelo

ríos que podrían ser árbol
si yo no siguiera
ceñido a tu cuerpo

lluvias que podrían ser barcos
si yo no doblara
papeles en vano

miedos que podrían ser sabios
si yo no dejara
mi vida en tus besos

sueños que podrían ser buenos
si yo no entregara
mi fértil tristeza

cantos que podrían ser bellos
si yo no encendiera
mis grandes silencios

dichas que podrían ser negras
si no me encantara
tu frágil borrasca

y amor que podría ser amor
si yo no te amara
muriendo por ti


SI SUPIERAS AMAR
me darías tu vida
de una forma tan clara
que estorbaran las flores
se vendrían las noches
con estrellas caídas
y luceros eternos
en las tardes traidoras

si supieras amar
me darías tu muerte
de una forma tan plena
que sobraran amores
se vendrían los días
con sopores tremendos
y calores lluviosos
en las noches malignas

si supieras amar
otro cuento sería
otra luz otra sombra
el amor
cantaría


UNIVERSIDAD – para José Luis Garcés González, absolutamente fieles a la vida verdadera…

Qué es la universidad
si no ese bello río
donde a veces respiro
donde a veces me calmo
donde a veces recuerdo

qué es la universidad
si no ese fértil valle
donde siempre me encierro
donde siempre me hundo
donde siempre me duermo

qué es la universidad
si no ese claro cielo
carente de mil cosas
carente de mis versos
carente de mis fuegos

qué es la universidad
si no ese viejo pueblo
cansado del olvido
cansado del engaño
cansado del silencio

qué es la universidad
si no esa suave brisa
que lleva lo que canto
que clama por la vida
que vive sin ser viento

qué es la universidad
si no ese opaco río
donde a veces comienzo
donde a veces existo
donde siempre me muero


MI CASA

único sitio del mundo
donde suena la música que me gusta
señero lugar por donde transita
la ausencia de mí mismo

mi casa son razones y olvidos
hábitat del amor
donde vive una reina
con un rey en desuso
que jamás la abandona
musa de un compositor
inusitado, foráneo
conflictual
sangre de un hombre
que ya casi no sangra
por la herida

mi casa en fin
toda una vida
dedicada al estropicio
rincón inasible para cuerpos y almas
que no entienden de tedios
ruta de la finitud contra poetas inocuos
que brillan por doquier
en festivales

Mi casa es el único sitio del mundo
donde vivo mis tardes
al compás de canciones capitales
hasta que llega la noche
y la música desciende
por mandato vecino
y es entonces mi casa
un lugar como todos,
de silencios horribles
increíbles discordias,
donde vuelve la nada
a anclar sus esperanzas
la nada que una reina
decora con esmero
para un rey en desuso
que aun, perdiéndola, canta…


HAMACA

te debo tanto y nada a la vez hamaca mía
horas eternas de un tranquilo pensar que me
desdobla, noches que nunca duermen, pedacitos
de vidas que acostumbro sopesar rítmicamente
viviendo la nostalgia feliz de tu flotante espera
te debo nada y tanto a la vez hamaca mía
que es preciso que sepas que tu luz me deslumbra
y un suspiro de amor es posible en tu cuerpo
cuando mi corazón se siente cansado
o sin abrigo
te debo todo lo que no soy y soy o habiendo
sido aprendí en tu remanso a revelar de
nuevo, porque hay vientos y fracasos que es
mejor revivirlos, trastocarles el tiempo como
a grandes temores mientras un alma inclemente
se acuerda de mis odios
te debo tanto y nada a la vez hamaca mía
ruta tuya, nave del cantador, hamaca
del destiempo
donde quiera que voy van tus hicos y argollas
donde quiera que vas van mis cantos y versos


DÓNDE ESTÁS VEJEZ QUE NO TE VEO
sé que llegaste ya, de noche me supongo
te aprovechaste de que mi maldad dormía,
desarmado no me era posible
defenderme.
Pero no veo aún tus físicas secuelas
sigo haciendo ejercicios in extremis,
qué te han hecho vejez que no apareces
¿dónde te escondes malvada hipocresía?
Alérgico a las fotos te miro en las ajenas
y sí, has ido demoliendo a esos sujetos
que a lo mejor no han sido perdedores,
te has ido apoderando lentamente
de esos cuerpos de otrora lozanía.
Aquí estoy, vejez, me he puesto en guardia
revisaré este poema diariamente porque
quiero notar cuando te asomes,
en el puro espejar de la metáfora o
en el óptimo ritmo de sus versos.
Experto como soy en ruidos y agujeros
tengo listo un buen plan de escapatoria,
conozco cada vivir de los esconces
sé regresar al punto de partida…
Llevas las de perder conmigo socarrona
y por eso rondas mi cuerpo con sigilo
en espera de un descuido que te salve,
te he sentido siguiéndome en las calles
ocupándote en múltiples oficios
a veces complaciéndome a deshoras, otras
veces vendiéndome ilusiones, te atraviesas
pidiéndome disculpas y a través de
jovencitas tentadoras llamándome
señor te haces la loca.
La noche al parecer no te conviene.
Has decidido atacarme a pleno sol,
atareado me expongo a ser vestido
por el manso arrugar de tu nevasca.

¿Dónde estás vejez que no te veo?,
¿dónde te metes cuando estoy al tanto?


EL ABORTADO PROYECTO DE SU VIDA
reposa en el anaquel del soñador
la democracia aflora corrompiendo sentidos
las calles desiertas sirven para pastar
y renacer

puede cuando quiera
emprender su más humillante retirada
botafuego con causas infinitas
místico, poeta, criminal
desparrama una calamidad de sumos dones,
trinidad de amor
odio y justicia
hace de su cantar otra ilusión

contra la muerte sabe inocular el veneno
de la vida
contra la vida sabe incorporar el antídoto
de la muerte

El abortado proyecto de su vida
pervive en la liviandad del bebedor


TENGO MÁS BIEN POCO DE BOHEMIO
y sin embargo podría referir muchas historias
de tabernas,
la bohemia no surte mis efectos
ni en lo convencional apuro mi existencia,
un cementerio por dentro me dicen que poseo
y cómo negarlo si en mis libros la muerte
tranquila se pasea, destruye las telarañas
de la falsa vida y en los auténticos lupanares
se sabe indestructible…


VIVO CANTANDO
porque cantando despierto
porque cantando vuelvo a morir,
vivo cantando como si de cantar
dependiera
seguir vivo;
me subo a tarimas de pueblo
confiando en mis canciones
y al final, cuando pierdo
en mi mayor prosigo
el círculo vicioso:
vivo cantando
porque cantando me duermo
porque cantando vuelvo a vivir
vivo cantando como si de cantar
dependiera
seguir muerto


CANCIÓN DEL PRIMER OTOÑO

Días de otoño más
Días de otoño menos
Deviene aconsejable decir por ejemplo
“todo tiempo pasado fue peor”
o “todo tiempo futuro será igual”
Menos dramático
Escuchar las nuevas canciones de Joan Manuel
Atreverse a olvidar las clásicas tonadas de Diomedes
Encontrar en otras latitudes melodías

Meritorio sí,
Continuar perdiendo el amor de los amores
Luchando en solitario por causas absolutas
Sabedor de que a la pobre razón le queda vida
Y al corazón menos cruces que llorar

Mi primera canción del residuo
Advierte que jamás me haré a un lado
Para mejorar entretenidamente la poesía
Siempre estaré ahí
Pendiente de sus miedos como
De los míos propios
Consciente o inconsciente
De los muchos vientos
Que la arredran

La poesía y sus rebumbios
Única manera de brindarle
A este primer otoño
Luces de desesperanza y soledad,
Para que el placer que me pervierte
No brille tristemente
Por su ausencia


JUSTO Y NECESARIO

Vivimos al mismo tiempo y nada hacemos
para advertirnos mutuamente este
suceso,
deberíamos celebrarnos
día por día tan
laudable coincidencia, solidarizarnos
en pro de la vida compartida,
decirnos puntualmente:
qué bien, felicidades, otro día más
con vida, qué maravilloso privilegio


pero nos alejamos sin motivo alguno
para algún tiempo después ojear vejeces
enterarnos de qué muertos nuevos
se nutren las familias, qué enfermedades
combaten los amigos, cuánto ha pasado
el tiempo sin nosotros

qué inhumanas maneras tenemos de
querernos, qué ingratos somos
con la vida ajena,
hasta con seres excepcionales o famosos
se ensaña macabro nuestro olvido;
justo y necesario es entonces darnos
recíproca importancia
recobrar las tascas de los grandes días
la paciencia febril de lo absoluto
perder el tiempo ganando
lo imposible

vivimos simultáneamente
lo sabemos, pero preferimos ignorar
que nos morimos todos los días
a fuerza de silencios,
nadie repara, asombrado, en las estrellas
ni siquiera en los cálidos
destellos, mucho menos en la
oscura falta, y es peor cuando
se vive cerca

qué estupendas canciones se quedan
enjauladas, qué injustos somos
con la vida propia


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