jueves, 7 de enero de 2016

PARA LOS QUE GUSTAN (COMO EL SUSCRITO) DE LOS TEMAS FÚNEBRES Y SIN FINAL FELIZ, MATIZADOS, NO OBSTANTE (O DEBIDO A ELLO), POR CIERTO TUFILLO ESPERANZADOR DE LA SIEMPRE OSTENTOSA VIDA...
 
Finales felices: ¿Los hay acaso?
 
Una exquisita novela del escritor y profesor universitario Sergio Ocampo Madrid (“El hombre que murió la víspera”, publicada en 2011). A partir de algunas similitudes existenciales y librescas, llego a la dolorosa conclusión de que se me adelantó el hombre de letras medellinense en torno a un asunto que vengo mascullando desde hace algo más de cuatro décadas. En fin, eso me pasa por estar meando fuera del tiesto. En todo caso, me satisface saber que ya está escrita, y por una pluma mucho más ilustrada y persistente. La recomiendo entonces, para que la disfruten (si es que se puede; al menos estéticamente no dudo de que sí). No se me salvará de todos modos esa vital compañera de mis preocupaciones literarias una vez termine de escribir mi último poemario de estos tiempos para retomar (ya sin salida) un viejo compromiso con la narrativa.
 
Muchas ideas, reflexiones, frases y hasta párrafos enteros que ameritan resaltarse. Algunas de ellas: “La muerte es un hecho biológico antes que nada, como comer, tirar, soñar, cagar. Lo que pasa es que solo ocurre una vez y es definitiva”. “Aunque casi nadie lo entienda, es un momento tan estelar de los seres, tan íntimamente bello e irrepetible, que su fragancia es una sinfonía de sensaciones, casi siempre opacada por la cosmética del ceremonial con sus aceites, flores e inciensos”. “Era un aroma con entidad y había que olfatearlo con algo más que la nariz, pues olía a lo que huele la vida, pero por el revés. Era una sensación amable pero imposible de traducir”. “Allí estuvo unas horas imprecisas, muchas para un muerto que no cree en la eternidad, pocas para un muerto que perdió la ilusión de renacer”.
 
En fin, el Amor y la Muerte, los dos grandes temas de la Poesía según X-504, siempre y cuando el primero -nos advierte en su “método fácil y rápido para ser poeta”- esté íntimamente amarrado con el segundo.
 
Y sin romanticismos obvios y baratos, por supuesto (digo yo acá, entre bambalinas).
 
Voy, pues, en pos de “Limpieza de oficio” (publicada en 2013), que anunciara su autor en un par de páginas de “El hombre que murió la víspera”.
 
Sergio Ocampo Madrid, cazador de historias surgido del periodismo y claramente desligado del “debate anquilosado de lo urbano como única clave para superar el tropicalismo del realismo mágico”. Así se expresaba en entrevista publicada por Gustavo Tatis Guerra en El Universal del 29 de mayo de 2011, en la que también manifestó: “Tengo tres líneas conscientes de trabajo en lo que escribo. La primera es el lenguaje. Me gusta que sea sonoro, que sea estético además de funcional, pero siempre esquivando el riesgo del vocablo rebuscado o el sinónimo gratuito. Lo segundo es la apelación a elementos fantásticos, sin caer en lo real maravilloso. Este punto nace de una plena convicción de que la vida de los hombres y las mujeres está llena de magia, de sorpresa, de coincidencias y señales. Lo tercero es que me encantan las alegorías, algunas simples y otras complejas. Me gusta que bajo el texto repten significados y simbolismos que los lectores puedan desentrañar”.
 
Saludos,
 
 
FBA
                                        
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 1 de diciembre de 2015

A PROPÓSITO DE LA GRAN NOTICIA MUSICAL VALLENATA DE HOY (el vallenato tradicional declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad), me había propuesto no meterme más en estos enredos, pero… ¡ni modo! Me tocó de nuevo.

Ya el amigo y maestro Joaquín Rodríguez Martínez (sin mi venia; no importa, él sabe lo que hace) me echó al agua. Así que a nadar se dijo. Qué tal la osadía y la desfachatez de algunos artistas vallenatos (jóvenes, sobre todo, que gozan hoy día de reconocimiento), al ser entrevistados en los noticieros del mediodía; oírlos hablar de la universalización e inmortalidad del vallenato como si lo obtenido los reflejara, hace que la indignación se reviente con ganas de quién sabe qué endemoniadas cosas proferir. ¿Acaso no saben que la URGENTE PROTECCIÓN que requiere la música vallenata es precisamente contra lo que ellos representan? Tanto llantico pendejo, tanto brinquito fanfarrón…

La lucha titánica de los amigos vallenatos que estuvieron detrás de todo esto por supuesto que merece todo mi respeto y apoyo. Conocí de cerca ese proceso y sé del amor y de la preocupación que sienten por su bella música. Pero otra cosa son los que quieren figurar ahora como sus grandes defensores cuando no hacen más que profundizar, día tras día, la patología que la aqueja. Basta recordar la presentación de Silvestre Dangond hace unos días en el Reinado de Cartagena para saber que ahí hubo de todo, menos de vallenato. Un buen show, sí, pero no fue para nada una muestra representativa de la música de la que “orgullosamente” procede. Y así por el estilo es todo lo demás.

El 7 de septiembre de 2015 publiqué, en Facebook, mi comentario a un “estado” de Adrián Villamizar, a propósito del probable reconocimiento o declaratoria (en noviembre de 2015, vía UNESCO) del "vallenato tradicional" como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Decía Adrián Villamizar que "desde septiembre se siente que llega noviembre y ante las campanas que anuncian la aurora del vallenato inmortal, me cogen de pañito para brillar los escudos que van a exhibir cuando vengan a sacar las fotos. Sonrían... ese día espero estar filmando, grabando o editando imágenes de Diego Sarmiento de 95 años, quien le tocó acordeón a un muy anciano Francisco El Hombre y recuerda con claridad varios de sus cantos".

Mi comentario en ese momento fue el siguiente (extracto): “Confieso que esta noticia me llena de sentimientos encontrados. Por un lado, deseo con toda mi alma sinuana que esa lucha de Adrián (y de Lolila Acosta y de Ernesto McCausland, entre los ya ausentes; y también de nosotros Joaco y Edgar, que estuvimos discutiendo el PES en Valledupar por invitación de nuestro amigo bohemio, y hasta de Esconces y Destiempos donde publiqué hasta el cansancio crítica tras crítica) fructifique; pero, por el otro, me aterra pensar en el uso y abuso que los oportunistas y mediocres de siempre, de manera descontextualizada (olvidando por qué tuvo que viajar el vallenato tan lejos en pos de salvaguardia), van a querer hacer de eso. Ya me los imagino diciendo: ‘YA SOMOS PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD’... Es más, meses atrás leí por este mismo medio, comentarios de figuras públicas del vallenato -que gravitan sobre todo en la farándula bogotana- sacando pecho por lo que se avecinaba. Y yo, entre alegría y tristeza preferiré, en noviembre, acordarme mejor de esos viejitos que Adrián busca, rebusca y entrevista, y no de esa porquería ridícula y monotemática que hoy día nos muestran por todos lados como ‘vallenato’… Lamento, en todo caso (y ya lo había dicho antes), que la idea original haya terminado un tanto desvirtuada, en función de lo que denominan ‘vallenato tradicional’. Un límite que, sin duda, va en contra de quienes pensamos también en el vallenato del futuro, en esa inmortalidad que Adrián persigue para la música que lo trasnocha y que yo presiento hay que proyectarla hacia otro universo textual y poético todavía sin ‘explotar’. El problema, pues, no es a quién se le dará el mérito (todos sabemos que esto tiene alas inconfundibles, y que el asunto en las manos y en el corazón de Adrián Pablo caminará por el sendero correcto); el problema es más bien qué va a pasar con tan importante reconocimiento. ¿No será que -conociendo como conocemos todo lo que se cocina entre fabricantes y traficantes de canciones desechables- se consigue el efecto contrario? En otras palabras, darle al vallenato (al confuso y descompuesto que mostrarán como victorioso una vez salga la noticia en los medios) un empujón de tal magnitud podría conducirnos a peores expresiones... Esperemos que no. Por eso, queridos amigos, beberé en noviembre por la salud del vallenato, pero sin olvidar que a partir de ahí (o desde ya si se puede) hay que emprender una jornada educativa de largo vuelo que ponga la verdad de las cosas por encima de los egos geográficos”.

Eso escribí en septiembre. Y hoy, primer día del tan esperado mes de diciembre, y a pocos días de que empiece el Festival Nacional de Compositores de San Juan del Cesar -que se presenta precisamente este año como el Festival de la Salvaguardia de la Composición Vallenata, con Adrián Villamizar al frente de su Comité Cultural-, se confirma la declaratoria anunciada. No puedo, por ser martes laboral, cumplir la libación prometida, pero del viernes no pasa.

Sin embargo, no todo es alegría. Lo que me temía se hace hoy también penosa realidad. Los culpables de la crisis sacando pecho por lo de la declaratoria; quienes no lo graban y se benefician de su distorsión y exterminio, quienes son su máxima amenaza, mostrándose ahora alegres por lo que denominan "galardón"... ¡Ahora sí que se terminó de joder la cosa! Esperemos que los verdaderos protagonistas de este logro, aclaren y precisen prontamente el real alcance de esta noticia, pues, de lo contrario, lo positivo de este cuento se va a convertir en un elemento más de los tantos que pusieron al vallenato a viajar hasta la UNESCO en pos de salvaguardia. ¡Qué tal que el remedio resulte peor que la enfermedad!

Señores de los medios: no es la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata la que debe ser entrevistada, mucho menos los viejos intérpretes que, por conveniencias de mercado, se fueron olvidando del “vallenato tradicional” (para no hablar de los nuevos, mayormente implicados en la debacle existente). El gran artífice de este hecho (de muchos años de investigación, de cantos, de festivales, de caminos, de dolores y de luchas) es el médico y cantautor Adrián Pablo Villamizar Zapata. Y también, por supuesto, la COFRADÍA musical que lo aprecia y secunda en cada nueva locura que se propone. ¡Pero sí!, lo que hay que hacer es lo que aconseja Adrián: ¡SONREÍR! Sin duda, el Ángel Bohemio sabía muy bien lo que se vendría encima. Curioso que haya sido un argentino (¡como lo oyen!, natural de Buenos Aires) el baluarte, el paladín de semejante propósito. Argentino, pero también colombiano, caribeño, guajiro, sanjuanero, vallenato, currambero, sabanero y hasta sinuano. A este compadre le cabe toda la buena música del mundo en su guitarra.

Hay que preguntarse ahora por la salud de la gran madre musical: LA CUMBIA. Y por el porro, otro de sus maravillosos hijos.

¡Felicidades, Adrián Pablo Villamizar Zapata! Misión cumplida, aunque la tarea (dura e ingrata) apenas empieza.

Esperemos de verdad que la Música Vallenata rectifique comercialmente su rumbo.

¡Y que viva el CUBANATO! Por ahí empezó todo. ¿O no?

Saludos,

 

FRANCISCO BURGOS ARANGO
(FBA)

 

 

 

 

             

miércoles, 14 de octubre de 2015

RAÚL Y LOS BURGOS ARANGO
 
Heriberto Fiorillo, en su libro “ARDE RAÚL”, hizo una breve referencia a los hermanos Burgos Arango, a quienes nunca entrevistó, quedándose por fuera de su investigación testimonios como estos que, al igual que otros más del mismo corte, hubieran podido enriquecer el panorama existencial y cotidiano del poeta Raúl Gómez Jattin.
 
A Gloria Burgos Arango le dedicó Raúl su texto “Desencuentros” y con Enán Burgos Arango fueron tantas historias compartidas que daría para mucho más que un libro. Pero la vida, como la muerte, todo lo cobra, y la factura les llegó a ambos disfrazada de pavoroso arte. Hasta se cruzaron textos entre elogiosos y ofensivos. Distanciados al final, pensé que Enán, receloso de ese tema, nunca divulgaría ninguna de ellas. Pero, para fortuna nuestra, hace poco empezó a hablar y a escribir sobre ello, y he aquí una primera muestra de aquellas andanzas de ese par de amigos en aquel entonces inseparables. Vale la pena señalar que Enán, a la primera persona que visitaba cuando volvía de alguno de sus viajes al Sinú era a Raúl en Cereté. Y lo hacía de inmediato, y por encima de consideraciones familiares. Para entonces, se imponía la mutua y anónima admiración, mucho antes de que cualquier fama pudiera corromper las cosas. Como nunca dejó de visitar tampoco a nuestro admirado tío y poeta H. Galo Vurgos P. a su regreso cada tres o cinco años a Colombia, en Ciénaga de Oro-Córdoba, donde vivió el poeta en casa de Femina Burgos hasta morir, ciego y prácticamente olvidado, con más de noventa años a cuestas y muchos libros y poemas sin publicar. A propósito de H. Galo, agradezco a los hermanos Burgos Burgos (a Alberto Cayetano, Kattya y Jonás de Dios) por haberme confiado la custodia del material inédito del poeta H. Galo que, aunque no conservado de la mejor manera, nos va a permitir conocer otra parte importante de lo que el autor de “Nectario” y “Miel de abeja” preparó, hasta cuando pudo, para futuros lectores.
 
Pues bien, retomando a Raúl, en lo que me atañe, me recuerdo como niño recibiendo una sola clase de actuación de aquel gigante actor y director de teatro que estuvo al frente del Grupo de Teatro de la Cruz Roja de Córdoba siendo mi madre, Amparo Arango, Presidenta del Comité Departamental de la Cruz Roja en dicho departamento. Aún se recuerda el paso de este grupo por el Festival de Teatro de Manizales con Raúl como Director, y una obra que abanderaron hasta más no poder: “Las muñecas que hace Juana no tienen ojos” (basada en “Los cuentos de Juana”, de Álvaro Cepeda Samudio). El apoyo de mi madre para Raúl fue siempre sincero, cariñoso y permanente, y buena parte de las guayaberas de mi padre Enán Burgos Perdomo pasaron a ser heredadas por el “loco” de Raúl, cuando este, vuelto nada, tocaba la puerta de nuestra casa y ella lo recibía con amor de madre, lo alimentaba, hacía que se bañara, y horas después salía Raúl bien vestido, renovado, a continuar la trama, intencionada o no, de “poeta maldito”, cuyo desenlace ya se vislumbraba predecible. Ahí le tocó a ella un pedacito de “El Dios que adora”, si bien no se corresponde dicho texto con el aprecio y buen trato que sus amigos de verdad le prodigaron al poeta. Como recuerdo también el recital organizado por María Elena Burgos Arango en Montería, en el que Raúl sacó a relucir su vozarrón para entonar también canciones como “Piel de manzana” de Serrat. Y ni qué hablar de las interminables veces en que Raúl se apoderó de una de las mecedoras de nuestra casa paterna para, al vaivén de lecturas, risas y proyectos, conversar sin parar con mis hermanos sobre lo divino y lo humano, y yo, circunspecto adolescente, escuchándolos desde uno de mis rincones preferidos. Esas tardeadas, esa terraza que aún conservamos, ella sola, merecería un lugar de privilegio para quienes pretendan redescubrir los caminos del poeta Raúl Gómez Jattin.
 
Cees Nooteboom, en “Tumbas de poetas y pensadores”, se despide de su última tumba, la del escritor austríaco Joseph Roth, sentado “casualmente” ante la mesa del café Le Tournon en la que este escribía, y donde existe una placa que así lo conmemora: “Aquí venía siempre el escritor austríaco Joseph Roth”. Así pues, por qué no habría yo de poder hacer algo parecido, y rotular, por ejemplo, y al margen de distancias y proporciones, algo así como: “en esta mecedora se zarandeó en un tiempo el poeta Raúl Gómez Jattin”, o también: “en esta terraza derrocharon vida, arte y poesía Raúl y los hermanos Burgos Arango”. ¿Por qué no?
 
Hasta he pensado en algo del carajo que me concierne: que la tienda-estadero de la Calle 35 con Carrera 6 Esquina de la Ciudad de las hoy escasas Andorinas, en la que he escrito (o libado) poemarios completos que permanecen inéditos y compuesto una cantidad considerable de canciones, y que he rebautizado en un texto-canción como “Un lugar en el mundo”, bien podría adelantarme el reconocimiento. ¡Y vaya sorpresa! Hace días, bromeando al respecto con su propietario, me dijo que le sonó la cosa y está que me hace el favorcito…
 
Pero mejor pongámonos serios, y entremos de una buena vez en algo que vale de verdad la pena. Un texto, una historia, una amistad surcada por el teatro y la poesía. Enán y Raúl, dos grandes artistas que, a mi juicio, se merecen, más que muchos, la dimensión de lo imborrable.
 
Saludos,
 
 
FRANCISCO BURGOS A
(FBA)
 
Los dejo con:
 
 
RAÚL Y YO
 
Texto escrito por: ENÁN BURGOS ARANGO
 
¡Ay del pobre Raúl, en vida tan odiado, en muerte tan amado! Este asunto engorroso merece por lo menos un libro entero, pero trataré de ser breve. Nos conocimos en plena flor de la vida y este encuentro se lo debemos a nuestra amiga tan amada María Josefina Yances Guerra, que en paz descanse la Pina. Raúl y yo, siempre llevados por un Edipo descomunal; el teatro fue nuestro refugio y juego de predilección, una manera propia de transferir lo latente, de travestir lo prohibido, de dar rienda suelta a nuestra pulsión de vida y también de muerte, amparados bajo el manto de Dionisio. Aunque fuera diez años menor que él, apenas nos conocimos fuimos como uña y carne, pero con el tiempo, la rivalidad artística nos volvió como perro y gato. Igual que a mí, le gustaban los mangos, los zapotes, los nísperos, las carimañolas, los quibbes, las empanadas, los patacones, las rosquitas, la marihuana, los hongos alucinógenos, el teatro griego (las comedias de Aristófanes, las tragedias de Esquilo), las películas de Pasolini, la poesía de Baudelaire, Rimbaud, Poe y sobre todo la de ese mago poeta que era Mallarmé. A esta lista se suman las revolucionarias teorías de Antonin Artaud sobre el teatro, los cuentos curativos de Álvaro Cepeda Samudio y las “Confesiones de un opiómano inglés” de Thomas de Quincey, autor, además, de otro sulfuroso libro: “Del asesinato como una de las bellas artes”. Aunque poco interesados por la poesía española y latinoamericana, en los momentos alucinados, juntos entonábamos con voz ronca y desafinada las canciones libertarias de Joan Manuel Serrat. Nos fascinaba sobre todo deambular por las orillas del Sinú durante las tardes de brisa y los crepúsculos dorados. ¿Qué más decir? Que era comelón, barrigón, gigante y peludo como un ogro, y yo enclenque, demacrado, lo que en cierto sentido me salvó de ser devorado por él. Le gustaban los muchachitos robustos y rellenos como los tres cerditos, su fantasma mayor era el de ser un lobo y comerse a su abuela y a su madre, para así gozar plenamente del amor de su idolatrado padre. Todo esto lo digo sin la mínima intención de herirlo. Hay que saber que en vida de su padre, abogado notable muy respetado, las “locuras” de Raúl todo el mundo se las festejaba, pero el día en que su progenitor murió, el mundo entero se las cobró y allí comenzó su largo viacrucis (cárcel, manicomio, vida en parques y calles, menosprecio y hambre) terminando como Cristo crucificado. A ese propósito les tengo una anécdota, una sola: un día de esos, a mi regreso de Bogotá, luego de habernos perdido de vista un largo rato, nos encontramos en la Avenida Primera de Montería, pasamos el puente metálico, y fumándonos una bareta nos fuimos caminando lentamente por la orilla, deleitados por el oro de los rayos reflejados sobre las aguas del río. Al cabo de una media hora, antes de llegar al planchón que atraviesa el río a la altura de la calle 30, nos sentamos alegremente sobre la yerba para platicar. Raúl me pregunta entonces con voz de niño regañado, si para mí, él estaba loco. Luego de un largo suspenso, mirándolo a los ojos, le respondo que no. Pensé que aquella respuesta lo iba a confortar, pero no, se fue poniendo triste y acabó llorando. Le dije también que yo me iba de Colombia para Europa y que él debería hacer lo mismo, pues su talento de director de teatro, comediante y poeta, en un país como el nuestro tan conservador, oligárquico y rosquero, terminaría por ser menospreciado y que él como yo merecíamos un destino superior. Se quedó callado y, al cabo de un rato, con voz agresiva me disparó: ¡lárgate!, ¡yo me quedo! No le respondí, tomamos el planchón, cruzamos el río, y al desembarcar, ¡qué casualidad!, Carlos, que iba de paseo en su carro por la Avenida, frenó al vernos, nos subimos y partimos con él rumbo a Cereté, para llevar a Raúl. Al llegar allí, luego de otra bareta, en el mercado de los fritos y de los jugos lo dejamos. Al día siguiente me enteré de que en vez de irse a casa, se fue directo a la iglesia donde se desnudó, se subió como pudo a la cruz, abrió los brazos y entornó los ojos al cielo como diciendo: ¡Padre mío, perdónalos porque ignoran lo que soy! Raúl murió veinte años después, en una miseria total atropellado por un bus en Cartagena. Nunca se supo si lo mataron o se suicidó, ninguna investigación se hizo, pues para el común de la gente no era más que un pobre tipo que se las daba de loco para pasar la fiesta encuero. De la noche a la mañana, adulado por todos, su tumba se convirtió en santuario de peregrinación, su poesía al fin apreciada se publicó, de súbito aquellos que en vida lo detestaron, muerto ya lo adoraban, inventando, los muy cínicos, haber sido sus amantes o amigos, y hasta los hay que han ganado plata escribiendo libros, haciendo documentos pésimos donde cuentan todo un talego de sandeces y mentiras, hablando más de ellos que de él, o se las tiran de malditos, soñando con ser un día poetas de renombre tan memorables como Raúl. Y lo peor de este cuento es que ahora para ser poeta en Colombia, no basta con pretenderse maldito o con imitar a Cristo, a eso hay que agregarle, con letras fluorescentes sobre la portada del libro, el siguiente rótulo: “¡Soy gay!”. Lo que Raúl sin ocultarlo, en aquellas épocas tan godas, nunca reivindicó.
 
 

domingo, 26 de julio de 2015

Hola, buena noche, regresando por fin, luego de cinco meses de ausencia, a esta entrañable casa de rincones y destiempos. 

¿Hay alguien todavía por aquí, atrapado quizá en alguna de sus herméticas ventanas cuando emprendió la huida?  

Retomaré próximamente las publicaciones, empezando con un escrito del poeta y pintor Enán Burgos Arango, en el que recuerda un par de andanzas al lado del poeta Raúl Gómez Jattin. Distanciados y enemistados años después, queda todavía mucha tela que cortar, mucho por decir. Pero es, sin duda, un buen testimonio literario. Como para atreverse a ir más allá del mito y de la "fama".  

Bien, no es más por el momento. Solo para saludar y contarles también (¿a quién?, ¿a quiénes?, ¿para qué?) que en pocos días estaré terminando mi quinto libro inédito: "Prosas para romper la felicidad". Ya hablaré de este nuevo desperdicio poético.

FBA                  

martes, 10 de febrero de 2015

OBRAS... OBRAS... OBRAS de FBA...

PUBLICADAS:

1. Poemas de Antesala (poemario, 1991).
2. La luz brilla en las espinas (poemario póstumo de Enán Burgos Perdomo, capítulo Los predios de mi sangre, diciembre de 1991).
3. Cuando la muerte ama (libro de cuentos, enero de 2000).
4. Un imposible viaje (poemario, junio de 2002). Un imposible viaje (fragmentos) se imprimió en Montpellier-Francia en octubre de 2002 por Pleamar Ediciones.
5. Cantando a Destiempo (poemario, junio de 2010, Pleamar Ediciones).

INÉDITAS (terminadas): 

1. Preces del olvido (poemario, 2012)
2. Llorar contigo (poemario, 2013)
3. En libación solitaria… (poemario, 2014)
4. Sobre mojado (poemario, 2014-2015)

Libros en preparación:

1. Santo remedio (libro de cuentos)
2. La pequeña vida (novela)
3. Prosas para romper la felicidad (poema en prosa)

Otros proyectos: FBA Atípico-El Cantor del Destiempo (CD con canciones de su autoría); versiones digitales (virtuales) de libros ya publicados (revisados). Libros electrónicos de todas las obras, publicadas e inéditas (AMAZON).

Creador, además, del proyecto cultural CANTOS Y VERSOS DEL DESTIEMPO, mediante el cual, en asocio del músico y declamador Daudet Salgado Brun, escenifica una propuesta basada exclusivamente en poemas y canciones de su autoría.

Información para contactos:


Celular: 3007863950 – 3106570669

OBRAS... OBRAS... OBRAS de FBA…

Desde el Sinú-Colombia, a orillas de un río ávido y militante.

Saludo cordial,


FBA  

miércoles, 17 de diciembre de 2014


EXCUSEN que me pierda tanto de mi propio blog. Espero que sus pocos e invisibles lectores no hayan tirado la toalla durante este tiempo de inevitable ausencia. Así que por aquí vuelvo y prosigo, divulgando exclusivamente asuntos de mi autoría. 

En esta oportunidad, un fragmento de la presentación en tarima de mi obra musical POR QUÉ TE QUIERO TANTO, en el Festival Nacional del Bullerengue 2014 de Puerto Escondido-Córdoba, por el Grupo Cultural Casabe de Oro de Ciénaga de Oro-Córdoba (Colombia). A su Director, José Alberto Mercado Ibáñez, a su talentosa cantadora, a Diana Cruz y demás integrantes de esa gran familia folclórica y musical, mi agradecimiento infinito.    

Los últimos sucesos del mundillo cultural del Caribe Colombiano han pisado ya el súmmum de la descompostura moral. Entre los festivales o encuentros de Lorica, Valledupar y Chinú casi acaban con el poco aliento que me queda. Lo de Chinú, ¡ni se diga! La misma señora que hace parte de su organización, se homenajea en él, dizque por haber sido premiada en un dudoso concurso de crónica literaria liderado por su amigo loriquero. Y no contenta con eso, rinde también honores a su distinguido consorte. Y en cuanto a jurados e invitados, pues ya se sabe: en su club social solo caben quienes practiquen la adulación y la sinvergonzonería. La calidad no es tema de conversación.      

Tiene mucha razón el escritor sahagunense Julio César Pérez Méndez: la Cultura en Colombia se encuentra secuestrada por la politiquería. Pero tambien por el más escandaloso de los amiguismos. ¿Y el Ministerio de Cultura por dónde andará? Y esos honorables Senadores que gustan de hacer debates televisivos sobre corrupción, ¿qué esperan para poner también sus manos en esta carroña que parlamenta y daña?

Sin embargo, ¡nada nos detendrá! Con poemas y sinuanatos, debo seguir alimentando a la Muerte. Bueno, a la Vida..., a la Vida...

Desde el Sinú, reciban mis saludos.

FBA  
   

sábado, 18 de octubre de 2014

¿ESTÁ VIVA LA POESÍA?

No sé en otros lares (me imagino que sí, a partir de notables excepciones, no de la zahúrda que pulula en redes sociales), pero me temo que en el Sinú, ¡no!, y lastimosamente, con inri más que merecido. Al menos, no en el que se muestra hoy día, ese que con Z y careta de Editorial no se corresponde para nada con el Sinú de José Luis Garcés González, de Jorge García Usta, de Raúl Gómez Jattin, de H. Galo Vurgos P., de Guillermo Valencia Salgado, de Rafael Yances Pinedo, de Enán Burgos Arango, de Joaquín Rodríguez Martínez. ¡Y de FBA! (duélale a quien le duela).

Que se diga que respiro por la herida… Me tiene sin cuidado. Que se diga que la Ira y la Indignación me motivan a garrapatear estas letras… Pues sí, grandes revoluciones han surgido de estas dos grandes hermanas del espíritu rebelde y justiciero. Y si decir estas cosas me trae cada vez más antipatías y contratiempos, bien llegados, me los merezco, debo sobrellevarlos en nombre de otros tiempos, tanto pasados como futuros, para dejar “mi constancia” contra esta bosta infame que, “poéticamente”, pretende imponernos su mediocre, perverso e irrespetuoso criterio.

Creía que Editorial Zenú y su gestor, Henry Ballesteros (me basaba en comentarios de un amigo mutuo), eran culturalmente serios, y que podíamos pensar, ¡por fin!, en nuevos bríos, en nuevos vientos poéticos y literarios. Pero no, los amiguismos y las componendas continúan vivitos y coleando. No conozco, por supuesto, a gran parte de los que han sido seleccionados en su concurso virtual de poesía (100 de 806 textos enviados), como sí conozco a algunos cuya calidad no discuto, dígase Ela Cuavas y Alonso Mercado (entrañable Director del Grupo de Teatro en mis tiempos estudiantiles en la UNICOR cuando su oficina estaba contigua a la de nuestro movimiento estudiantil de Ciencias Sociales). Pero la sospecha surge cuando, escudriñando en el listado de admitidos, veo a un par de “personajes” cuyos textos, publicados en Facebook días atrás y ahora favorecidos por tan “selecto” jurado, dejan, de verdad, y claramente, mucho que desear. Sus autores, hombre o mujer, mejor me los reservo, no vaya a ser que termine siendo yo el justo responsable de algún prematuro suicidio, o aparezca después este humilde servidor en la página judicial de “El Propio” o en la del pernicioso “Meridiano de Córdoba”, señalado como víctima mortal (a destiempo) del disparo de alguna fémina ofendida. Además, para qué mencionarlos, si lo mejor que puede pasarle a la mala poesía es que, luego del ridículo baño de popularidad que les espera a los seleccionados, los dos entuertos a los que aludo salgan victoriosos, queden entre los 60 publicables y uno de ellos hasta se asegure el botín que, en plata gringa, fue ofrecido por la editorial convocante.

Basta agregar que es fácil detectar en Internet las relaciones existentes entre algunos concursantes y quienes oficiaron de jurados, las mismas que el programa radial Cultura y Vida, dirigido y presentado por Henry Ballesteros en UNICOR Estéreo, corrobora recientemente sin dudas de ningún tipo (y ojo, no me refiero al buen logro de haber tenido entre sus invitados a Fernando Denis, un verdadero poeta de todos los tiempos). Y si no bastara con lo anterior, investiguemos entonces las tertulias a las que pertenecen, los espacios que comparten unos y otros, los viajes que han realizado juntos dentro y fuera de Colombia, y otras curiosidades por el mismo estilo. Convertir la poesía en escenario de complicidades melcochudas, no tiene ni tendrá jamás perdón de Dios (y estoy mirando para abajo).

Leo entonces en Facebook (octubre 17 de 2014) que “Editorial Zenú agradece infinitamente a los Maestros: Enrique Arroyo Villegas, José Luis Cabada Ramos, Alexis Zapata Meza y Danith Urango Tuirán por haber sido jurados durante el proceso de selección de los 100 poemas en el Concurso Editorial Zenú de Poesía”. No sé cómo puede resultar infinitamente agradecible catapultar la poesía hacia el acabose mediático, como tampoco (aunque, claro, eran las reglas de juego y, más por colaborar o por curiosidad que por otra cosa, me sometí a ellas) cómo pueda el “público de la poesía”, al buen estilo de los nocivos Reality tipo RCN y CARACOL, tener la última palabra. Si estamos escasos de “buenos” poetas (y hay que poner siempre las comillas por todo lo que ello conlleva), qué se puede esperar de la masa de votantes que, sin mayor conocimiento del intrincado y contradictorio tema, terminará decidiendo la suerte de los seleccionados por razones en su mayoría opuestas al “rigor poético”. ¿Se leerán acaso los 100 textos, los relacionarán y ponderarán entre ellos antes de apuntarle a algo así como el “me gusta” compadrón?

¡Por Dios!, no hay nada más desprestigiado en Colombia (si dejamos a un lado a congresistas y demás politicastros por todos conocidos, y sin olvidar a ciertos donjuanes y a inefables damiselas que gustan de arrogarse la gestión cultural) que los términos “MAESTRO”, “DOCTOR” y “POETA”. Cualquier Perico de los palotes hoy día lo es. Y en cuanto a la Plaga de Poetas (como yo la llamo resistiéndome valerosamente a pertenecer a ella y negándome de manera rotunda, por respeto a los que sí fueron Poetas y vivieron y murieron inmersos en la más absoluta adversidad, a que se me califique, aunque sea en buenos términos, como tal), es fácilmente identificable con solo recorrer buena parte de los grupos de Facebook que se presentan en nombre de la maltratada poesía.

No es fácil llegar a saber qué es la poesía, pero quienes quieran aproximarse a saber qué no lo es, no es sino visitar algunos de esos grupos informáticos. Los “poetas” de las redes sociales se conocen porque así se tratan entre ellos sin siquiera pensar si lo merecen o no, se desviven por aparecerse en todo tipo de festivales o encuentros y hasta se pagan pasajes internacionales, se hacen condecorar y conceden entrevistas, llevando como equipaje unos cuantos versitos de dudoso trasfondo artístico. Y si no me creen, por ahí cerca se encuentra John Better (poeta, ¡éste sí!), certero y vigilante, quien puede ilustrarnos mucho mejor al respecto (ya lo ha hecho en varias ocasiones), con plausible pericia y envidiable perspicacia.

Ahora bien, lo mínimo que se les debe exigir a los citados “Maestros” es que sean serios, que valoren el duro e incomprendido oficio de la poesía, y, sobre todo, que no se presten para semejante homenaje al pésimo gusto. Que mi texto-poema o como se le quiera llamar a “eso” (“Traer hijos al mundo” es su primer presunto verso), sea ignorado o pase desapercibido, vaya y venga, es posible y como están las cosas hasta esperable (así se lo hice saber previamente a unos amigos, anticipándome a lo que, daba por seguro, ocurriría), además porque, cuando se concursa y son muchos los participantes, hay que empezar por respetarlos a todos y ser consciente de que, en calidad (término en todo caso siempre relativo cuando es necesariamente la subjetividad la llamada a calificar), pueden llegar a superarnos, pero cuando las cosas se desbordan y se da cuenta uno de por dónde es que va el agua al molino, ahí sí, ¡ni modo!, toca destapar la olla para que el olorcito a podrido empiece a circular.

Conocí a Danith Urango Tuirán en el I Festival de Poesía y Narrativa de Santiago de Tolú (2012) que organiza Jorge Marel, lo he leído y debo decir que le profeso respeto y admiración, y precisamente por eso me extraña sobremanera que, entre 806 textos (sin incluirme, me atrevo a asegurar que hay muchos mejores) se haya inclinado por un par de esperpentos rayanos en la peor cursilería e indignos, por tanto, del espacio vilmente otorgado. Pero claro, la extrañeza se evapora cuando observo fotografías, escucho programas, detallo recorridos, asimilo loas mutuas, relaciono personas, y poco a poco voy sacando conclusiones hasta llegar a la triste realidad de que su olfato poético (¡y vaya cosa!, el de él, que es experto en versos de la más suculenta gastronomía) haya decaído hasta la sinvergonzonería del oprobioso amiguismo fotográfico. Por muy malo que sea mi texto, estoy listo para enfrentarlo, en mi voz, en lectura abierta y público adverso si se quiere, al par de embelecos que lo desplazaron y a otros de los seleccionados si a bien lo tienen, a ver quién sale mejor librado. Cuando quieran y como quieran, señores de Editorial Zenú. Ese es el verdadero concurso, ¿no creen ustedes? Yo soy malo, carajo, pero no tanto como esos y otros individuos que se las dan de poetas y se pavonean con sus bodrios por ahí, causándole enorme daño al cerebro y a la sinrazón de la poesía.

Sé de antemano que voces atípicas como la mía no son de buen recibo en esta sociedad pazguata y corrompida, mucho menos cuando acostumbro, como escribió alguna vez en su columna dominical Álvaro Bustos González luego de leer mi poemario “Cantando a Destiempo”, a decir cosas duras, y comprendo por ello que cuando decidí aventurarme con una temática de grueso calibre, nada dulzarrona, nada romanticona, nada pueril –que entrelaza a los hijos con la muerte–, estaba garantizándome el seguir escribiendo mi eliminación del mapa poético cordobés y colombiano. Confieso que hasta lo hago adrede, pues nada me gustaría más que encerrarme y apartarme por completo en el universo creativo y angustioso de lo ignoto (estoy cerca de lograrlo). Pobre de Maiakovski (y no me estoy comparando con el gigante del Futurismo ruso) si les hubiese tocado a estos “Maestros” de Editorial Zenú evaluar sus contundentes y atronadores sufrimientos.

Sin duda, haber publicado “¿Festivales o Amiguismos?” en mi blog ESCONCES Y DESTIEMPOS, y otras diatribas-verdades del mismo orden, es algo que me cobran y seguirán cobrándome los doctos del disparate poético y literario. Por cierto, ¿qué pensará el poeta Jorge Marel de que mi nombre –que él incluyó recientemente dentro de los cuatro mejores poetas vivos del Departamento de Córdoba, según su respetado y reconocido juicio, y obviamente contra mi voluntad, al lado precisamente de Danith Urango, Ela Cuavas y René Cueto, lo que me vi precisado a comentar matizando el asunto– haya sido olímpicamente excluido del parnaso cordobés por unos sabios de corto y sucio vuelo? Todos están ahí, en el listado de Editorial Zenú, bien de jurado, bien de participantes, excepto yo, así que creo, poeta Marel, que no hay más remedio que considerar que usted está bastante equivocado en lo que a mí respecta; los que son, ahí están, y este minúsculo hombre que soy yo, que pervivo orgullosamente en el aislado y perseguido universo de los que, por no apelar a bombos y platillos, no somos ni seremos jamás, tiene que conformarse y aceptar su trágica suerte, estos benéficos e interminables gajes del verdadero oficio. Y sin creernos víctimas de nada, simplemente sabedores del cumplimiento de un inevitable y doloroso destino. Pero para decirlo con otras palabras, es el precio que tengo que pagar por ser diferente, por ser auténtico, por vivir a destiempo, por no ser hipócrita, por no ser lambón. Y también por pendejo, por prestarme a estas estupideces de pompa y falsedad.

Bregar y resistir es lo que más he hecho a lo largo de mi vida en los distintos escenarios en que me ha tocado desenvolverme, y no duden de que, mientras me suene la flauta, lo seguiré haciendo, así esté ya cerca, muy cerca, como lo dije, de seguir los pasos de mi padre, Enán Burgos Perdomo, quien terminó refugiándose cuando tenía mi edad, asqueado de todo (y eso que eran otros tiempos, menos veloces y enfermizos) en la “tranquilidad” de sus cuarteles de invierno.

Si no fuera porque siento que ya voy de retirada de cualquier entramado artístico (nunca de continuar emitiendo versos y canciones sin ínfulas malsanas; y solo para mí, querido amigo Joaquín Rodríguez Martínez, ¡qué le vamos a hacer!, solo para mí, pues ya está más que comprobado que todo lo que viaja no va acompañado siempre de sentido), me dedicaría a leer, uno por uno, los poemas seleccionados, con la certeza previa de que me encontraré con otras desagradables presencias. Otro par de nombres de los que conozco me llevan a pensarlo así, sin temor alguno a equivocarme. Pero bueno, dejemos más bien que Editorial Zenú y sus tan adulados “Maestros”, a la cabeza de Danith Urango, sigan haciendo la fiesta del mierdero poético (¡con perdón de la Mierda, que merecerá siempre mis respetos!) como les parezca. ¡Sálvese quien pueda!

Saludos,

FRANCISCO BURGOS ARANGO
(FBA)


Montería, 18 de octubre de 2014 (sábado)

viernes, 10 de octubre de 2014



DESPUÉS DE UN FESTIVAL DE POESÍA, texto que forma parte del poemario CANTANDO A DESTIEMPO, de FBA, publicado en 2010 por PLEAMAR EDICIONES. Aquí, un audio casero (voz del autor). Saludos,

FBA  

domingo, 31 de agosto de 2014

Apreciada Estella Patricia:

ME GUSTA tu publicación, ¡¡¡y mucho!!! (quien quiera leerla, la encuentra aquí mismo, debajo de esta Carta Abierta y tal como la escribió en su muro de Facebook). Creo reconocer a una de las señoras a las que te refieres. La misma que vetó mi nombre en uno de esos eventos en los que inexplicablemente manda y dispone, dizque porque yo no tengo "obra". Y que conste que yo no me postulo a nada, sino que hermosos seres que me han ido, poco a poco, conociendo, se han encargado de batir sus alas en procura de la magia del Sinú. Y por eso, qué importa ser vetado por la estupidez y la arrogancia, si cuento con la sensibilidad de verdaderas joyas espirituales que entienden la gestión cultural como debe ser. Como tú, poderosa amiga del Destiempo, cabalmente comprometida con el descalabro de una Utopía Superior.

Qué cosa tan ridícula. Todo lo que se podría escribir al respecto, empezando por tratar de establecer qué significa en realidad “tener obra” en un país cultural que  le rinde culto al privilegio, a la exclusión y a la lambonería. Lo dices bien y con admirable valor: clubes sociales, eso es lo que son. Detesto los egos ajenos pero me aparto más de los propios, y de ahí que no me guste para nada publicitarme en redes sociales ni mostrarme en tinglados que se les parezcan, limitándome, por tanto, a dar a conocer lo estrictamente necesario.

Pero fíjate cómo es la vida de sabia y justiciera. Sin mover un solo dedo (nunca lo hago) fui invitado a oficiar de jurado en el 12° Encuentro Regional de Declamadores Intercolegial y Semiprofesional de la Institución Educativa Simón Bolívar de Sahagún, que acaba de escenificarse en dicho municipio cordobés, y por ahí andaba también la susodicha dama. Y tuvo que escuchar de la presentadora del evento unos mínimos datos de mi hoja de vida cultural, requerida esta por los organizadores del encuentro. Y ¡vaya cosa!, fue la primera en aplaudir. Bueno, pensemos que lo hizo más bien por algo muy propio de los clubes: por conveniente hipocresía. Para no mencionarte que recuerdo haberla visto entre el público asistente dos o tres veces en eventos a los que he sido invitado para leer mi trepidar poético (en uno de ellos, se acercó a felicitarme llamándome poeta y valorando mi profundidad; ¿qué tal?), y me ha visto, además, protagonizando mi ya premiada aventura (me excuso por sacarla a flote, pero toca) en distintas tarimas musicales.

Ahora bien, ni siquiera basta acumular muchos libros publicados para que se pueda decir: ¡he aquí una gran obra! Ernesto Sabato no fue pródigo en la materia y muy difícilmente se podría poner en entredicho su calidad literaria. Para no hablar de Kafka, que se opuso, cercana ya la parca, a que su obra fuese divulgable. Sabemos, además, que contar con una gran editorial cuando no se asume el quehacer literario en función de roscas y relaciones, es misión imposible, y de ahí que la autopublicación, por cuenta propia, haya terminado gobernando el asunto. Con sumo esfuerzo, el escritor o el poeta, con algo de financiación o sin ella, logra sacar a luz unos cuantos ejemplares que termina, luego de estériles lanzamientos, prácticamente regalando. Y está claro entonces que la obra, una tras otra, concluye y se disipa de manera rápida, o escasamente subsiste en algún perdido anaquel de oscura librería, o quizá bajo la cama en la que duermen los disparatados sueños. Hay, en todo caso, algunos escritores que, con sentido empresarial y favorecidos con dinero público o privado, saben ubicar y vender la suya, logrando aplazar un poco la extinción definitiva.

La calidad literaria, por consiguiente, no depende del número de libros y ejemplares que circulen, con grandes titulares y sello editorial reconocido, en librerías de prestigio, como tampoco es predicable lo contrario: contar con un cuantioso arsenal inédito no lleva, per se, a afirmar la misma. Entre los que navegan en lo uno o en lo otro hay, sin duda, buenos y malos escritores, y hablando de poesía, la cosa se complica aún más.

Así pues, está claro que los libros que he publicado hasta ahora, con escaso peculio, corto alcance y enormes pérdidas, no circulan en las librerías colombianas, excepto el último (“Cantando a Destiempo”, 2010), que aún se consigue en una pequeña librería de mi Montería natal. Para colmo de males, este mismo libro fue revisado y cuenta ya con una versión 2014 que permanece, al igual que tres (3) poemarios más, un (1) libro de cuentos y otro en prosa de estilo tal vez periodístico, en la más implacable y hasta benéfica orilla de lo ignoto. Recuerdo que de mi primer libro, “Poemas de Antesala”, entregué un número considerable de ejemplares a un andante y veterano vendedor de libros que nunca más apareció, y hasta la fecha no he sabido si fue objeto de estafa o de muerte súbita o violenta (no era época de celulares ni de correos electrónicos, y con frecuencia me pregunto en qué manos habrán quedado, si existirán todavía en una que otra insignificante biblioteca o si habrán corrido la suerte que tuvieron otros ejemplares en las manos ebrias e incendiarias de su propio autor). Sin embargo, de este primer parto, conservo varios en un clóset resistente de la infancia, y viene al caso agregar que dicho libro cuenta ya con una versión digital modelo 2013.

En cuanto a mi obra musical (la del “sinuanato” que ya conoces), aún no despega el primer disco compacto que tengo en mente. Por obvias razones (no hay que decirlas), válidas también para lo literario. En fin, el juicio estético, a favor o en contra, no es algo que me desvele, y la fama mucho menos. Creo conocer bien mis virtudes como mis limitaciones, y por eso, lectura tras lectura, palabra tras palabra, lo único que debe trasnocharme es tratar de hacer las cosas lo mejor posible, cumpliendo con un compromiso del cual no soy elector, sino víctima: el duro (aunque feliz) y asfixiante (aunque airoso) pergeñar de la poesía.

Días atrás, en noche literalmente estrellada, conversaba con una buena amiga sobre estos temas y le decía, palabras más, palabras menos, que ya sabrían K, mis hijos –hermanos y sobrinos de pronto- y mis nietos (en habitable inexistencia…, la nieta aún no gestada sobre la que ya escribí un extraño texto-poema y que me temo heredará esta manera trágica de vivir), qué hacer con mi entrañable legado cultural. Yo, entre tanto, continuaré viviendo estos días de incertidumbre con la única-doble verdad que me apasiona: cantando lo que escribo, escribiendo lo que canto. Y a destiempo, siempre, saludablemente, a destiempo.

Triste realidad la que se vive, ¿no te parece Estella Patricia? (y no lo digo por ti ni por mí, pues, pese a tanta contrariedad, sabemos cómo, con sencilla alegría, “desorbitar” la nave). Lo que comentamos va amarrado a algo también en boga: mostrarse, a como dé lugar, en festivales, encuentros, ferias o como se les quiera llamar, nacionales e internacionales, así toque (lo han confesado) costearse pasajes y asumir otros gastos. He escrito bastante sobre el particular, y tú, ahora, en pocas palabras, lo has dicho mejor que yo. Pertenecer al sanedrín social se ha vuelto imperativo para, con obra o sin ella, fulgurar como abanderados de la lujosa farsa. De ahí los clubes de amigos que se han venido formando, las tertulias amañadas, el autoelogio, la loa recíproca y demás plagas del así vejado oficio de escritor.

¿Mi obra? Sí, quizá no exista en el terreno de las formalidades acostumbradas. Pero la respiro, la disfruto, la sufro, la entono, la encarrilo, la descarrilo, la remato, la reinicio y me la bebo todos los días en la más absoluta soledad, y hasta percibo el eco, no sé si merecido, de inexplicables aplausos. Está también, por supuesto, en la opinión política que me formo, en la crítica despiadada que me toca a veces emprender…

Es que esto asquea; ¡y tanto!, que hasta dan ganas de colgar los guantes. Pero no, ¡ni por el putas!, que piensen y digan lo que quieran, pues las personas como tú y como yo están condenadas a viajar, sin malsanas presunciones, en las mejores brisas del universo.

Espero verte el sábado próximo en nuestra Perla del Sinú para, con tenue beso y licoroso abrazo, felicitar tu claridad y valentía.


FBA      

NOTA: La destinataria de esta Carta Abierta es una reconocida gestora cultural que labora en el Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes de Sucre. He aquí lo que, con conocimiento de causa, expresó en la red social Facebook, y que conocí por gentil etiqueta de su parte:   

Que bueno que nuestra región aprenda de experiencias exitosas a nivel cultural, éste fin de semana se dan tres eventos que se decidieron por la exploración y la evolución, lo que ha incidido en el crecimiento de el "emprendimiento cultural" de sus regiones. Abrapalabra, Ulibro 2014 y el Festival de teatro de Manizalez, han demostrado que la gestión cultural debe abrirse y sobretodo debe organizarce como empresa.

No mas organizar eventos que limiten la participación general, liderados por señoras que por mas que anuncien rimbombantes investigaciones nunca han publicado media hoja, pero juegan a las sabelotodo y quieren opinar, organizar, presentar y manipular todo, viviendo en la cultura del buen nombre de su pareja. No mas escritores que aprovechando el buen nombre que construyeron con su obra, gestionen recursos para eventos que luego promocionan con afiches polémicos y dañinos para el sector, desconociendo la importancia de tolerar la crítica con respeto. No mas escritores tercos que invitan a los encuentros a sus amigos de siempre y además invierten los recursos (Ya de por sí escasos) en hotel y gastos para sostener el club social en que han terminado nuestros encuentros literarios. No mas muchachos con mas entusiasmo que conocimiento, en fin, amigos gestores, amigos escritores, amigos artistas, trabajemos en formarnos y brindar a la región eventos de crecimiento para el sector, aprendamos.
Inaldo Chavez Ignacio Verbel Vergara Daudet Salgado Brun Francisco Atencia Aldo Hollmann ArteBetty García Díaz Francisco Burgos A